Análisis de American Gods. Temporada 1. Capítulo 8. Final de temporada

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Os juro que hoy no voy a llorar. Ni siquiera aunque lo que os traigo sea el análisis del último capítulo de la primera temporada de American Gods. No. Si queréis verme (o leerme) llorar, tendréis que pasaros por los anteriores análisis. Hoy vamos al lío, porque hay una guerra que ganar.

Una reina encerrada

Ananansi se distrae con facilidad, y tiene mucho que contar. Algo sobre una reina de reinas, cuyo don era dar. El dar es algo maravilloso y los hay que siempre están dispuestos a recibir. Por desgracias, la acción última era irse. Aunque como bien dice Ananansi, conozco peores formas de irse. La reina de reinas dio mucho, durante mucho tiempo; incluso cuando el tiempo cambió la forma en la que los humanos daban. Pero al final, como siempre ocurre con las reinas, algunos reyes la temieron mas por mujer que por reina, y la encadenaron a la mas triste mediocridad. Y quien un día fuera reina de reinas, hoy es solo una sombra.

La reina y el tocapelotas

Sutil esa referencia al terrorismo, como si quisieran demostrara que, cual ley de la física, cada acción sobre algo, por brutal que nos parezca, genera una reacción de igual fuerza en sentido contrario. Y la reacción viene de la mano de un tocapelotas con Tinder. Porque los templos se caen, pero los cultos permanecen. Y ¿Que hay mas antiguo y primordial que el culto al placer? Solo hay una lectura posible: ten contenta a la reina.

Y un tocapelotas en eterna adolescencia es incapaz de tener contenta a una reina. El tocapelotas ja decidido que Bilquis, reina de reinas, le debe un favor. Y si algo he aprendido es que las decisiones unilaterales con gente mas lista que tu, rara vez prosperan. Mucho menos, en un mundo en el que una mala decisión, te puede dejar sin cabeza.

Una reina sin reino

Puede que Shadow Moon no conozca la diferencia entre la ira y la confusión, puesto que muy poca gente la conoce. Pero si conoce, o cree conocer, la diferencia entre lo que esta bien y lo que esta mal. Está mal cortarle la cabeza a un amigo. Y esta mal (muy mal, si me permitís el apunte), atropella conejitos adorables. Pero hay algo que hace que deje de pensar en el bien y el mal. Alguien. Ostara. O, como la conocemos nosotros: Primavera. Y mientras nosotros lo flipamos con Jesús, Shadow lo flipa con otra cosa. Porque el hombre a quien le regalaron la luna, cuya esposa muerta le besó tras su sepelio, ese hombre, por fin, cree.

Me parece maravilloso el matiz de que no existe UN Jesús. Porque por cada persona, cada matiz, cada pequeño desdoble de cada creencia, el poder de la fe es suficientemente fuerte para dar vida a otro ente. Quien acuse a esta serie de herética se tira piedras a su propio tejado. Nunca había conocido una mayor defensa del poder de la fe. Y eso es justo, lo que el Sr. Miercoles le recuerda a la Primavera que le falta. Fe. No una fe compartida, prostituida para obedecer a nuevos personajes pseudodivinos que crearon en un molde. Una fe real. Su fe.

Las apariencias engañan

Pero Ostara también ha estado jugando con amigos nuevos. Amigos que han dejado de ser amables. Es, como muy bien dicen, el darwinismo (si es que vamos a aceptar esta palabra) de la fe. Renovarse o morir. Permitir pasar a un segundo plano o ser completamente eliminado. Pero ¿Que contesta una reina a esta petición? Solo un poco de fe, y Ostara, señora del amanecer, de quien dependen las cosechas, recuerda lo que es el poder.

Miércoles es más que un Dios. Es un Dios autosuficiente, retroalimentandose de su fe, reptando desde los lodos a los que el progreso le ha lanzado, subiendo, arañando escalón a escalón, muerte a muerte, para demostrar la verdad. Que quien olvida su historia, está condenado a repetirla. Y los hay que son demasiado jóvenes para entender, que hasta el mayor de los progresos, depende de la fe ciega. Y la fe ciega, elevada por la primera fe de un converso, convierte al tranquilo Sr. Miércoles en lo que siempre ha sido. Es el señor de la Guerra. Y Guerra es lo que tendrá.

Una reina sin rey

Laura Moon, en un estado de descomposición poco adecuado para cualquier acto social, se presenta es casa de Ostara, quien se nos presenta como la fuerza igual pero opuesta a Bilquis. Por desgracia, ni una reina puede interferir la mano de otros de su calaña. Y Laura Moon murió por la gracia de un Dios. Uno muy cabrón. ¿Por qué? Por Shadow. Todo esto de, de una manera retorcida y extraña por Shadow. ¿Por qué un hombre que no cree aunque lo ve es tan importante para el Padre de Dioses? ¿Para el jefe de esta troupe de antiguas deidades?

Ni la muerte puede con ella

Y ahora, a punto de perderse a si misma de nuevo, Laura Moon hace la pregunta que todos necesitamos contestar ¿Que tiene que perder el Sr. Miercoles? ¿Con que apuesta un Dios? Por el momento, lo que Laura Moon necesita una pequeña terapia de pareja.

La opinión de Sofía

Bien. Las piezas están en el tablero. Hay dos bandos y los jugadores tienen claros sus puestos. Si esta primera temporada hemos visto el reclutameinto, ahora no quedan cartas que descubrir. Con esta maravillosa primera temporada, ante la que me quito mi sombrero imaginario, nos preparamos para lo que vendrá, para lo que de verdad esperamos: La guerra.

Fabulosa la idea de dejar que las reinas tomen el mando. Esto no va de quien la tiene mas larga. Esto va de saber quien tiene los mejores amigos. Y ay del pobre que tenga pocas amigas, pues son ellas las que, en el juego de Dioses, si me permitís la licencia, marcan la diferencia.

Pero eso será el año que viene, hasta entonces… sed felices.

el autor

En mis ratos libres soy la Chica Ardilla

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