Análisis de Counterpart. Temporada 1. Capítulo 4

0

Volvemos una semana más con Counterpart, la más densa y paranoica serie del momento. Venimos de un capítulo muy revelador y, poco a poco, su convulso mundo empieza a cobrar forma. Si no estáis al día, os recomiendo echarle un ojo a los análisis anteriores, porque nos vamos a meter de lleno en el episodio 4: Los dos lados.

Cambiando papeles

El capítulo da comienzo con una rebuscada cadena de mensajería, en la que Prime inicia un sinfín de intercambios, con el objetivo de avisar a Raash (su… ¿cuidador de perros?) de que su otro yo le sustituirá. Una secuencia muy bonita que no puedo evitar sentir un tanto desaprovechada, siendo el único fin de esta avisar a una niñera.

Ya es el gran día. Los Howards van a embarcarse en la compleja misión de suplantarse el uno al otro. Una misión que a Silk le parece imposible y a Prime soberanamente aburrida. Las diferencias entre ambos solo han hecho que acrecentarse. Prime parece frustrado con Silk, no logra entender su conformismo ni su estilo de vida. Trata de hacer que se parezca más a él sin contarle nada sobre su vida, creando la imagen de un hombre duro y seguro de sí mismo, pero que a Silk se le antoja triste y desamparada.

Este intercambio nos permite apreciar algunas de las diferencias en el estilo de vida de ambos lados. Desde que Silk pasa el control de aduanas, vemos la calma nerviosa que puebla el otro Berlín. El estado de paranoia se reafirma. Cualquier clase de contrabando a este lado está totalmente prohibido. Una paranoia motivada por la pandemia que descubrimos en capítulos anteriores, cambiando radicalmente su estilo de vida: peatones con mascarillas, limpiamanos por la calle, control exhaustivo de contrabando en la frontera, publicidad condicionada por la seguridad anti-contagio, penitencias por no declarar síntomas de enfermedad… Pequeños y tristes detalles bajo la futurista coraza de un Berlín todavía en luto.

El topo de Pope

Las sospechas son cada vez más amplias y las respuestas siguen siendo pocas. La frustración parece haberse convertido en una tónica y todos los hechos parecen a puntar a una sola posibilidad: hay un topo. Tras el más que breve intento de suplir a Silk, Prime decide que el papeleo no es lo suyo y se va sin mediar palabra. Ya acostumbrado a su irreverente conducta, Pete acude a su encuentro en busca de un mínimo de explicaciones, aunque con lo único que se encuentra son con insinuaciones y reproches. Insinuaciones acerca de lo libertino de su vida amorosa y reproches acerca de su profundo desconocimiento de su entorno laboral. El contacto de Prime (Emily) sospechaba que alguien en su planta estaba comprometido. Hechos que parecen sorprenderle, ya no porque Prime esté al tanto, sino porque él no parecía tener constancia de ellos. Siempre parece estar en desventaja ante Prime, viendo su autoridad denostada, sintiéndose tan solo un peón bajo su control en una partida de ajedrez que no logra comprender.

Tras esta agradable charla, se dirigen al encuentro de un viejo amigo de Prime, alguien del otro lado que lleva años viviendo en este. Haciendo uso una vez más de su grado de intocable, Prime consigue quedarse a solas con él y charlar tranquilamente. Tras abrazarse y comentar lo fantástico del alcohol en su lado, Prime va al grano: tiene problemas con Pope y el grupo con el que este trabaja. El semblante de su amigo cambia completamente. “Esos tíos son unos psicópatas, fanáticos”. Le confirma la implicación de Pope en todo el asunto de Baldwin, lleva tiempo moviendo a “ilegales”. Prime cree estar todavía un paso por delante, siendo este el saber que Pope está implicado cuando él le cree sumiso. También confirma la existencia del topo, pero no un topo cualquiera: es un alto cargo, con acceso a toda clase de información, alguien en Estrategia (que se corresponde con la tercera planta). Le advierte de un peligro inminente, algo va a ocurrir, algo gordo, están enviando a mucha gente. “Si juegas contra Alexandre Pope, pierdes”…

No estaba muerta, estaba de parranda

Es obvio, habiendo visto la mentalidad reservada y controladora que ha presentado Prime hasta el momento, que no iba a dejar a Silk supliéndole a sus anchas. El fantástico plan de “dónde está el papelito” era para darle a Raash unas instrucciones bastante complejas: enciérralo en mi casa. Y así hubiera ocurrido, de no ser por la abrupta intromisión de Anna (la hija de Prime), que viene notablemente agitada por el ingreso en urgencias de su madre por otra sobredosis. De repente, Silk se ve bombardeado por una serie de acontecimientos para los cuales no estaba preparado. Ha pasado de pensar que iba a transcurrir el resto de su estancia atrapado como un hámster, a descubrir que tiene una hija y que la Emily de este lado no está muerta.

  • Admito mi error: Hago este breve inciso para confesar que me precipité. Quizás me pudiese el momento y acabara sacando el periodista del corazón que llevo dentro, el cual solo obedece al sensacionalismo y al catastrofismo, pero la cuestión es que Emily no estaba muerta.

Tras un breve rifirrafe con un desconcertado Silk, Ian se queda a solas con Emily. En la oficina desconfían de ella, ven lo ocurrido como una recaída. Al parecer la iban a mandar a la “hoguera”, pero le ha conseguido tiempo, en cambio le harán un seguimiento constante, la controlarán. De nuevo podemos contemplar la turbia radicalidad en determinados comportamientos de su lado. No sé si la hoguera significa lo que creo, pero la idea de quemar a alguien por completo muy amigable no suena. 

Recapitulando

Este cuarto capítulo, ha sido probablemente el más flojo hasta el momento. No se ha avanzado casi nada en la trama principal, siendo la única escena reveladora la conversación de Prime con su amigo infiltrado y, quizás, lo poco que hemos visto de Baldwin, confirmando que no se fían de ella y la quieren fuera. El resto del episodio parece recrearse en exceso en matizar personajes y establecer relaciones o contactos, llegando hasta el punto de provocar un breve y precipitado flirteo entre Silk y la Emily de Prime. No tengo ninguna clase de problema con que se quiera hacer un capítulo calmado y sin trepidantes escenas de acción, pero la acción no solo se reduce a tiroteos y persecuciones, también lo es el hacer avanzar la historia. Dedicar un episodio entero a matizar y ampliar, dejando de lado gran parte de lo que se había planteado hasta el momento, supone una pérdida de ritmo considerable y la falta de acción como motor que mueve la trama, conduce a la redundancia y monotonía.

Esta semana salgo de Counterpart sin la sensación de haber avanzado o haber descubierto gran cosa. Ha sido un capítulo más bien insulso, carente de un conflicto que desarrollar, explicando más que contando. J.K. Simmons sigue brutal, consiguiendo crear dos personalidades coherentes y separadas; y la premisa sigue siendo atractiva y desconcertante, pero no siento haber dado un paso hacia delante, más bien hacia un lado. Esperemos que la semana que viene la serie recupere el ritmo de los primero capítulos.

el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Estudio guión cinematográfico y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello. También doy la chapa en Twitter @PablodesdeMarte.

Deja tu comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Recomendado en Las Cosas felices
Recomendado en Las Cosas felices
"¿Dónde estoy?" "En la Villa" "¿Qué quieren de mí?" "Información" "¿De qué lado están?" "Eso no puedo decírselo.... Queremos información. ¡Información! ¡INFORMACIÓN!" "No la tendrán"…