Análisis de The OA. Temporada 1. Capítulos 1 y 2

3

Una chica ciega desaparecida que vuelve tras siete años de ausencia -pudiendo ver-, una serie de insólitas cicatrices en su espalda, cinco extraños que se reúnen cada noche para escuchar su historia y un gran misterio que va más allá de la vida y la muerte… Bienvenidos a The OA, la nueva e indefinible serie de Netflix. Puede que este apelativo os parezca algo exagerado, pero todos aquellos que estéis familiarizados con las películas de Brit Marling y su habitual colaborador Zal Batmanglij como Sound of My Voice o I Origins ya sabréis que su afición por la narrativa experimental y las ideas trascendentales hacen de su obra no solo algo único sino también de lo más controvertido. Pues bien, The OA no es ni mucho menos una excepción y nos presenta un drama de misterio con toques de ciencia-ficción donde abunda el realismo mágico, en una línea que muchos han comparado con otra popular serie de la cadena: Stranger Things. Acompañadme en esta nueva colección de artículos en los que analizaremos de dos en dos los episodios de esta curiosa serie, ¿Estáis preparados? Pues bien, ¡sumerjámonos en lo desconocido!

La serie comienza con una peculiar grabación de móvil en un puente, donde podemos ver a una desaliñada Prairie Johnson (Brit Marling) saltar al agua tras lanzar una penetrante mirada a la cámara. Tras unos días, nuestra protagonista despierta en el hospital mostrando ciertas características extrañas: rehúye el contacto físico, tiene la espalda llena de cicatrices y puede ver perfectamente a pesar de haber sido ciega desde niña, algo desconcertante para sus padres Nancy (Alice Krige) y Abel (Scott Wilson) que la localizan gracias a que el video del puente se hace viral en YouTube. Por si esto fuese poco, la chica no responde al nombre de Prairie, sino que se hace llamar OA. Cuando el FBI la interroga, Prairie prefiere guardarse los detalles de su desaparición, solo dando a entender que a) se acuerda de todo y b) ella y sus compañeros cautivos han “muerto más veces de las que puede recordar”, una frase que pone los pelos de punta a todos los presentes. La única obsesión de la chica es poder conectarse a internet para así poder localizar a un tal “Homer”, del que solo sabemos es un joven exjugador de fútbol americano que tras una grave lesión tuvo una ECM, o experiencia cercana a la muerte.

Prairie reconoce a su madre tras tocar su rostro

Cuando la madre de Prairie, aconsejada por los médicos, prohíbe su conexión a internet, esta une fuerzas con Steve Winchell (Patrick Gibson) un problemático adolescente que se dedica a vender drogas y a meterse en peleas, siendo uno de sus grandes éxitos lacerar de un puñetazo la garganta de un corista por el que cree que su amiga “con derecho a roce” siente algo. Prairie y Steve harán un trato en el que ella se hará pasar por su madrastra para hablar con su tutora Betty (Phyllis Smith) y evitar así su expulsión a cambio de dos cosas, un rúter wifi que la permita conectarse a la red y que Steve consiga reunir a cinco personas para realizar un extraño ritual nocturno en una de las casas abandonadas del barrio.

El plan fracasa, provocando una confrontación entre los padres de ambos personajes, pero el ritual sigue adelante reuniendo a Steve, Betty (si, la profe) y a otros tres jóvenes autóctonos French (Brandon Perea), Buck (Ian Alexander) y Jesse (Brendan Meyer) todos ellos con oscuros problemas personales y todos atraídos por el misterioso magnetismo de OA, que les pide que dejen abiertas las puertas de sus casas como gesto de confianza ciega para así “dejarla entrar”. Cuando el grupo se reúne en la oscuridad de la casa abandonada, iluminada únicamente por la débil luz de las velas, OA les pide que cierren los ojos y escuchen su relato y… comienzan los títulos de crédito (¡ni más ni menos que 55 minutos tras el inicio del capítulo!) indicándonos que la verdadera historia está a punto de comenzar.

Resulta que Pairie, o Nina como se llamó en su infancia, nació en Rusia como única hija de un oligarca de la minería. Padre e hija se querían tremendamente, pero la niña estaba atormentada por sueños premonitorios en los que se ahogaba, premonición que se hizo realidad cuando su autobús escolar tuvo un “accidente” y cayó al río. Como OA explica, fue un aviso de la mafia rusa hacia los padres, “un aviso de que eran poderosos, pero no todopoderosos. Los hijos e hijas más jóvenes de cada una de las familias más poderosas de Rusia murieron en el bus aquel día, incluida yo.” Tras ahogarse Nina despierta en una habitación estrellada donde Khatun, un ser espiritual, le da a elegir entre viajar al más allá o volver a la vida pagando un precio: su vista. La misteriosa mujer declara que Nina experimentará un gran amor, pero también un  gran horror que no quiere que la niña vea. Cuando su padre la despierta en la orilla, la pequeña ya no puede ver.

Khatun abraza a la pequeña Nina durante su ECM

Lo próximo que sabemos es que el padre de Nina decide mandarla de incógnito a una escuela para niños ciegos en Norteamérica, prometiendo que se volverán a encontrar pronto (uh-oh). Durante su estancia en la escuela podemos observar algo de lo más curioso, después de su ECM Nina ha ganado la habilidad de tocar el violín de forma magistral. Poco tiempo después la directora anuncia a la pequeña que su padre ha fallecido, obligándola a irse con su tía con la que deberá convivir en condiciones bastante lamentables hasta que un buen día es adoptada por una pareja estadounidense (Nancy y Abel) que busca un hijo de forma poco legal. Es Nancy la que bautiza a Nina con su nuevo nombre: Prairie.

La pequeña intenta adaptarse a su nuevo hogar pero los sueños la siguen acosando de noche convirtiéndola incluso en sonámbula. Sus padres, preocupados, la llevan al médico que les dice que la niña cree que estas pesadillas son mensajes a través de los cuales su padre intenta comunicarse con ella y que es el comienzo de una problemática enfermedad mental. Lo resultados son terribles “fui medicada” -explica OA- “durante trece largos años”. En la víspera de su veintiún cumpleaños Prairie tiene una nueva premonición en la que ve a su padre en una habitación oscura, dentro de la cabeza de “una gigante rodeada de agua” e iluminado por veintiuna velas.

Alentada por esta visión, la joven se escapa de casa y viaja hasta Nueva York para encontrarse en la estatua de la libertad con su progenitor que, por desgracia, no aparece. Hundida, decide mandar una última señal al vacío: tocará su violín hasta la extenuación esperando que su padre la oiga. Una vez más su esfuerzo se torna en vano ¿o no? Quién responde a su llamada no es la persona que espera pero si la que “cambió su vida”. A partir de aquí volvemos momentáneamente al presente donde vemos que uno de los “acólitos” de OA, French (cuyo verdadero nombre es Alonso) ha ganado una beca completa para estudiar en cualquier universidad de Michigan (ya intuimos que esto traerá problemas…)

Prairie tocando el Violin

De vuelta al relato, podemos ver que el misterioso hombre que se acerca a Prairie es un doctor de nombre Hap (Jason Isaacs) interesado en su inusual talento musical. En principio nuestra heroína se muestra escéptica, pero el hombre despierta su interés cuando pregunta si ha tenido alguna vez una ECM y si es a raíz de esta que la muchacha ha desarrollado su maestría con el instrumento musical. Hap la invita a ostras (y a… ¡patatas fritas!) y le cuenta que su investigación -su vida entera más bien- se centra en las ECM, trabajando con supervivientes que muestran extrañas habilidades cuando ‘vuelven’ como un oído perfecto o una inteligencia superior.

Prairie ruega a Hap que la deje trabajar con él y este, ni corto ni perezoso, la monta en un avión y la lleva a su casa, situada en una localización desconocida. A partir de aquí los signos malrollistas se suceden uno tras otro, siendo el primero que Prairie intenta llamar a sus padres, pero es incapaz de contactar con ellos. El segundo y más evidente es que Hap la lleva a su “habitación” localizada convenientemente en un sótano tras una puerta blindada (algo que, como recordaremos, Prairie no puede ver) dentro de lo que parece ser una cueva. Sentada ya en su cama, ambos intercambian unas breves palabras sobre cuanto aprecian la posibilidad de trabajar juntos… hasta que la chica se da cuenta de que ha sido atrapada dentro de una gran jaula de cristal (desde luego, ¿quién no se lo veía venir?, ¿cómo iba Jason Isaacs a hacer de bueno?). Aterrada, escucha una nueva voz que le dice que si lo piensa bien, toda la situación ha sido culpa suya y ella sola se ha metido en la boca del lobo. El nombre del  propietario de la misteriosa voz no es otro que… Homer.

Y hasta aquí este pequeño análisis de los dos primeros capítulos de The OA, como habréis podido comprobar, una serie bastante fuera de lo habitual. Aunque no siempre es fácil de seguir, el suspense y el misterio atrapan al espectador y le dejan deseando más ¿Dónde está Prairie?, ¿Qué le ocurrió durante su cautiverio?, ¿Quiénes son Hap y Homer en realidad?, ¿Qué espera nuestra protagonista conseguir con el ritual nocturno? Responderemos a todas estas incógnitas poco a poco en el análisis de los próximos episodios.

Hasta entonces pasadlo bien y, como siempre, ¡sed felices!

el autor

Estudiante del Grado en Estudios Ingleses de la Universidad Autónoma de Madrid. Aficionado a la literatura, el arte, el cine y el mundo de los videojuegos, con una especial predilección por el género de ciencia ficción en todos los medios.

¡Haz tus comentarios!

3 comentarios

Deja tu comentario

Loading Facebook Comments ...

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR