Crítica de Brawl in Cell Block 99

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El renacido es una película sin alma”, esa es la fulminante sentencia de S. Craig Zahler, el director de Brawl in Cell Block 99. Aunque personalmente tengo a la obra de Alejandro González Iñárritu en muy alta estima, viendo la (por ahora) breve filmografía de Zahler entiendo perfectamente su opinión, pues las dos películas que ha dirigido hasta ahora están llenas de violencia, golpes y palabras malsonantes, pero para nada se puede decir que carecen de alma.

Después de su espectacular debut hace un par de años en Bone Tomahawk, con Brawl in Cell Block 99 se da un hecho curioso: a pesar de ser su segunda película como director, es un guión que escribió antes de su opera prima, por lo que es significativamente más escueta de detalles que la mentada Bone Tomahawk. Pero no por ello tiene un guión simple, ni mucho menos.

Para empezar, hay que mencionar la magnífica manera que tiene de presentar a sus personajes. Su protagonista es alguien con un pasado violento, pero en ningún momento se nos dice nada sobre él. El director asume que el espectador es lo suficientemente listo como para saberlo gracias a sus tatuajes o su reacción al saber que su mujer le ha sido infiel. En una película convencional lo sabríamos gracias a un diálogo, dejando zanjado ese tema en 10 segundos, pero aquí se toma 10 minutos para ello. Y se agradece, ya que otra cosa que destaca es la parquedad de las conversaciones.

En Brawl in Cell Block 99 los que hablan son los puños. Ya sea de una manera u otra, todo está rodeado de violencia, presentado en una escala perfectamente medida: el primer acto es un drama criminal, el segundo acto es un drama carcelario, y el tercer acto es un descenso al peor de los infiernos. Una de las reglas de oro en el cine es ir de menos a más, y esta obra es sin duda uno de los mejores ejemplos.

A pesar de contar con un presupuesto muy ajustado, sorprende lo bien filmada que está la acción: la cámara se mueve lo menos posible para que veamos bien las coreografías llenas de fracturas y el sadismo más cruel. Se cumple el tópico de que los malos atacan de uno en uno, pero eso no importa cuando está tan bien rodado. Además, en este caso en concreto se consigue justificar bastante bien dada la estrechez de los escenarios.

Soy consciente de que un elemento que puede echar para atrás a más de un espectador potencial es el protagonismo de Vince Vaughn, un actor conocido sobre todo por haber participado en muchas comedias de escasa calidad, del sub-género que muchos denominan “humor cuñado”. Yo soy el primero al que no le gusta nada este tipo de cine, pero debo reconocerlo: desde que sorprendiera hace un par de años en la segunda temporada de True Detective, Vince Vaughn ha demostrado ser un más que competente actor dramático.

Su imponente estatura (1’94 metros) y su penetrante voz me hace plantearme una duda: ¿por qué diablos ha tardado tanto en interpretar este tipo de papeles? Físicamente es perfecto. Además, se nota muchísimo que se ha entrenado a conciencia para este personaje, tanto, que me creo que gane en combate a auténticos armarios empotrados como Geno Segers.

Una característica que comparte con Bone Tomahawk (además de su escalada violencia y la sorprendente capacidad para meter metáforas entre tanta sangre) son los cameos de grandes actores que han vivido días mejores y de personajes secundarios de series, aunque en este caso es menos llamativo que el susodicho western. A pesar de ello, el reparto tiene más de un nombre destacable: Don Johnson, Udo Kier, Jennifer Carpenter, Geno Segers, Rob Morgan…

No solo hay un reparto interesante para los cinéfilos y los seriéfilos, sino que además están muy bien usados: Udo Kier es la representación del mal absoluto, Rob Morgan hace de persona que ostenta una posición de poder pero que en realidad es débil, Jennifer Carpenter hace de mujer en medio de un mundo de hombres, Geno Segers y su corpulencia es el némesis del protagonista… Dentro del plantel de secundarios, quien mejor lo hace, como no podía ser de otra forma, es Don Johnson. Un hombre mayor, bajito y con una corpulencia casi inexistente, logra ser la criatura más cruel y desagradable. No creo ir desencaminado si digo que S. Craig Zahler lo concibió como una metáfora del mismo diablo.

Podría seguir con las alabanzas, pero prefiero no hacerlo para no resultar redundante. Como mucho podría achacarle su falta de originalidad, pero no nos engañemos, apenas se estrenan películas innovadoras, muchas menos buenas. Al igual que Bone Tomahawk se convirtió automáticamente en uno de los mejores westerns de los últimos años, no se me caen los anillos al decir que Brawl in Cell Block 99 es una de las mejores películas de acción de los últimos años. Sin duda, S. Craig Zahler es un cineasta al que tener muy en cuenta para el futuro.

el autor

La gente me describiría como un barbudo amante de los anacardos, pero en realidad mi objetivo es la dominación mundial. Mientras maquino mi plan, gasto el tiempo libre en consumir películas, series, cómics, libros y videojuegos.

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