Crítica de El Ascenso. Netflix nos lleva a la cima del Everest

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Netflix está abriendo cada vez más sus  horizontes. En España contamos con un catálogo considerablemente más inferior que el estadounidense y eso es algo que la compañía tiene que solventar, pero su interés por abrir al gran usuario a oriente con series como Devilman Crybaby o La Espada del Inmortal, y también traernos productos europeos como Glacé o esta El Ascenso, es innegable.

El Ascenso nos lleva al Everest con un claro tono desenfadado, una sencillez pasmosa que si bien funciona, a veces diluye el mensaje de motivación y superación de su historia. Sería la contrapartida positiva de Everest, la cinta de Jason Clarke y Joss Brolin que nos trasladó a la cima del mundo en una excelente historia de dolor y tragedia.

Aquí es todo lo contrario. Samy Diakhate es un joven francés de 26 años que vive en uno de los barrios marginales de París. La sociedad se ha olvidado de estos jóvenes que considera vagos y maleantes. Estos chavales no podrán demostrar que valen para cualquier cosa, pero ahí está Samy para hacerlo. En todo momento la motivación de Samy no es la de hacer ver al mundo algo, no, su intención es demostrar su amor por su amiga de la infancia Nadia, pero este valeroso acto le llevará a ser una de las figuras mediáticas no solo del barrio sino de Francia. Un ejemplo de superación.

Humor francés efectista en una cinta no basada en hechos reales

Con Intocable ya se demostró que los realizadores franceses podían contar una historia dramática sin hacer que el espectador perdiera la sonrisa tontorrona de la cara. Un espectáculo de sentimientos aligerado por un sobresaliente Omar Sy y que llegó a los Oscar como clara candidata en la categoría de cine no inglés. El Ascenso recupera esa esencia y se olvida por completo de la moraleja dramática y de cualquier otro momento que saque al espectador de esa historia de superación y alegría.

Sin embargo, la historia de Samy es una vil mentira. En los títulos de crédito se deja caer la poco sorprendente frase “basada en hechos reales” y durante toda la película piensas que esta bonita y dulce historia es real, hasta que llegas a los créditos finales. La historia de Shamy Diakhate es la historia de Nadir Dendoune, un francés de ascendencia argelina que subió al monte Everest, pero ni los personajes ni las motivaciones eran siquiera las mismas. De hecho, es de sobra conocido que el realizador francés Ludovic Bernard, no leyó ni una de las páginas del libro de Dendoune Un tocard en la cima del mundo.

Nadir Dendoune

La sencillez de su historia

Que la historia de Samy sea falsa no hace que se disfrute menos. La sencillez que desprende, acompañada por la sonrisa y la actuación de un desconocido Ahmed Sylla, nos ofrece una cinta sin pretensiones que no nos quitará la sonrisa de la cara. No es una historia soporífera ni extremadamente dramática como podría ser aquella Everest.

Todo en El Ascenso está hecho para que el espectador disfrute y no se preocupe más que por si el bueno de Samy llega a la cima. Quizá esa falta de pretensiones y esa sencillez a la hora de narrar esta historia la hace tan apetecible y difumina sus fallos. Estos vendrían a ser la desaparición de ese aire de superación que se nos deja ver al comienzo de la cinta. Samy es un chaval sin preparación que subió al Everest falsificando la hoja de inscripción al grupo de subida (tal como hizo Nadir) y, excepto por los breves momentos en los que se comunica con sus paisanos franceses por el móvil, echo de menos ver esa superación, ese sufrimiento por lo dura que es la subida más allá de los breves chascarrillos del protagonista.

Un paseo a la cima del mundo

La sencillez de su historia dista mucho de la complejidad de sus localizaciones. La cinta fue rodada en su gran mayoría en el Mont Blanc, pero el estudio decidió llevar sus cámaras y a parte del equipo hasta el Campamento II del Everest, a más de 6000 metros de altura, donde se rodaron las escenas más peligrosas y donde un helicóptero captó la mayor parte de escenas aéreas.

Quitando esto, la cinta no se nota para nada artificial. Las localizaciones y la fotografía han sido dos de las sorpresas de la cinta. Nos lleva al agobio de Katmandú, el frío de los campamentos base, la belleza de la cima y el peligro de sus laderas. Esto facilita al espectador que se sumerja en los poblados, en las tiendas de campaña y en este  peculiar ascenso. Sin embargo, lo mismo que hace bien en ocasiones no llega al suficiente. Los planos cortos, los grandes angulares y algunas localizaciones mal elegidas desentonan por completo en una cinta que intenta maravillarnos con la titánica aventura que es subir al Everest.

Fresca y desapercibida

El ascenso tiene fallos, pero no todo podría ser perfecto. Estos son, a fin de cuentas, menores que no llevan a la cinta al desastre. El problema es que es una película fresca que busca agradar a todo el mundo con un vistazo a la ardua subida al Everest con un estilo desenfadado, y que pasará desapercibida entre el gran público. La posibilidad que da Netflix de poder visionarla es una labor titánica para que pueda llegar a un mayor público, pero no será el suficiente, y es una pena.

El Ascenso es predecible sí, pero su historia es simple y eso me gusta. No tiene ningún tipo de pretensión ni un componente dramático que te haga no querer tocarla ni con un palo. Es un agradable pasatiempo que nos lleva a una Nepal desconocida por muchos y que, si bien no transmite del todo la dureza de la subida, es recomendable.



el autor

Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos y el cine como medio de escape, sacrificando la vida social. Aunque no me arrepiento. Fan hasta las venas de Batman y El Señor de los Anillos. El mundo se me queda corto, mejor dejadme en la Tierra Media.

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