Crítica de El Otro Guardaespaldas. Una comedia irreverente y típica, pero con un binomio protagonista divertidísimo

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Hacía tiempo que no veía una película paródica con la que me lo pasara bien. El Otro Guardaespaldas no es más que otra cinta de comedia y no es muy destacable en algunos aspectos, pero es una cinta simpática y gamberra que se apoya completamente en su pareja protagonista y que consigue sacar una sonrisa al espectador. No penséis que al salir os dolerá el pecho de tanto reíros a carcajadas, de hecho la película no lo intenta, quiere que el espectador se lo pase bien con su historia absurda, aún más su pareja.

Nos encontramos en el viejo continente. Vladislav Dukhovich (Gary Oldman) ha sido detenido y llevado ante La Haya para responder a los crímenes de guerra que produjo en Bielorrusia cuando se auto proclamó presidente. Es el típico malo de película que infunde terror con la mirada y que con levantar un dedo te tirotean sus secuaces, con lo que el Tribunal Internacional no tiene testigos y será liberado en breves. Ahí entra Darius Kincaid, asesino a sueldo y encarcelado por la INTERPOL que ha decidido colaborar y ha de ser transportado desde Manchester a los Países Bajos por la persona menos capacitada para ello, Michael Bryce (Ryan Reynolds).

La cinta no se toma en serio en ningún momento y aborda diversos géneros de comedia pero sin dejar de dar importancia a su pareja protagonista. Es una buddy movie con tintes de road movie. La trama es tonta y absurda, al igual que sus situaciones, pero se disfruta al ver que ninguno de ellos se lo toma igualmente en serio, están para pasárselo bien.

Es una historia lineal pero se apoya en unos flashbacks en los que responde las preguntas a la tortuosa relación de Bryce con su novia, el pasado de Kincaid o el porqué del odio entre ambos y lo hace sin ser molesto. Sirven para dar un mayor trasfondo a sus personajes y en algunos casos son momentos igualmente divertidos. Además, completamente destacable es que, en muchas ocasiones, la cinta rechaza hacer perder al espectador su tiempo y se percibe en sus primeros 5 minutos con la situación del personaje de Reynolds como guardaespaldas y su caída en desgracia.

Sin embargo, aunque en ocasiones intenta no hacer perder el tiempo, alarga en demasía escenas o subtramas que rompen con el dinamismo de la pareja protagonista. Seamos realistas, vamos a ver las aventuras de esta atípica (aunque típica) pareja de protagonistas, con los que los momentos de gracia de otros personajes son completamente desechables.

El binomio protagonista es, como he dicho arriba, atípico. Es un recurso muy usado en el cine y en las “películas de colegas”, el cómo sobrevivirá esta pareja de idiotas ante las situaciones que se les plantea. Sin embargo, funcionan de una manera increíble ya sea por los piques entre ellos, las situaciones absurdas que pasan e incluso los gestos entre ambos. Reynolds hace del tipo de personaje que le gusta interpretar, sobre todo después de Deadpool. Es guapo, chulo, graciosete, narcisista y trabaja mejor solo. Todo ello choca con la personalidad del personaje de Jackson que es, a fin de cuentas, un meme con patas.

Es cierto, Jackson ha cogido fama en los últimos años de ser el tipo con el que no se juega, malhablado, serio, duro y, permitidme decirlo, con un par de huevos. Aquí su Kincaid es básicamente un popurrí de las personalidades de sus anteriores papeles. Es un personaje metódico, de buen corazón pero duro hasta la médula y al que le gusta insultar más que nada en el mundo. Sus motherfuckers son míticos y esta película sabe que el espectador lo que viene a ver es a un Reynolds y en especial a Jackson en su salsa, parodiándose a sí mismos y pasando un buen rato.

El resto de reparto está para hacer avanzar la cinta. Es cierto que por una parte es una jugada inteligente, no dar demasiado protagonismo a sus secundarios para no aburrir al espectador. Pero esa misma jugada es desechada en la cinta en favor de dar a esos personajes mayor importancia en el guion. ¿Ese excesivo maluso del tiempo que he mencionado antes? Pues se ve reflejado en estos aspectos.

Gary Oldman es un cliché, su personaje es bastante insulso y en ocasiones no recuerdas ni quién es el malo. Ya os lo he dicho, el carisma de la pareja protagonista es suficiente para no centrarse en nadie más. Élodie Yung (la Elektra de Netflix) sirve como por qué a las motivaciones del personaje de Reynolds y Salma Hayek es, sin ser muy destacable, la mejor de los secundarios.

Al igual que los momentos en que ambos actores no están en pantalla, la acción no está bien llevada. Me gusta que la acción se tome tan poco en serio como la trama y los personajes. Es tonta, excesiva, violanta y simpática en algunas escenas como la de Salma o la de Reynolds en la ferretería en el último tercio de la cinta. Sin embargo, en la mayoría de escenas roza el aprobado o incluso suspende en su ejecución.

Patrick Hughes se encuentra tras las cámaras. El director es poco conocido y su cinta más destacable (que no la mejor) es Los mercenarios 3. La saga nació como homenaje paródico al cine de acción de los 80-90 con los actores de aquellas cintas. La segunda fue la que más funcionó juntando una acción exageradísima, violenta y momentos de puro lucimiento para estas viejas glorias. Algo que la tercera cinta no llegó a hacer.

Aquí traslada la acción de esa tercera cinta, insulsa y alargada en exceso. Lo destaco a mal porque en una época en la que estamos viendo un renacimiento del cine de acción con cintas como Deadpool, Baby Driver, Atómica o John Wick, que una cinta que deja un hueco para la acción y que ésta esté, en ocasiones, llevada tan mal, no la favorece en absoluto. No vais a encontraros con CGI por todos los lados, pero tampoco con unas coreografías cuidades. Predominan las shaky cam, los mil cortes y los planos poco limpios.

Pero, ¿queréis saber si es buena o mala? Hay diversos factores y la cinta funciona en unos niveles pero fracasa en otros tantos. ¿Es mala? No, es decente. Una cinta absurda e irreverente mejor llevada que Baywatch, pero lejos de otras como Tropic Thunder. Se apoya completamente en su pareja protagonista y en los minutos que están en pantalla, así como (en ocasiones) la acción, fastidian más que ayudan. Pero aun así está hecha para pasar un buen rato, reírte con la atípica pareja y pasar de todo como hace la cinta. Ya os he dicho, no esperéis carcajadas, pero sí carisma y una sonrisa en algunos momentos.

el autor

Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos, el cine y los cómics. Fan incondicional de El Señor de los Anillos, Batman, Lobezno y Spider-Man.

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