Damon Lindelof, el David Lynch del siglo XXI

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Twin Peaks ha vuelto de la mano de su creador, David Lynch, quien revolucionó la televisión con una serie innovadora, diferente, una serie que supuso todo un hito en la historia televisiva y que marcó un antes y un después. Twin Peaks presentaba unos personajes fascinantes en un marco único, planteando preguntas a cada episodio que hacían que los telespectadores volviéramos cada semana para seguir las desventuras del agente Cooper, el sheriff Hassy S. Truman, la señora del leño, el motero rebelde sin causa, la chica que hacía filigranas con los rabos… de las cerezas, con… lo siento, he olvidado el nombre de los personajes. A partir del agente Cooper ya he tirado de la wikipedia y de los recuerdos. Y es que 25 años no pasan en balde. Twin Peaks fue un hito en su primera temporada pero la segunda fue menos impactante. Ya fuese por injerencias de la productora o porque los espectadores ya estaban hartos de tantas preguntas sin respuestas, la serie cerro en falso, con muchísimas preguntas en el aire, cabos sueltos por doquier y el personaje de Kyle MacLachlan poseído por un espíritu llamado Bob. What The Fuck!, exclamamos todos al unísono en 1991.

Kyle MacLachlan, dándose de cabezazos por no entender nada

Como decía, Twin Peaks ha vuelto 25 años después. ¿Era necesario? No, para nada. No recordamos a los personajes, no recordamos las preguntas y ya nos importan un bledo las respuestas. Sin embargo, se ve que David Lynch, quien no dirige un largometraje desde el año 2006 (por algo será) andaba algo escaso de cash y por eso ha cedido amablemente a las súplicas de la cadeba Showtime para facturar un Twin Peaks que es, una vez más, puro David Lynch. Repito: innecesario, pero no sólo por los motivos expuestos sino porque, en el año 2017, los espectadores de la televisión del siglo XXI ya teníamos un sustituto que no solamente está a la altura del original sino que lo ha mejorado. Como señala el título, me refiero al gran Damon Lindelof, el David Lynch del siglo XXI. ¿Cómo? ¿Qué soy un blasfemo? ¿Qué cómo me atrevo a meterme con el (injustamente) idolatrado Lynch y a exaltar al (injustamente) vitupendiado Lindelof? Pues me atrevo y además voy a demostrarlo.

D.L.vs D.L.

Empecemos por lo más evidente: ambos genios tienen las mismas iniciales. Si, es un indicio de que ambos empiezan por compartir lo más básico y acaban con muchos más puntos en común de los que creíamos.

Damon Lindelof, el rey de la suspensión de la incredulidad

Twin Peaks vs Lost (Perdidos)

Ambos son los co-responsables de series que marcaron un antes y un después en la historia de la televisión. En un marco idílico, ya sea un pueblecito americano o una isla desierta, donde personajes a cual más carismático (el agente Cooper, John Locke, Laura Palmer, Hurley Reyes,…) se enfrentan a preguntas sin respuesta que nos tienen a todos en vilo: ¿quién mató a Laura Palmer? ¿qué coj…. es La Isla? ¿de dónde sale el espíritu de Bob? ¿qué p…. es el humo negro? En ambas series, tanto el genio de Lynch como el genio de Lindelof se las arreglaron para dejar a los espectadores con dos palmos de narices mientras aplaudían (aplaudíamos, porque yo también me incluyo) entusiasmados la falta de respuestas.

No sabemos bien quien se llevó la palma. A Lynch le cerraron el quiosco tras dos temporadas pero se desquitó con una visionaria película – precuela cuando aun no sabíamos que puñetas era eso (George Lucas tomó buena nota); Lindelof, como ponía las pelas y tenía de compinche a J.J. Abrams (otro visionario) se las arregló para prolongar la cosa cinco temporadas. Además, ambos sufrieron en sus carnes injerencias ajenas que quitaron lustre a su obra. Lynch por parte de la cadena; Lindelof sufriendo la huelga de unos guionistas malvados que se atrevieron a exigir sus derechos laborales, lo que repercutió en una de las temporadas de la serie.

No entendemos nada

Reconocedlo: nos tragamos dos temporadas de Twin Peaks y cinco de Lost y acabamos peor de como empezamos, con la cabeza dando vueltas y sin saber que pintaba ahí el enano, por qué la señora del leño hablaba con el leño y parecía saberlo todo, qué era el humo negro y por qué Hurley no adelgazó ni un gramo tras pasar tanto tiempo en la isla. Pero nos dio igual. Le reímos las gracias a uno y a otro, convencidos de que no eran ellos los que no sabían explicarse sino nosotros que eramos unos empanados. David Lynch incluso se vino arriba y nos obsequió con el ya mencionado largometraje, Twin Peaks: Fire Walk with Me (1992) donde unos comprendimos que nos habían tomado el pelo y otros entendieron que aquello era arte y ensayo y no era para paladares vulgares.

El mayor de los misterios de “Perdidos”

Sin embargo, y aquí viene la gran diferencia, Lindelof comprendió que quizás se había pasado tres pueblos y se dedicó a ejercer de mercenario en diversas producciones mucho más terrenales y asequibles. No sabemos bien por qué pero mientras su tocayo D.L. era elevado a los altares por quienes seguían sin entender nada de lo que hacía (vease Mulholland Drive, esa obra maestra del arte y ensayo lynchniano), el pobre Damon sufría en sus carnes el escarnio de la plebe en Internet, que lo culpaban hasta de ser el toro que mató a Manolete. De ahí que se volcará en ayudar a su amiguete Abrams en Star Trek: En la oscuridad, en Guerra Mundial Z, o en Cowboys y Aliens. Eso sí, no perdió su toque y ahí está Prometheus y la serie The Leflovers para atestiguarlo.

Oferta y demanda

Sostiene Albert Boadella que la genialidad de Pollock o Tàpies no está en sus cuadros, sino en que éstos se vendan por las cantidades exorbitantes por las que lo hacen. Que lo de esos señores son obras maestras de las finanzas, no del arte. Pura ley de oferta y demanda, reinterpretada por una panda de listos que la hacen funcionar a su favor.

Alberto Rey, El Mundo.

Efectivamente, ahí le ha dado Albert Boadella. Lo mismo vale tanto para Lynch como para Lindelof. A ambos se les debe reconocer su gran capacidad para lo que comunmente llamamos vendernos la moto. Tanto el uno como el otro son capaces de facturarnos un paquete que no queremos pero que compramos con los ojos cerrados y que, una vez abierto, no entendemos. Pero nos da igual. Lo vemos y hablamos de ello durante días, semanas, meses y años si hace falta. Lo que sea antes de admitir que no sabemos comprar, que nos dejamos llevar por las apariencias y que igual nos han dado gato por liebre y no nos hemos enterado. Lo peor es que encima nos gusta.

¿Comorrrr?

Así que ya veis. Damon Lindelof y David Lynch tienen muchas cosas en común y no tienen nada que envidiarse el uno al otro. Quizás, sólo quizás, habría que admitir que ni uno es tan bueno ni el otro tan malo. A cada cual dejo lo de identificar quién es quién pero sin aspavientos, sin elevar a nadie a los altares ni hundir al otro en el fango. Y es que los excesos no son buenos y la idolatría tampoco. Un saludo, sed felices.

el autor

Licenciado en Historia del Arte, llevo toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices. Espero con ansia el estreno del episodio VIII. Soy uno con la fuerza, la fuerza está conmigo.

2 comentarios

  1. Hola, Pedro. Buen artículo, aunque no esté de acuerdo. En Twin Peaks, como en las películas de Lynch, hay muchas cosas que no es necesario explicar. La señora del leño recibe información del leño y no hace falta explicar cómo se produce ese fenómeno o por qué a nadie le extraña, porque está dentro de las reglas del universo que se ha planteado. Al igual que en el cine de superhéroes no es necesario explicar como es posible que un tipo vuele o que la ciudad se tome en serio a un señor con una máscara repartiendo leña. El final de Twin Peaks era coherente, porque cerraba los arcos argumentales de los principales personajes: Cooper, representación de lo bueno en ese pueblo, acababa formando parte de todo lo que había perseguido. Otra cosa son los cliffhangers causados por la cancelación y esperanza de otra temporada, que siempre estuvo planteada y no se consiguió hasta ahora. Pero Lynch es un gran cineasta, y hasta Mulholland Drive (especialmente esa) tiene pleno sentido. Lindelof crea preguntas en el marco de una serie tradicional, o en otros universos como el de Alien, y lo hace sin molestarse en darles respuesta. Lynch hace innovaciones en la forma y en los límites del género, pero Lindelof se limita a la historia en sin. Y sin un apoyo que la haga sostenible, se convierte en relleno que acaba por decepcionar por disfrutarle que sea. ¡Un abrazo!

    • Pedro Pérez S. el

      Hola PGA. Yo escribo el artículo desde el punto de vista de quien vivió el fenómeno Twin Peaks en su momento. Te puedo decir que se vendió y se emitió como una serie que planteaba preguntas y que daría respuestas, que por supuesto no se dieron. El viaje fue fascinante, como el de Perdidos, pero el cierre de la segunda temporada fue decepcionante. Insisto: en su momento. A toro pasado es muy fácil analizar y posicionarse a favor de Twin Peaks.
      En cuanto a Lindelof, lo que quiere mostrar el post es que es injusto la cantidad de palos que se lleva el hombre. En Prometheus, por ejemplo, fue un guionista contratado al final y fallos y agujeros que se le achacan a él son mas responsabilidad de la productora, que metió mano en la historia. Pero claro, como sale su nombre es mas fácil darle a él. Por otro lado, con The leflovers creo que ja demostrado que puede ser un buen guionista. Un saludo.

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