El cuento de la criada: crónica de una rebelión silenciosa

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Este artículo contiene spoilers de la primera temporada de El cuento de la criada. 

 Hace unas semanas alcancé algo muy parecido a la felicidad plena. Sí, amigos, contraté HBO España y ya contaba con Netflix en mi poder. Vaya, lo más parecido a tenerlo todo a tu alcance en esta vida.

Bromas aparte, gracias a esta suscripción voy a poder disfrutar de series tan míticas y alabadas como The wire, Los Soprano, Roma… pero mi primera elección no fue ninguno de estos clásicos, si no una serie producida por MGM y Hulu conocida como El cuento de la criada. Y debo decir que me alegro mucho de haberla escogido.

Bendito sea el fruto, que el Señor permita que madure

El cuento de la criada adapta una novela de Margaret Atwood, escrita en 1985 pero que reflexiona sobre temas de rigurosísima actualidad. Tras una serie de desastres medioambientales y atentados terroristas, el Gobierno de Estados Unidos ha caído y en su lugar ha tomado el poder una secta teocrática y extremadamente conservadora. Las mujeres se ven relegadas a cuidar de sus hogares y, en medio de una plaga de esterilidad, aquellas que no son fértiles deben permitir que sus maridos dejen embarazadas a las criadas, mujeres fértiles cuya función es ser el vientre donde crezcan los niños para luego arrebatárselos. La protagonista, June, es la criada del matrimonio Rutherford y, junto a ella, iremos descubriendo como Estados Unidos se convirtió en la República de Gilead y su día a día en tan horroroso régimen.

La serie, aparte de por su calidad, se ha hecho eco en todo el mundo por tratarse de un alegato feminista, pero resumir El cuento de la criada en eso es, cuanto menos, simplista.

Nolite te bastardes carborundorum.

No dejes que los bastardos te pisoteen. La frase que resume la primera temporada de la serie. June, llamada Defred por el régimen al pertenecer al comandante Fred Rutherford, encuentra esta cita en latín grabada en la parte baja de la pared del armario de su habitación. Una frase que le da esperanzas.

Porque de eso va El cuento de la criada. De cómo una mujer aguanta las medidas de un régimen que encarcela su cuerpo, su voz o sus movimientos, pero no su mente. De cómo, pese a las inevitables decepciones y obstáculos, detalles tan nimios como un no soy una puta beata o una frase en la pared puede darte el empujón necesario para seguir resistiendo.

Este mensaje, tantas veces intentado expresar en el cine, encuentra voz y rostro en la extraordinaria Elisabeth Moss, perfecta en su papel. Una interpretación salvaje en la contención, en el desahogo y en la citada resistencia. Solo con verla aquí ya me dan ganas de tragarme Mad Men, serie donde adquirió fama.

UNA DISTOPÍA IMPOSIBLE… ¿O NO?

La trama que diseñó Atwood no pudo ser más premonitoria. La República de Gilead asusta porque no se siente tan lejana como otras. Maternidad subrogada, vientres de alquiler, descenso de la natalidad, ascensos políticos extremistas tras atentados terroristas, homofobia, daño al medioambiente…

La serie también es perfecta en el reflejo de la instauración progresiva de la dictadura. Como la propia June, una chica normal, asume al principio que Estados Unidos debe estar protegida por el grupo conservador para defender al país de los terroristas. Y así, poco a poco, utilizando la demagogia política, comienzan a hacer cambios más y más extremos. Muchos escapan a Canadá, donde viven como refugiados a la espera de reencontrarse con sus familias, como el marido de June.

El cuento de la criada también muestra las contradicciones del régimen. No solo por la aparición del club secreto Jezabel, donde los hombres de Gilead pueden hacer lo que quieran con las mujeres que trabajan allí, si no por el papel de Serena, una de las promotoras de la dictadura, completamente relegada por ser mujer desde el principio del golpe de Estado.

El cuento de la criada es ejemplar en su calidad visual, repleta de simbolismo y con un uso perfecto del color y los uniformes: rojo, verde o gris en función de la clase social. Las escenas de sexo, lejos de buscar la polémica, pueden ser las secuencias eróticas más justificadas del cine y televisión reciente. No es una serie con momentos desagradables visualmente hablando. Prefiere sugerir más que mostrar, lo que es muy buena señal.

 Los productores de la serie ya han confirmado que habrá una segunda temporada tras el final abierto, que adapta fielmente el de la novela. No me cabe duda de que profundizaremos en el régimen de Gilead, que tal vez Nick quiera mantener cerca a June porque está embarazada de su hijo… Quién sabe. Pero, y ojalá me equivoque, creo que perderá el secreto mágico de esta primera temporada: la mejor descripción posible de cómo un colectivo subyugado adquiere conciencia de su situación y acaba enfrentándose a ella. Y si esa mirada desafiante a los que te martirizan es con el Feeling good de Nina Simone, mucho mejor.

el autor

Médico en los meses más oscuros de mi vida . Bajo la tenue luz del flexo, busco reafirmar mis conocimientos sin despreciar las cosas que me hacen feliz.

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