El hombre en el castillo, de Philip K. Dick: tú tampoco hubieras luchado contra los nazis

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Es un clásico. Sí, ya sabéis, lo de “a mi me gustan las películas o videojuegos de la segunda guerra mundial”. Y ves películas y películas. Y juegas a los Call of Duty, los Hearts of Iron o los Company of Heroes. Y más documentales. Te da por comprarte una revista de Historia al azar y la portada tiene un 92,34% de posibilidades de tener en la portada algo relacionado con los nazis. Con temáticas como: “El ingeniero que inventó la radio que animó a las tropas británicas para que ganaran a los nazis“, “Los últimos calzoncillos de Hitler” o “La marca de terrones de azúcar de la SS y su influencia en la derrota en el frente ruso“. Una auténtica pena que el 95% de la Historia sea, viendo las revistas históricas y documentales, lo que pasó en Alemania de 1933 a 1945.

Lo admito, yo estuve allí. No sé cómo salí, pero salí. Salí de la obsesión por la Segunda Guerra Mundial. Como buen neurótico sustituí aquello por otras obsesiones. El auténtico neurótico nunca deja de serlo, lo más que puede hacer es obsesionarse con otras cosas. En fin, que llevaba yo años alejado de todo lo de la Segunda Guerra Mundial cuando lo vi. Allí estaba. Bueno, estaban allí. Los libros de Philip K. Dick que me compré hace tanto. El sacrosanto señor de la ciencia-ficción anglosajona (con permiso de Asimov). Del que han salido más películas de las que tengo ganas de poner por escrito. Con mi mujer riéndose de mi porque empecé a leerme Ubik y no pude acabarlo. En la estantería estaban, Ubik y su obra más famosa, El hombre en el castillo. Que iba de un mundo en el que los nazis habían ganado la guerra y se habían repartido el planeta con los japoneses. Este tipo de fantasía la hemos visto mil veces, incluso en DC Cómics con su Tierra-10, en la que La Liga de la Justicia es el supergrupo del régimen nazi.

En fin, era el momento. Tocaba ya. Estaba preparado para pegarme con algo como Ubik, algo enrevesado y rarito. Como leer, recordemos, es algo malo, repasé mentalmente si estaba preparado para leerme otro libro. Leer un libro es algo mucho más peligroso de lo que suele decirse. Lo normal es que no pase nada, pero a veces, sólo a veces, uno no sale de un libro en toda la vida. Y pasa uno entonces a ser un peligro para todos los que le rodean. Es normal que la gente lea tan poco, es normal. Y estaba yo creyendo que sí, que estaba preparado para escapar casi de cualquier libro.

Al fin y al cabo, va a ser otro libro de lo mismo: los nazis han ganado la guerra, montan su horror reptante por todo el mundo, hay un grupo de resistentes que se organizan contra los fascistas, encuentran un botón de autodestrucción del fascismo y salvan al mundo con gran gloria. Ah, y todo el mundo es antifascista en un mundo dominado por el fascio, por supuesto. Pero no. Esta vez no.

La normalidad de cualquier mundo

Uno empieza leyendo el libro y se sorprende de lo anti-épica que es la historia. Empiezan hablando del dueño de una tienda de antigüedades americanas, alguien que vende cosas de la cultura estadounidense de antes de la guerra (como relojes de Mickey Mouse) a los japoneses, los cuales se han quedado un trozo de los viejos Estados Unidos. Otra historia es de una mujer que es profesora y tiene una aventura con un camionero. Otro es un burócrata japonés en Estados Unidos. Gente vergonzosamente gris y nada excepcional. No ve uno por ningún lado el habitual grupo de resistentes heroicos, el run-run de la gente que va a alzarse en armas. Nada de nada. Hay normalidad, hay gente que intenta vivir su vida lo mejor que puede.

Como en toda nación derrotada, los estadounidenses adoptan costumbres de sus vencedores. En la zona ocupada por Japón es común el uso de un libro oráculo chino que responde a las preguntas que le haces: el I Ching. Lo usan para consultar sobre negocios, sobre qué deparará el día, para todo. Los estadounidenses han interiorizado que es un método válido para preguntar por el futuro. Algunos incluso llegan a pensar que los japoneses son una raza superior, con esos cuerpos carentes de grasa y esas mujeres sin apenas curvas, con esa ausencia de impulsividad en sus relaciones sociales. Se interioriza la derrota militar, que pasa de simplemente militar a espiritual, psicológica e ideológica. Qué brutos parecen los estadounidenses en comparación con los civilizados japoneses. Con razón forman parte del bando perdedor. En esto el autor es realista: realmente los perdedores de las guerras interiorizan valores y costumbres del vencedor.

El libro nos hace pasar, como hemos mencionado, por varios personajes, los cuales no llegan a juntarse (quitando alguna excepción). Hay alguna mención en la historia de alguno sobre otro, pero poco más. No hay ninguna gran reunión final para expulsar a los nazis con un plan genial. Todas nos muestran que por duro que pueda ser una matanza hay algo que lo soporta y que es en el fondo peor: el gris día a día. La normalidad. La terrible verdad del mundo: la inmensa mayoría de personas simplemente vivimos nuestra vida como podemos, sin más, vivamos en un estado feudal, en una teocracia, en una democracia rica o un estado fascistoide. Nos adaptamos como podemos, intentamos ser todo lo felices que nos permite la suerte y nuestras habilidades. Los rebeldes y revolucionarios son poquísimos siempre. En el libro la gente se adapta a lo que mandan Japón y Alemania porque es exactamente lo que hubiéramos hecho la inmensa mayoría. No sé si nota en qué persona estoy hablando en cada caso.

La historia alternativa de la historia alternativa

Las masacres, las barbaridades de los estados totalitarios están en el libro, por supuesto, pero como telón de fondo. Se mencionan, pero se como se habla de si llueve o hace sol. Son cosas inevitables. Estamos acostumbrados a que nos digan que la economía es como es, que la evolución política del mundo es la que es. Y que todo era inevitable: lo que había antes llevaba sí o sí a esas situaciones. Exactamente igual que en el libro. Pero el libro tiene algo más. En la propia historia del libro nos encontraremos su parte más importante: un libro del que casi todos los personajes terminan hablando en algún momento: “La langosta se ha posado”. Este libro, prohibido en territorios alemanes, trata una historia alternativa. En esa historia alternativa las democracias vencen a Alemania y Japón. Es decir, hablan de nuestro mundo. Las cosas en “La langosta se ha posado” no pasan exactamente como en la auténtica segunda guerra mundial, pero es en esencia nuestro mundo. Este libro, prohibido en la parte alemana pero no en la japonesa, lo ha escrito un personaje misterioso. Un tal Hawthorne Abendsen que, para asegurar su seguridad, vive en un sitio inexpugnable, en un castillo. Es el hombre en el castillo.

La existencia de este libro es un juego. El autor escribe sobre un mundo alternativo en el que los nazis vencieron y en esa historia hay un libro en el que se habla de un mundo alternativo en el que los aliados ganaron. Gracias a esta novela dentro de la novela Philip K. Dick nos habla de nuestro mundo. Nos habla a través de otro mundo, poniéndonos un espejo. “La langosta se ha posado” genera discusiones en el libro: a los hombres más cercanos al regimen fascista les parece que es imposible que Alemania y Japón perdieran la guerra. Todo era inevitable. No podía ser de otro modo. ¿Los Estados Unidos de América? ¿con qué ejército iban a haber luchado? ¿cómo Europa podía haber resistido a Hitler? Era absurdo, especulaciones fruto de una mente extraña. Igual que en nuestro mundo: la victoria, cuando ya ha sucedido, siempre parece inevitable. Pero, a pesar de eso, la historia se convierte en una obsesión de varios de los personajes. La misma obsesión que muchos tienen en nuestro mundo por las historias en las que los nazis o los confederados ganaron.

Los universos compartidos

El relato de la vida normal de la mayoría de la gente bajo el fascismo, la puesta en el espejo de otro mundo en el que también creen que la victoria de un bando era inevitable por el hecho de haber vencido…además de esto el autor nos introduce al final, casi acabando el libro, elementos de la ciencia-ficción más clásica, más convencional, en visiones misticas de un personaje y acabando prácticamente el libro, cuando conocemos al mismísimo hombre en el castillo y sus razones para escribir el libro. Al final se incide en el hecho de lo muy cambiante de la realidad, que no es una sola forzosamente y de una sospecha razonable del determinismo y sus explicaciones históricas. Casi todo a través de la genialidad de poner en un libro que trata de un mundo alternativo otro libro de un mundo alternativo (que es el nuestro) y las reacciones que provoca en los personajes. No es sólo la idea, que ya es original: es la manera tan acertada de desarrollarla para criticar algo.

Podríamos decir, claro, que Philip K. Dick cae en un habitual deje: la consideración del Japón de la Segunda Guerra Mundial como algo cualitativamente mejor moralmente que la Alemania nazi. Aparecen en la novela como el contrapeso moral de la Alemania nazi y sus matanzas, como tolerantes con publicaciones subversivas con el regimen como “La langosta se ha posado“, como gente que le repugna el racismo nazi. Japón en la Segunda Guerra Mundial no era precisamente la cara amable del pacto fascista, cosa que pueden atestiguar los chinos. Entiendo que se les ponga como contrapeso a la brutalidad alemana, pero en demasiadas ocasiones resulta poco creíble tantísimo respeto y consideración por parte de aquel Japón hacia los perdedores de una guerra contra ellos.

No hay mucha acción, no hay mucha discusión de cachivaches tecnológicos futuristas, que nadie lo lea pensando en cosas así. Pero por supuesto es un libro más que recomendable, por originalidad, por lo atrevido de lo que critica y porque en el fondo es el inicio de tantos y tantos libros, juegos y series que nos hablan del otro mundo. Es el mundo en el que los nazis ganaron. El mundo en que la mayor parte de la gente simplemente vive su vida lo mejor que puede, que asume que los vencedores son mejores por haber vencido, que el mundo en el que vive es inevitable que sea así. Uno en el que la mayoría nunca luchó contra la Alemania nazi, como realmente pasó en nuestro mundo cuando empezaron sus andanzas. La mayoría de la gente funciona igual en todos los universos alternativos posibles, y Philip K. Dick simplemente nos lo hace saber con toda la normalidad del mundo.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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