El Secreto de los Malditos: desiertos, misterios y fantasía juvenil

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Todos queremos resolver misterios, aunque no nos afecten directamente. Si esos misterios están en una novela también. El Secreto de Malditos, de Manuel Palacios, nos lleva a la posibilidad de desvelar un gran enigma en un contexto de aventuras, fantasía y desiertos infinitos. Esta ópera prima literaria atrapa y funciona desde la primera página, garantizando el entretenimiento que los lectores de este género buscamos.

Antes de comenzar a desgranar este libro he de confesar que el que escribe tiene que hacer un ejercicio de sinceridad: me unen al autor más de quince años de profunda amistad. Eso no quita, no obstante, que trate de ser objetivo.  Me gusta el género, me gusta el estilo y, como en la crítica de Estados Unidos de Japón, voy a tratar de resaltar las virtudes de este título. Que las tiene, y muchas.

Nos encontramos en la región Ardashir, una territorio desértico que a los más jugones les recordará al Prince of Persia o los desiertos de la saga Diablo. Estética árabe en cualquier caso. A esto sumamos fantasía y un gran misterio que resolver: el Desastre, una gran catástrofe originada hace años que consume un reino que agoniza al haber perdido vegetación, cosechas y animales. El Sultán El-Arad gobierna implacablemente esperando que las cosas se solucionen solas, pero un día el hijo de uno de sus enemigos –los duranor, los jinetes de las arenas desterrados- acaba en las celdas de su palacio. El joven está relacionado con unos misteriosos asesinatos y la leyenda de las Puertas Doradas, un lugar legendario que se oculta en el desierto. Para aclarar todo este enigma contrata a Cuervo, el mercenario capaz de resolver todas las incógnitas.

Nos encontramos entonces ante varios elementos clásicos de la fantasía: Cuervo, un misterioso mercenario con un pasado inquietante; una orden legendaria que recuerda a los Medjai de las películas de la Momia; una maldición que consume al reino; un gobernante más nefasto que malvado; demonios y seres mágicos; unos jóvenes que han de aprender lo que es la vida y a controlar su poder; y, finalmente, muchos misterios que resolver. Puede parecer tópico pero la gracia de todo esto es hilar el conjunto y hacer que funcione, y el autor lo consigue. El mercenario, Cuervo, acaba enganchando y convence, sorprendiéndonos a medida que lo conocemos más. Las maldiciones y los misterios por resolver dejan incógnitas abiertas que queremos desentramar. Por ejemplo, uno no para de preguntarse qué serán esas legendarias Puertas Doradas de las que tanto se hablan y de las cuales vamos obteniendo información con cuenta gotas. ¿Qué tendrán dentro? ¿Será una ciudad mítica, legendaria y perdida? Lo descubriremos a medida que vamos conociendo a personajes secundarios trabajados y que no resultan excesivos ni eclipsan al protagonista. Todo ello inmerso en detalles como incluir bestias legendarias de nuestra mitología celta o que, dependiendo de una región u otra, cambie el acento, elementos que nos hacen recordar lo mucho que disfrutamos cuando leemos las novelas de Geralt de Rivia.

Atentos a la portada, que sortearemos dos copias en Agosto.

Un buen ejemplo del género

La trama, además de estar redactada con un estilo descriptivo preciosista, algo que cuadra muy bien con el género de fantasía, convence, especialmente cuando nos encontramos con giros inesperados. Y es que este género, tan dado a caer en repeticiones y tópicos, muchas veces depende más del cómo se cuenten las cosas que del qué se está contando. Si el “cómo” lo trabajas bien, con buenas metáforas y narraciones sin llegar a lo petulante y sin perder la ligereza; y el “qué” tiene fuerza por sí sólo, nos encontramos ante un libro francamente entretenido.

¿Significa todo lo anterior que no tiene defectos? Por supuesto que no, los tiene, pero creo que son los que corresponden al género literario en el que se desarrolla esta novela. Si queremos algo profundo, que cambie el mundo y no entretenimiento… no sólo te has equivocado de libro sino de género. Es fantasía juvenil, y eso significa ligereza y aventuras, todo ello arropado de magia y misterio. Y si digo que una novela es juvenil o palomitera, no debe tomarse como algo negativo, digo que realmente está cumpliendo con su función. Un pecado habitual en las óperas primas es ser presuntuoso y no quedarse en una primera apuesta honesta, sencilla y con todos los ingredientes que hacen que este género nos encante, aunque a veces resulten un poco arquetipos. Por fortuna El Secreto de los Malditos resulta cuanto menos correcto y equilibrado en todos los sentidos.

El autor ha dominado la esencia de la fantasía juvenil, dándome lo que busco y no encuentro desde hace años en, por ejemplo, escritoras de la altura de Laura Gallego. Aventura, fantasía, misterios y entretenimiento: El Secreto de los Malditos puede gustar tanto adultos como a adolescentes que buscan adentrarse en el género. Si en el futuro Manuel Palacios se anima a cabalgar de nuevo por el duro desierto de la ficción literaria y volver a este universo que se ha creado, no dudéis en que me dejaré caer por ahí.

el autor

Periodista, con lo bueno y con lo malo. Amante de la historia, la actualidad, la tecnología, los videojuegos, los viajes y la música.

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