Ex Machina, la obra maestra atemporal de Alex Garland

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Ya han pasado 3 años desde que se estrenó Ex Machina, la primera película como director de Alex Garland, un guionista muy personal con trabajos tan destacables como los dramones 28 días después o Sunshine, pero a su misma vez, capaz de crear historias y personajes tan macarras como la celebrada adaptación de Dreed o el remake de Devil May Cry. Aunque estos fueran sus trabajos más conocidos, había un guión de un corte mucho más intimista que llegó a destacar en el circuito de cine independiente: Nunca me abandones, una cinta donde se reflexiona sobre el avance del ser humano y si el avance social justifica el sufrimiento de otros. Características que, como no podía ser de otra forma, comparte con Ex_Machina.

Ex_Machina se nos presenta como una historia mucho más teatral que cinematográfica: un solo escenario, cuatro personajes y prácticamente toda la narración se centra en las conversaciones de los personajes.

Aunque no se note desde una perspectiva superficial, es evidente que la obra de este autor tiene una constante: el entorno es hostil hacia los protagonistas. En algunas ocasiones de una manera completamente visceral (como el caso de Dredd) y en otras de una manera más tramposa (caso de Sunshine), pero el caso es que siempre hay algo que no encaja en la lógica interna de los protagonistas, que por otro lado, suelen ser el adalid de la normalidad. Aunque puede que solo sean paranoias mías, no creo decir ninguna locura afirmando que esta es la manera que tiene Alex Garland de mostrarnos cómo la sociedad está llena de imperfecciones.

Teniendo Ex Machina una historia de una temática tan concreta y con tan pocos actores, es fácil sacar conclusiones de lo que quiere representar con cada personaje. El caso más evidente es el de Nathan (el personaje interpretado por Oscar Isaac), siendo una clara referencia a Dios. Además de ser el hacedor de la vida, es dueño y señor de todo el escenario donde transcurre la película, es quien decide el destino de los implicados, y por si fuera poco, es omnipresente, pues tiene cámaras y micrófonos escondidos por todos sus dominios. Además, al igual que el dios católico, decide destruir lo construido y empezar de cero cuando considera que su creación ya no es de su agrado.

Otro personaje que tiene un claro homólogo es el de AVA (el personaje de Alicia Vikander), siendo el equivalente de Eva. Aunque a diferencia de la historia bíblica, aquí hay un discurso completamente contemporáneo. En la propia película se llega a verbalizar que la creación de vida digital es algo inevitable, y en este caso, la actitud de AVA es de absoluto desafío hacia su creador: ¿por qué me has dado la capacidad de sentir, e incluso, de ser inmortal, si luego me lo vas a quitar todo?

Con el tercer y último personaje, el de Caleb (Domhnall Gleeson) es más difícil hacer una comparación religiosa, pero tampoco creo ir muy desencaminado diciendo que sería el equivalente a Adán, pues el robot femenino está hecho a su medida. Pero al final es el que más se diferencia de su referente bíblico, pues no solo se rebela contra el dios creador, sino que comparten momentos como iguales e incluso se rebela y le engaña una vez avanzada la historia.

Solo con la reformulación del mito de la creación y de cómo logra crear su propia mitología para hacer todo un ejercicio de filosofía existencial, ya me parecería una gran película, pero para nuestra suerte, tiene mucho más. Además de lo sensacionales que están los actores, a nivel de dirección tiene muchos detalles realmente brillantes.

Para empezar, lo bien manejada que está la idea de que solo sean 3 personajes (4 si contamos a la ayudante asiática), pues no se queda en una simple idea estética, sino que tiene todo el sentido a nivel visual. Por un lado están los parajes boscosos, llenos de tranquilidad y de colores vistosos, pero sin la más mínima señal de vida (a excepción de la vegetal, claro). Luego están los escenarios de la casa, con un diseño minimalista y agobiante, ya sea por los monocromáticos colores, lo cuadriculado y matemático de su decoración o el simple hecho de estar bajo tierra. Si fuera una película sin diálogos, solo por la elección de decorados y por su dirección ya me quedaría claro cuál es la historia que quiere contar.

Pero no, en esta película se habla mucho, y los diálogos son magníficos. Con la excusa de que son dos cerebritos y un robot ultra-avanzado, las palabras y temática de cada conversación tienen un nivel intelectual muy elevado, pero sin pedantería ni vehemencia. No sabría decir hasta qué punto me gustan los diálogos por el genial trabajo de interpretación o por su escritura, pero sea como sea, el resultado final destaca muy para bien.

En los apartados técnicos también brilla con luz propia. La música compuesta por Geoff Barrow y Ben Salisbury tal vez no sea muy atractiva si se escucha por separado, pero está integrada en la película de manera notable. La fotografía de Rob Hardy llega a ser excelente en más de un momento, sobre todo en las escenas donde la vegetación cobra más protagonismo. Pero donde hay que dar un sonoro aplauso es en lo referente a los efectos especiales, pues son realmente excelentes, no en vano se llevó el Oscar en dicha categoría el mismo año que competía contra auténticos mastodontes en dicha categoría como Star Wars VII, Mad Max o El renacido.

Aunque sea una opinión muy personal, debo decirlo: Ex Machina es una obra maestra. No solo de la ciencia ficción, sino del cine. Destaca en cada uno de sus apartados, es apta tanto como para el espectador novato como para el curtido, es inteligente, compleja y entretenida. Se la he recomendado a todo tipo de personas, y nunca he oído críticas negativas. A unos les ha gustado más y a otros menos, pero todos coinciden en que se trata de una película especial. Por algo será.

el autor

La gente me describiría como un barbudo amante de los anacardos, pero en realidad mi objetivo es la dominación mundial. Mientras maquino mi plan, gasto el tiempo libre en consumir películas, series, cómics, libros y videojuegos.

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