I’’s de Masakazu Katsura: nuestros problemas con las mujeres

1
Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Que sí, que sí. Que ahora tenéis novias con camisetas de Thor o tú misma, mujer, juegas mejor que el piltrafilla de tu novio al Gears of War. Ahora puedes estar tomando el café en el trabajo y hablar de que te gustó cómo Batman partía dientes de delincuentes en su último videojuego. Y se lo cuentas al de Recursos Humanos, que ya se lo ha pasado y gozado.
Y yo me alegro. Muchísimo. Pero no siempre fue así.
Antes de Internet, antes de las películas no excesivamente vergonzantes de El Señor de los Anillos o el Capitán América esto era durísimo. Decir en secundaria que te gustaban los cómics de superhéroes era como decir hoy que coleccionas sellos conmemorativos de los abortos de esposas de futbolistas de la liga de Ulan-Bator. Sí, esa cara que estás poniendo, esa. Pues así era cada vez que se te ocurría decir en mitad de los 90 que tú leías algo enfermizo y extraño llamado “ecs-men”. Era un poema la cara de las chicas que te oían que jugabas a algo llamado “El Señor de los Anillos”. Era como si ahora sueltas que tu afición favorita consiste en cazar cucarachas y aplicarles electrodos en partes blandas de su cuerpo para ver cómo responden (las cucarachas, se entiende).

Todo esto de los superhéroes o los juegos de rol era rarísimo, siniestro, desconocido y olía a mucha costra de simiente masculina. ¿Era culpa de las mujeres? A muchos nos gustaba pensar que SÍ. Era del todo rarísimo que las muchachas adolescentes prefirieran a los chicos que hablaban con ellas, las hacían reír y las hacían sentir bien. Lo lógico era verse seducidas mágicamente por las horas que echábamos leyendo cómics de gente vestida con mallas pegándose con gente vestida con mallas. Así, sin hablar con ellas, sólo mirándolas así de refilón y poniendo cara de pervertido/de tener fiebre. Algo fallaba, pero nadie sabía el qué, como bien nos dice el celebrities de Alan Moore.

Claro que no todo “friki” era así. Pero todos conocíamos el ambientillo del que estamos hablando, abundaba. La endogamia, el miedo a “los de fuera”, una cultura de orgullosa minoría y el tonito de “soy más listo porque me gustan cosas más raras y auténticas”. Era una respuesta a lo que nos parecía hostilidad generalizada fuera del mundo friki. Y es que existía, era real. Pero aunque había incompresión y hostilidad, la reacción de la cultura friki pre-internet no era precisamente la mejor para estar más integrado en la sociedad. Era la opuesta: crear un gueto cultural al que nadie entrara. Había muy pocas habilidades sociales ahí. Era difícil, claro, pero los intentos de salirse de esos lugares comunes eran nulos.
Todo eso ya pasó. Nadie lo sufre. Ya no es un gueto. Ya está aceptado que a cualquier le gusten estas cosas, hombres y mujeres. Todos y todas juegan a videojuegos y debaten si da más pena una película de Los Cuatro Fantásticos o la de Green Lantern en público. Incluso hay un tema en el frikismo que es el “¿y vosotros votáis al PP/a Podemos?” de la política: “¿Batman v Superman es buena o mala?”. Todo según el Plan. Hemos vencido. Somos mayoritarios. Cuánta gloria.
Pero jóvenes, contemplad el Horror. En plenos 90 sólo entrabamos en tiendas de cómics gente muy rarita. Ni internet ni nada: uno se compraba a veces cómics, videojuegos o discos de música por la portada, por cosas que oía a otros de pasada o por publicidades.
Y aquello estaba allí. Otro manga. Se llamaba I’’s. La verdad es que nos llegaban pocos a España aún, pero nos traían clasicazos o cosas de mucho éxito en Japón. Pero aquello era un manga de amoríos entre adolescentes. Con una muchacha turgente (aunque no comunal) en portada.
 
Podría hacerlo pasar por un comic japonés adulto si mis padres veían la portada con aquella muchacha japonesa en paños menores y sonriente en portada. Evidentemente, comprar I’’s tenía una motivación rijosa y lamentable. Fue curiosísimo cómo el manga del que hablamos, uno de amoríos, fue un éxito en un momento en el que casi solo compraban chicos.
O no.

La última edición que hemos tenido en España es la de Planeta

La historia de I’’s iba de un muchacho que le costaba decir a las chicas que le gustaban lo que sentía. Se llamaba Ichitaka Seto e iba al instituto. Tenía un amigo con gafas que era así como golferas (con escaso éxito, pero más echado para adelante), que le aconsejaba siempre con el equivalente japonés de “¡p´alante!”. Al protagonista le gustaba la virginal, dulce, inocente, tímida, amable y angelical Iori Yoshizuki, una compañera de clase. A su vez, un día se le aparece por casa su primera novia, Itsuki Akiba, que también está dibujada en plan “estoy buenísima” pero en carácter era lo opuesto: extravertida, independiente, atrevida, descarada, directa, bromista.
Ese trío de personajes cuyo nombre empieza por “I” constituyen un triángulo amoroso clásico de instituto, con sus páginas en las que el protagonista no sabe si le gusta más una que otra, otras en las que las casualidades se alían para que nunca se declare a ninguna de las dos, para que haya malentendidos y se enfade…y muchas fantasías erótico-festivas del protagonista. Que a ver: tímido, introvertido y que le cuesta expresar sus sentimientos, supertierno…pero luego lo primero que le viene a la cabeza son escenas erótico-festivas con ellas. Este último elemento es patéticamente realista y me temo que base del éxito de I’’s en la España en la que casi sólo compraban chicos.
 
Hasta la mitad de la historia el autor, Masakazu Katsura, consigue sacar más de una sonrisa y alguna risa con los enredos de los tres protagonistas, con las casualidades y las carambolas para que nadie exprese lo que siente (o no) a los demás. También con la facilidad del protagonista para montarse fantasías sexuales en los momentos menos oportunos. Todo se ve desde la perspectiva del protagonista masculino. El autor lo hace realmente bien para mantener la ambigüedad de muchas situaciones, sembrando muchas dudas sobre las intenciones (o falta de ellas) de las chicas del manga. Luego tiene que ir sacando nuevas chicas (que son o una nueva “inocente” o una nueva “atrevida”). La cosa va yendo a menos, fallándole las ideas en el último tercio de la colección. Lo acaba de manera muy rara y muy alejada del tono del resto de la historia. Es difícil estar inventando historias de enredo durante tantísimo tiempo: hay un número razonable de páginas en las que lo hace de modo sistemáticamente divertido.
El autor dibuja maravillosamente bien. Se esmera con las chicas pero sobre todo con la tímida Iori. Consigue transmitir dulzura, inocencia, misterio y auténtica timidez en su cara, en sus palabras y en cómo es el personaje. Es la princesita, señores: la Gwen Stacy de Marvel. Tanto que hasta choca cuando aparece en las fantasías eróticas del protagonista. Ahí funciona mejor Itsuki (que es la Mary Jane Watson de esto) o la aún más desinhibida y explícita sexualmente Izumi (la mejor, vaya).

Itsuki no es tan tímida como Iori

No deja de ser curioso cómo hay tantas protagonistas de estos mangas del tipo “tímido-princesita” y cómo las chicas independientes, liberadas y sexualmente maduras suelen funcionar como recursos humorísticos en las historias. Se utiliza como algo divertido, vaya, que las chicas sean más lanzadas que los chicos y que éstos se ruboricen o no sepan qué hacer. O, en otras historias, la típica amiga de la protagonista que está desesperada por tener novio y que es lanzadísima. Un personaje así tendrá mucho protagonismo en situaciones cómicas, puede ser muy sexy pero está claro que no puede ser tomado en serio. Excepto por personajes secundarios, muchas veces cómicos también. Hay un poso de machismo clásicamente japonés aquí, me temo.
En fin, que el autor narra muy bien, las secuencias son muy limpias y claras. En un manga de enredos esto es esencial. Nadie se perderá ni se sentirá confuso por el dibujo ni por la historia, no hace falta ir atrás. El autor se recrea en Iori y en los paisajes naturales, donde realmente lo borda. También lo hace en las expresiones faciales de los personajes, manejándose igual de bien cuando estos pasan por situaciones íntimas que por situaciones humorísticas.
 
Y es que el protagonista era nosotros. No sabía expresar sus sentimientos ni lo que quería, no era lo que hoy llamamos asertivo. Era presa de su propia pasividad, desidia y patetismo, pareciendo zarandeado por la circunstancias constantemente. Se refugiaba en sus fantasías pajilleras, en su confusión entre sus sentimientos, sus deseos sexuales y sus racionalizaciones de las cosas. Estaba siempre a punto de querer vivir en su gueto emocional, aislado del mundo. Era idiota, era inocente, no estaba claro cuanto tenía de romántico y cuanto de pervertido. Pero lo consiguió. Consiguió a lo largo del manga madurar, empezar a pensar como algo parecido a un adulto, huir del gueto emocional al que parecía condenado. Más o menos, que esto es un manga de amoríos y risas, no un libro de Dostoyevski.
Muchos hemos salido de la adolescencia, hemos madurado, hemos crecido y ha sido a mejor. Los que hemos sido (somos) introvertidos y frikis somos más felices conforme pasan los años. Las cosas son más fáciles, amables y civilizadas de adulto. Uno puede seguir con sus cómics, sus animes y sus juegos de rol, no pasa nada. El ocio no define la madurez de nadie. Pero madurar mental y emocionalmente cuando se deja de ser joven físicamente es un requisito mínimo. Es mejor eso que ser como el protagonista de I´s al principio de la historia.
Me lo leí con 19 años y a muchos nos pasó igual. Hace no tanto, ya pasando los 35, lo volví a leer. Y me pareció estar viendo a otra persona leyendo aquello. A otra a la que me gustaría decir que ya nadie te mira raro por gustarte los superhéroes, por jugar a videojuegos. Que enclaustrarse en una afición poco común para creerse superior moral o intelectualmente a los demás es una pataleta de niño de teta. Que el ocio no debe ser una bandera con la que atizar a nadie ni con la que espantar a nadie ni con la que levantar muros con la gente. Al revés: debería ser algo con lo que acercarse a más gente.
Bendito seas, Ichitaka Seto, en tu pajillera y encantadora inmadurez. Qué feliz soy de no estar ya contigo allí, al principio del manga, mirando las fotos de tu amada compañera de clase en un parque.
Sed felices.
P.D.: Como siempre, recomendamos leer lo menos posible. Da dolores de cabeza. Hay que concentrarse. Es un poco de pesaos. Y para qué, si uno puede hacerse el listo sin haber leído nada. La alternativa a leer I’’s es su versión animada, que se ve en poco tiempo. Hay que decir que prescinde bastante de las situaciones ridículas y abiertamente humorísticas, pero bueno.

el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

1 comentario

  1. Ya te estaba faltando un poco de manga en tu tapa del obseso!!
    Fíjate si éramos pocos los que leíamos comics y jugabamos a rol, que ni siquiera en la facultad de informática el 70% lo hacía.
    Y éramos pocos.

Deja tu comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

CERRAR