La propuesta pixelada de The Red Strings Club te anima a tirar de un hilo distópico

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Dice una antigua leyenda oriental que todos tenemos un hilo rojo invisible que nos une con las personas importantes de nuestra vida, aquellas que estamos destinados a conocer; el Abuelo de la Luna ata este hilo rojo en el dedo meñique de los recién nacidos y va tejiendo así todo un universo de fuerzas que escapan a nuestro control. Así, sobre esta premisa tradicional, que nada tiene que ver con la estética futurista del juego que nos ocupa, los valencianos de Deconstructeam nos presentan una “experiencia narrativa ciberpunk” en la que se nos anima a reflexionar sobre la toma de decisiones y sus consecuencias, sobre el destino y la felicidad. Sí, The Red Strings Club es todo eso, disfrazado de un pixel art delicioso.

La historia del juego nos ubica en una ciudad futurista en la que Supercontinent, una gran corporación, planea llevar a cabo una serie de medidas para mejorar la sociedad (según sus parámetros) y acabar con la rabia, la depresión y el miedo. Es aquí donde entran en juego nuestros primeros dos protagonistas, Donovan, camarero en un bar clandestino, y Brandeis, hacker freelance: ninguno de los dos confía demasiado en el programa de Bienestar Psíquico Social (como lo denomina Supercontinent) y la renuncia a la autonomía individual que implica y este es el germen de una aventura para comprender los mecanismos que subyacen a este programa… y para detenerlo, llegado el caso.

Branadeis y Donovan contarán con la ayuda involuntaria de curiosos personajes, como un androide empático con cierto gusto por tomar sus propias decisiones o ciertos trabajadores de Supercontinent. El juego nos irá presentando una serie de minijuegos o game jams: preparar cócteles para nuestros clientes, usar un torno futurista para modelar implantes de conducta o suplantar la personalidad de importantes figuras de la corporación para obtener información de sus empleados son solo algunas de las dinámicas jugables que se nos presentan, siempre integradas brillantemente con el desarrollo narrativo de la historia y sin romper en absoluto el ritmo y la atmósfera de esta.

Toda acción encierra una reflexión, nada es gratuito en este juego. Donovan, en el bar clandestino, tendrá que leer las necesidades de sus clientes, como un jugador de póker lee los tells de sus rivales, para preparar el combinado que mejor se ajuste a sus necesidades y así manipular sus emociones u obtener información; surge aquí la paradoja de un individuo que lucha para impedir un programa de manipulación psico-conductual, pero que se gana la vida, precisamente, aprovechándose de las emociones de la gente para manipularles.

La historia de The Red Strings Club te atrapa, pero la deliciosa estética pixel art y una banda sonora incidental magnífica acaban por enamorarte. El primer viaje por la propuesta de Deconstructeam puede durar cerca de cuatro horas, y existe cierto margen para la rejugabilidad para explorar esas bifurcaciones de nuestro hilo rojo y descubrir hasta qué punto somos dueños de nuestras acciones o fruto de los caprichos del destino. Resulta mucho más accesible que el anterior título del estudio, Gods Will Be Watching, con el que comparte estética y la búsqueda de la reflexión ética por parte del jugador, pero del que lo distinguen un diseño más pulido y claro, que consigue acompañar (que no guiar) al jugador en sus decisiones de una forma más natural y agradecida.

Es admirable el trabajo que ha realizado el estudio valenciano, no hay cabos sueltos en The Red Strings Club. Con una reducida plantilla, formada principalmente por Jonathan Romero (pixel art), Jorge Plaza (artista conceptual), Marina González (diseño y producción), Pablo Ruíz (música) y Jordi de Paco, programador, game designer, guionista y alma mater de Deconstructeam, han construido una de las propuestas más sólidas, maduras e interesantes que hemos podido ver en los últimos meses, y así se lo ha reconocido el público, llevándola a lo más vendido de Steam. Y solo es su segundo título…

el autor

Licenciado en Publicidad y RR.PP. Creador y administrador del blog entre otras actividades lúdicas como community manager, lector de libros y cómics además de futbolero, cinéfilo y coleccionista de páginas originales. Me gusta hacer un poco de todo.

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