Los remakes como burla a la juventud actual

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Parece que el remake de Ben-Hur se ha dado una buena castaña. En pocos años hemos tenido remakes de Robocop (2014), King Kong (2005), Desafío Total (2012), Posesión Infernal (2013), Tron (2010), La Profecía (2006), Cazafantasmas (2016) o Conan (2011). En general, quitando excepciones como la de Mad Max (2015), han sido poca cosa artísticamente. Tampoco han sido precisamente máquinas de imprimir dinero.

Ya sé que es fácil meterse con los remakes. Todos los hacemos. Por ejemplo, en el grupo ultrasecreto y supersexy que tenemos los autores del blog. Allí dije que ojalá hicieran películas de cosas nuevas y me dijeron que era un viejo. Y, pensándolo, puede que los tiros vayan por ahí.

Como en los videojuegos, en el cine es cada menos rentable la superproducción. La cantidad de entradas que deben vender a nivel mundial para que la cosa sea rentable es monstruosa. Y para vender tantísimo no sólo es necesaria publicidad: es necesario gustarle a casi todo el mundo. A los frikis que quieren ciencia-ficción, sí, pero también a los niños que no saben que es eso. A la gente que va al cine a reírse. A tu abuelo. A tus padres. Y para lograr gustar a tantísima gente tan distinta de tantos países distintos se hacen cosas muy raras. Se hacen frankenpelículas. Trozos de comedia y trozos de romance y trozos de acción y trozos de drama y trozos de ciencia-ficción y homenajes ochenteros y fútbol y toros y drogas y toros drogados jugando al fútbol. ¿Hemos metido zombis? PON ZOMBIS. ¿Y nazis? PON NAZIS.

Como todo esto es complicadísimo (y, creedme, se dan cuenta) cada vez se tira de lo emocional. De la nostalgia de los que tenemos dinero. Sí, vamos a decirlo así. El cine, tal y como valen las entradas hoy el día, no es para gente de 15 años, ni de 20. Es para gente que se deja sus buenos euros/dólares/moneda de Ulan-Bator en entradas, palomitas y demás. Efectivamente, la generación que crecimos en los 80.

Todo es muy complicado, pero es más fácil de vender con nostalgia. Ah, Robocop, como molaba cuando era niño y era feliz comiendo bollycaos. Que luego los parques para niños en los 80 estaban llenos de jeringuillas usadas, los columpios eran trampas mortales y los bollos estaban compuestos de cosas que hoy llamaríamos veneno, pero qué nostalgia. La cosa es que a través de recordar la infancia se trata de chantajear emocionalmente, de que ni te lo pienses para soltar los dineros. Ayh, mira que si es como el Robocop ochentero pero CON GRÁFICOS DE AHORA.

Al final es algo infumable que trata de vender otra vez para todo el mundo, pero a ti te la han colado y has pasado por caja. Rajas en blogs, en la oficina, a tu familia, a amigos, a gente que no conoces y a la que has raptado para obligarla a escuchar lo mala que es la película. Y nuevo trailer y vuelta a empezar. El gusanillo. La nostalgia. La nostalgia y Espinete. Espinete con pijama para dormir. Espinete desnudo para ir por la calle. Espinete acechando detrás de ti sin que tú te des cuenta.

Está detrás de ti. ¡Huye, niño, huye!

Está detrás de ti. ¡CORRE!

Y así, en definitiva, van vendiendo frankenpelículas que no terminan de arrasar. Algunas hacen el ridículo (económico, esto no es un debate sobre la calidad, ¿a quién le importa ganar dinero haciendo las cosas bien?). Otra más o menos no acaban de serlo. Alguna incluso gana algo.

Como casi todo el espacio cinematográfico es para la gente de mayores de 30 años, la gente más joven huye a otros lados. A los videojuegos, a las series de televisión. Allí las temáticas, los referentes pop que hay, los personajes o las propias tramas les miman, les cuidan, no les abandonan. Por poner un ejejmplo, Metal Gear V: The Phantom Pain (aquí hablamos de él) tiene música ochentera y setentera, pero es lo raro: anda que no hay videojuegos con hip-hop y con música no precisamente ochentera. Incluso los remakes en el mundo del videojuego (como X-Com, del que ya hemos hablado aquí) por más que mantengan señas del pasado tienen que incorporar mecánicas, temáticas, estéticas y referentes culturales actuales para poder triunfar. El resultado es irónico: los videojuegos mueven a día de hoy más dinero que las películas.

Es posible que el cine, como decía un amigo, haya dejado de ser un elemento central cultural tal y como se ha entendido hasta mi generación. Es decir, la gente de cerca o más de 40 años. El futuro pinta a videojuegos y series de televisión.

Es normal. La gente de mi generación ha expulsado del cine con su apoyo a tanto remake (aunque ni aún así ha sido suficiente para que arrasaran) a las generaciones que vienen por detrás. Aunque no lo creamos la gente de 20,25 o 30 años existe. Puede que les gusten cosas de los ochenta o noventa (¡claro!) pero en su época, ésta, se están haciendo cosas para ellos. Cosas con sus iconos pop actuales, sus músicas actuales, sus ideologías políticas actuales y sus ideas actuales. Es la cultura del presente y del futuro. En la que incluso los remakes se hacen, de media, abrumadoramente mejores: X-Com, Resident Evil, Prince of Persia, Deux Ex, Tomb Raider

Sed felices.

el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco.

Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso.

Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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