Neonomicon: Alan Moore recurriendo a Lovecraft para pagar deudas

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Alan Moore. El dios loco con barba que desembarcó al género superheroico para gritarnos que todo aquello era locura, depravación sexual y deseos adolescentes de violencia. Alan Moore era conocido por dos y el del tambor antes de la explosión de películas superheroicas actuales, y ahora está hasta las narices de todo lo que tiene que ver con las adaptaciones de sus películas. V de Vendetta (la película) ha conseguido ser un símbolo a nivel popular, aunque él renegara de ello. Más allá de que esté mal de la cabeza, en esto Alan Moore tiene razón: el mensaje de la película es casi el opuesto del que él intentó trasladar en el cómic.

RESUMEN PARA QUIENES SE CANSAN RÁPIDO DE LEER Y SÓLO BUSCAN LO IMPRESCINDIBLE PARA HACERSE LOS LISTOS DELANTE DE POSIBLES OBJETIVOS SEXUALES:

Alan Moore es cool, el cómic Neonomicon mezcla cosas de un tío muy raro llamado Lovecraft y que da mucho mieico. Como no hay película no la conocéis, paletos, no como yo que he leído un párrafo en un blog sobre el tema.

PARTE PARA EL RESTO:

Alan Moore es lo que se encuentra uno cuando las conversaciones de cómic en internet duran mucho. “Ah, Watchmen, obra maestra“. Y ya está, todas las discusiones acaban. Y no decimos que no, pero parece que diciendo esto uno puede pasar por experto en cómics. Que haya legión de gente que hablando básicamente de Alan Moore y Frank Miller se hagan pasar por entendidos es maravilloso. El cómic superheróico sirve para ligar y hacerse el listo delante de gente normal. Hay chicas con camisetas de superhéroes sin ser favores a sus novios/maridos/amantes. El hombre ha hecho más cosas aparte de Watchmen y V de Vendetta, y desde aquí queremos hablar de una de ellas.

Alan Moore desde sus grandes éxitos ochenteros ha ido mucho por su cuenta. No ha dejado de hacer cosas más o menos buenas, pero ha ido mucho por libre. Tengo la teoría un tanto tonta de que muchos autores de cómic como realmente rinden es cuando están limitados por el dibujante-el editor-la editorial, y que las más de las veces cuando alguien que ha hecho algo muy bueno va por libre no suele ser para mejorar lo ya hecho. Creo que a Alan Moore le pasó, como a tantos otros (incluído el mismísimo Kirby). Por razones que no vienen al caso, Alan Moore tenía problemas con sus pagos de impuestos y necesitaba dinero pronto. Así que recurrió a algo que parecía hecho a propósito para alguien como él: un cómic basado en la obra de Lovecraft.

Lovecraft es, para quien no lo sepa, el creador del llamado Horror Cósmico, del mítico relato “La Llamada de Cthulhu” y toda su mitología. Relatos que siempre guardaban un esquema parecido pero que transportan al lector el miedo a lo omnipotente, desconocido y horrible. Relatos de gente que se encuentra demasiadas cosas que no puede comprender y que al intentarlo cae en el abismo de la locura. Debido a cómo construía sus historias, Lovecraft es complicado de trasladar al cine o los cómics. Jugaba mucho con la imaginación del lector, al hablarle de colores que no existen, el protagonista a veces no tiene palabras para describir lo que está viendo o sintiendo, etc. Mucho del horror de Lovecraft tiene que ver con el lenguaje de los libros, con lo insinuado literariamente. Y detrás el terrible mensaje de su obra: hay cosas mucho más viejas que nosotros que es mejor no saber ni conocer, pues su conocimiento sólo lleva a la locura o la muerte. No somos el centro del universo, ni mucho menos. No es ningún secreto que Lovecraft es una de las influencias más decisivas en la primera película de Alien y que ha inspirado dios sabe cuantos juegos de rol, videojuegos e incluso alguna canción que debería implicar algún tipo de castigo legal para sus creadores. Menos mal que los videojuegos han mantenido sorprendentemente bien el espíritu lovecraftiano en aventuras gráficas clásicas como Alone in the Dark (1992), Shadow of the Comet (1993), Prisoner of Ice (1995) o el muy reciente Bloodborne (2015).

En principio Alan Moore traslada la historia a una cosa más o menos modesta. Una investigación policial sobre asesinatos y drogas ambientada en la actualidad. Muy bien dibujada por Jacen Burrows, pero nada del otro mundo. El relato progresa y Burrows consigue que las escenas de visiones y cosas sobrenaturales lleguen a ser creíbles y espeluznantes. Si es posible una traducción gráfica de los mitos de Cthulhu desde luego que Burrows se acerca mucho. Y más cuando las primeras escenas sobrenaturales aparecen de golpe, en un contraste visual enorme de donde venimos hasta ese momento. Después Alan Moore hace una historia sencilla de seguir, en la que hará numerosos homenajes a muchos de los relatos de Lovecraft a lo largo de la historia: el nombre de la banda de rock, expresiones de los personajes que recuerdan a otras famosas de los relatos, etc. Alan Moore pone el dedo en la llaga en dos cosas de Lovecraft que suelen pasarse de puntillas entre tantos y merecidos halagos: la casi ausencia de toda cosa sexual en sus relatos (quitando de un modo un poco indirecto “La Sombra sobre Innsmouth“) y su nada disimulado racismo. De la ausencia de todo lo sexual hará el autor un vehículo conductor para la trama, haciendo que algo que permanece oculto en la obra de Lovecraft, como mucho mencionado de modo indirecto, se convierta en lo central.

Es un giro muy original a los ochocientos mil derivados de los mitos de Cthulhu, que parecen casi todos iguales (el familiar muerto que te lega una casa/un manuscrito y tú vas a investigar, una y otra vez, y otra, y otra). No sólo por el desarrollo, también por cómo intenta transmitir el Horror Cósmico a través de narración gráfica. Hay partes necesariamente explícitas, no hay más remedio, pero el final, sugerido y sutil, es más terrorífico que una escena sanguinolienta al uso.

En definitiva, el trabajo alimenticio de Alan Moore es una cosa realmente original dentro de las cosas relacionadas con Lovecraft. Un punto de vista nuevo, bien pensado y con su vena crítica respecto al autor de los Mitos. Más que recomendable a todo el mundo, y especialmente a los aficionados a Lovecraft.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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