¿Siguen siendo Los Oscar el máximo exponente de las entregas de premios?

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Tras una gala de Oscar 2018 alargada hasta la extenuación (como acostumbran), lenta y, en definitiva, insulsa en su mayoría; Twitter y otras Redes Sociales se llenaron de comentarios negativos en relación a ella. Algunas personalidades resaltaban lo prescindible del evento y, mayoritariamente, su duración; aquejándose de que, quizá, el sábado sea un día más acertado para posicionarla. Cosa de la que, particularmente, estoy de acuerdo. Pero dejando polémicas escritas aparte y creando las nuestras propias, desde Las Cosas Que Nos Hacen Felices nos preguntamos si los Oscar siguen siendo la máxima expresión de las entregas de premios o si, sin embargo, han quedado diluidos por otros festivales/entregas de premios que hoy en día suman más atractivos, ya sea por su formato, fecha o tipo de cine al que acuña. Así pues, comencemos.

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Lo primero: ¿son los Oscar una gala divertida de ver? NO. Rotundamente no. Como he dicho al principio es un evento alargado hasta la extenuación, lento e insulso; con un grueso que es más prescindible que las películas de Uwe Boll (que, mirándolo desde otra perspectiva, son absolutamente necesarias). Pero no solo eso, sino que además falla en su propia naturaleza, gracias a una premisa bien fácil: un evento hecho por (supongo) y para cinéfilos que no aguantan los cinéfilos. ¿Qué nos deja esto? Un acontecimiento anual dirigido a un público que lo rechaza y que, particularmente, sobrevive gracias a otra clase de personas que, en un acto de fe, están dispuestas a aguantar un lunes sobreviviendo por una gala que dura toda una noche. Paradójico. Y que, además, cada vez contenta a menos gente -en esta edición, los datos de audiencia se han desplomado-, dividida, notoriamente, en dos sectores diferenciados por las siguientes praxis: público generalista y público de nicho. 

Público Generalista

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EL PÚBLICO GENERALISTA VE SERIES. Probablemente esta afirmación te haya despertado los demonios más profundos que lleves y te haya alzado en cólera, pero es una realidad más grande que la Torre Eiffel. ¿Por qué? Mayoritariamente, por varios motivos. El primero es porque las series han sabido adentrar en los gustos de este público y ofrece narrativas más arriesgadas e innovadoras, que han casado con los cánones tradicionales del formato. El segundo es el ritmo de vida del espectador medio, ahogado por unos horarios que lo oprimen y obligado a ver gran parte de los contenidos en móviles o tablets, durante trayectos, que se amoldan más a la duración de los contenidos serializados. No hay más que ver las decisiones de las plataformas en poder ver contenido offline y sin tirar de datos, precisamente ideadas para este fin.

Al menos en España, los espectadores van menos al cine y, en el caso de hacerlo, apuestan por las películas de majors (Disney, Fox, Universal y demás) o algún éxito del momento (véase La La Land: La Ciudad de las Estrellas), animados por el boca a boca. Esto quiere decir que, efectivamente, el espectador medio no suele ver las películas de los Oscar. Por tanto, le dan igual.

Público de nicho

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EL PÚBLICO DE NICHO VE CINE DE AUTOR. Sí. Bueno… sí y no. El público de nicho ve Cine de Autor, a veces comercial, y prefiere perderse en circuitos (véase festivales europeos o cultura japonesa) que considera más calmados, profundos y potentes en su idea original. Lo cual considero todo un acierto: ni los norteamericanos hacen las mejores comedias (a excepción de The Office Friends que, ¡SURPRISE! son series), ni hacen los mejores dramas. Entonces, ¿qué pueden importar los Oscar? Si, de hecho, sus mejores autores suelen moverse por otros circuitos (véase David Lynch) y las mejores películas del año no son mejores, generalmente, que los títulos más potentes a nivel europeo. Este público suele moverse por festivales como Venecia, Berlín o Cannes y huyen de los Oscar; con honrosas excepciones.

En definitiva, en medio de este paradigma -que no lo digo yo, lo dice el entorno- hay otras entregas de premios más interesantes. Un ejemplo son los Globos de Oro, que han sabido dar con la tecla y ofrecer una gala algo más corta y que, además, no se olvida de las series. Por tanto, el mensaje es sencillo: si quieres una gala para el gran público, haz una gala para el gran público. ¿Qué opináis? Sed Felices. 

PD. Os recomiendo este artículo de mi amigo Fernando: Del Toro, Cuarón e Iñárritu: los tres reyes de Hollywood

el autor

Viejoven. Cinéfilo hasta las trancas y adorador del arte creado por un tal David Lynch. Ando perdido entre blogs y webs intentando encontrar el auténtico objetivo del 7º Arte.

1 comentario

  1. DEP MALCOLM el

    Interesantes tus reflexiones Antonio.
    A mi no me pareció tan mala la gala de los Oscar, estuvo entretenidilla para mi. Para desastre los Goya, aqui uno que se la tragó enterita, ya al final me sangravan las córneas.
    Es jodido hacer una gala de premios, tener que entregar muchos premios y a la vez que sea dinamica y enganche a los telespectadores es dificil. Los Globos parten con algo de ventaja, como no dan premios a los apartados tecnicos de pelis o series
    ( fotografia, maquillaje, … ) la gala es mas corta y mas facil de hacer algo dinamico.
    Cierto que la peliculas nominadas en los Oscar tienen un perfil mas comercial que las pelis del Festival de Cannes, aunque estas mismas pelis tambien se han podido ver en estos festivales, por ejemplo La forma del agua ganó un premio en Venecia.
    Del Toro es tan autor como Haneke , creo yo, aunque él hace films mas accesibles para el gran publico.
    Felicidades por el articulo, muy interesante.
    Un saludo!

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