Valkyria Chronicles: el cuadro en movimiento de la Segunda Guerra Mundial

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Hay gente angustiada por no llevar el tren de vida cultural mayoritario. De verdad. Gente que tiene que ver el último capítulo de Juego de Tronos en cuanto sale en el mismísimo Imperio, que si no todo el mundo le habla de él y ya no puede comentar ni entrar en aquellos apasionantes debates. Carreras, conexiones que no van, ansiedad social anticipada: ¡vas a ser un paria! ¡qué haces con tu vida que no te matas por ver lo más rápido posible el último episodio de “Viendo crecer la hierba” (antes conocida como “The Walking Dead“)!

PEDAZO DE SERIE

Aquí no estamos para fomentar aún más la ansiedad y los agobios, todo lo contrario. Queremos compartir un poco de nuestra felicidad con vosotros, amado público que leéis esto mientras hacéis que trabajáis. Animamos a ver o jugar lo que uno le apetezca, por chorras, poco actual o poco elevado culturalmente que sea. Reiros de quien se ve películas de amoríos, series chorras ultraviolentas o películas de Los Cuatro Fantásticos a escondidas, reíros bien: esas cosas se hacen a pecho descubierto, sin complejos. A leer, sin embargo, no animamos en absoluto: es cansadísimo, se te va la cabeza y a saber si se te ocurre ponerte a escribir inspirado en lo leído. Dejad eso a los profesionales (si alguna vez conocéis a alguno).

Es por eso que desde aquí queremos hablar de lo último que he jugado: Valkyria Chronicles, que está para PlayStation 3, 4 y PC. Salió en 2008 para PlayStation 3 pero en 2014 salió para PC y luego para PlayStation 4. Lo normal es encontrárselo por 20 euros de nada. Sí, en vez de ponerme con videojuegos recién salidos al mercado me pongo a jugar a un videojuego de hace ocho años que han remasterizado hace dos. Y es así porque…me encanta.

La mismísima SEGA nos ha regalado esto. Un mundo muy parecido a la Europa de los años 30, con dos bloques: el occidental (una especie de mezcla entre Inglaterra y EEUU) y el Imperio (una mezcla estética de la Alemania nazi y la URSS). En medio, un pequeño país similar a Holanda que tiene un recurso natural imprescindible para ganar la guerra. Un país pequeño que se verá invadido por los nazis-comunistas, destrozando molinos e invadiendo el país de llanuras y gente que vive feliz en sus aldeas. Panaderos, maestros, bailarinas: eso será el ejército del país invadido, Gallia. Efectivamente, es la gente que llevaremos.

El juego es lo que suele llamarse RPG Táctico. Es decir, parecido a los fantásticos Fire Emblem o Final Fantasy Tactics. Elegiremos unos personajes antes de cada batalla, cada uno de ellos perteneciente a una clase: explorador, francotirador, ingeniero, etc, cada uno con sus pros y sus contras, con sus acciones especiales y sus ventajas. Luego tendremos una serie de puntos de acción, que usaremos para mover a un personaje, para dar ordenes (dan bonificaciones a nuestras tropas) o nos los guardamos. Luego le tocará al enemigo. Cada vez que movemos los soldados enemigos nos irán disparando si nos ven, pero dejarán de hacerlo al acabar el turno. Al acabar, nos darán puntos de experiencia y dinero. El primero va para subir los niveles de las clases: aquí no sube de nivel un personaje concreto, suben todos los de una clase a la vez. Creo que es una solución elegante que hace que varíes más de personajes. El dinero va parar mejorar armas, armaduras, bombas o hacer mejor a nuestros tanques.

El juego tiene una mécanica muy fácil de aprender, a la que vamos metiéndonos poco a poco, y que nos va metiendo en cada misión en nuevas situaciones que hacen que tengamos que pensarnos muy bien las cosas para avanzar. Batallas urbanas, en el desierto con tormentas de arena, en el bosque donde hay mil escondrijos, en una mina, defendiendo campos de refugiados, enfrentándonos a tanques de tamaño imposible, asaltando fortalezas gigantescas, resistiendo ante enemigos invulnerables, etc. Veremos de todo, la verdad, las misiones son enormemente variadas. Y justas: cuando no lo consigues en el fondo es como cuando no has conseguido acabar un puzle. Especialmente con las batallas con los “jefes”: son, en el fondo, puzles. Tienes que adivinar el orden en que tienes que hacer cada cosa. Es un juego exigente pero no imposible ni mucho menos.

Los malvados de la historia, en toda su gloria nazi-comunista

Aunque sólo con esto sería simplemente un buen juego de rol táctico, lo que enamora de verdad es todo lo estético. Todo ese aire anime, como pintado con acuarelas, toda esa quietud bellísima de los paisajes que cambia violenta y espectacularmente en un momento, como si los cuadros pudieran moverse. O los propios diseños de los personajes, especialmente de los oficiales del Imperio: es una maravilla para todo amante del manga y del anime.

¿Y la historia? Es un cliché bien llevado del clásico shonen: el protagonista inocente, bondadoso y talentoso es aquí un maestro aficionado a estudiar bichos. Es en esencia el Goku, el Oliver Aton, el Naruto de siempre: aquí se llama Welkin. Está la chica con carácter que hace de protagonista, y que es una panadera (Alicia). Está el lobo curtido en mil batallas que habla mal pero cuya socarronería te hace sonreír (Largo). Está la chica más dura que ningún chico (Rossie) y la inocente angelita de la madre de dios (Isara). Tenemos un emperador malvadísimo obsesionado con el poder a toda costa, a una clásica esbirra superpoderosa obediente hasta el fin (Selvaria) y a todos sus encantadores nazis-comunistas. Hasta tenemos leyendas de seres con superpoderes, transformaciones en “Superguerrero/supersaiyajin” y una “muerte de Krilin”. No puede ser más típicamente shonen, no puede ser más cliché, pero, desde el mimo y cuidado Sega ha conseguido que la historia mil veces contada nos vuelva a gustar una vez más. Es complicado explicar las razones, pero tantas horas reventado tanques hacen que uno le pille cariño al tontorrón de Largo, por ejemplo.

No deja de ser divertido  la trama de esta “Segunda Guerra Europea” y su versión en el mundo real, la Segunda Guerra Mundial. Se nos presenta a los protagonistas como un grupo de panaderos, maestros y civiles bondadosos, cada uno con su cara, historia y personalidad, enfrentándose al clásico ejército de malvados soldados anónimos tapados con sus cascos negros. Los nazi-comunistas tienen una leyenda de unos “judíos” (en el juego, los Darcsen) que trajeron la desgracia a Europa y de cómo una leyenda clásicamente germánica “salvó” a Europa…pasaremos por el drama de los campos de concentración y por el hecho de que varios protagonistas odian a los Darcsen/judíos. Es curioso que yo no recuerde ningún juego de la Segunda Guerra Mundial que nos haya mostrado lo necesario del antirracismo y del peligro de antisemitismo como este juego japonés.

Al final, el juego es un canto a la esperanza. Los protagonistas no son violentos, ni agresivos, son gente inocentemente buena empujada a defender su hogar. No huyen, luchan y pelean siendo conscientes de lo malo que es segar vidas, incluso en varias partes del juego se consigue ver soldados sin casco, permitiendo momentos de comprender que los otros también tienen madres, sueños, familia. Los protagonistas son los buenos, no por designio divino, sino porque saben del daño que van a tener que hacer para defender lo que es justo, sin gustarles lo que tienen que hacer, sin ardores guerreros ni macarrismo. Lo hacen por necesidad, no por gusto. Por eso son los buenos. Es curioso, otra vez, como un juego de rol táctico japonés se mete en un berenjenal así y sale con muchísima más dignidad que tantos juegos de la Segunda Guerra Mundial occidentales.

Y el final, claro. Podríamos acabar con un clásico final en el que vencemos al malo y somos los reyes del mundo, clásico de toda fantasía friki-adolescente-pajillera. Aquí no. No hay un final masturbatorio y adolescente, hay todo un final en el que el poder, en este caso el militar, sólo es un instrumento para conseguir la libertad, no un fin en sí mismo. Es lo que diferencia a los protagonistas del malo malísimo, el Emperador, que cree en el poder como un fin en sí mismo. Un final digno del mismísimo Cincinato.

No sé qué más decir para que lo compréis y juguéis. Es maravilloso, precioso, divertido, encantador, con moralejas fantásticas y muy rejugable. A mi me ha hecho inmensamente feliz. Da igual que lleve años ahí. Lo tenéis a 20 euros, insisto, en Steam o para PlayStation. Además, tuvo su serie de anime y todo (de 35 episodios, que yo aún tengo por ver). Jugadlo, gozadlo, pasad del escalada friki de ansiedad por la actualidad.

Sed felices.

el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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