3 ejercicios de cine irresponsable, perturbado y para mentes perversas

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Desde que Disney y las demás majors cogiesen el toro por los cuernos y produjesen películas comerciales (de superhéroes, mayoritariamente), convirtiendo Hollywood en un submundo súper-poblado de trajes de mallas y humanos con poderes inhabituales, la industria cinematográfica se ha convertido en dos ramificaciones cada vez más heterogéneas: el Cine Comercial y el Cine de Autor. ¿Qué quiere decir esto? Fácil, que cada vez el cine comercial es más cine comercial y el cine de autor es más cine de autor; lo que da lugar a que se distribuyan, en algunos casos, por circuitos independientes y a que haya dos corrientes de cineastas.

Sin embargo, hubo una época donde jóvenes (en algunos casos, no tan jóvenes) cineastas demostraron que no hacía falta mucho para empaquetar una buena obra y otros que, al contrario, demostraron que es posible hilar cosas endiabladamente mal con todo a su favor. ¡Comencemos!

El Vengador Tóxico – 1984

Dada la gran mano que tiene mi compañera Sofía para redactar sus ya indispensables Reseñas Basura, la última publicada me ha motivado a echar un vistazo al pasado y acordarme de una compañía que tiene un hueco en el corazoncito de muchos cinéfilos. Hablo de Troma Films, una de las banderas a la hora de referirse a cine de Serie B y portadora de algunos indispensables títulos del género, como la que venimos a hablar: El Vengador Tóxico. 

Pero, ¿quién es este personaje? Es Melvin, un limpiador de gimnasio de la pequeña localidad de Tromaville, que cae en una cuba radioactiva cuando huye de una pandilla de jóvenes; convirtiéndose en un monstruo mutante, radioactivo y con súperpoderes, que librará a la ciudad del mal.

El Vengador Tóxico es todo un ejemplo de cómo producir algo que no caiga en desgracia, no deje en ridículo y, a su vez, sepa darle al espectador lo que ofrece desde su principio. Ni más ni menos. Es decir, todo un ejemplo de construir algo “sólido” con una personalidad propia y centrándose en un determinado público que sabe lo que va a encontrar desde el momento que accede a la propuesta.

Pero vayamos hacia otro ejemplo que, bajo mi criterio, es más representativo.

Bad Taste (Mal Gusto) – 1987

Cuando en 1987 irrumpió un jovencito Peter Jackson dentro del panorama audiovisual de la Serie B (más Z que B, mucho más), nadie se esperaba que, en 1999, rodaría una de las trilogías más recordadas por cualquier amante del 7º Arte: El Señor de los Anillos. Y es que Jackson lo dejó muy claro desde los orígenes: que lo suyo, es talento puro. ¿Por qué? Por construir una de las películas más locas y gamberras que mis ojos han visto y por, además, demostrar que no hace falta (casi) nada si la idea es buena y tienes a alguien dispuesto a apostar en ella, no necesitando ni un gran productor.

Puede que con el paso de los años el hombre nacido en Nueva Zelanda haya venido a venos y convirtiese la trilogía de El Hobbit en algo indigno para ser adaptación de Tolkien. Sí. Pero sus primeros años como realizador enamoraron a Hollywood y le estamparon en la cara que si quiero, puedo. ¿Quién tendría la brillante idea de filmar a unos extraterrestres con ganas de aniquilar humanos? ¿Quién tendría la brillante idea de que su carne fuera a una hamburguesería espacial? Pues alguien con mucho talento y poco dinero, simplemente, pero con una valentía como lo alto de la Torre Eiffel. 

Resident Evil 5: Venganza – 2012

Y, ahora, tras haber comentado dos ejemplos de que “con poco, se puede”, hablemos de algo que deja patente el “con todo, no se puede”. Sí. Hablemos de la saga Resident Evil, la infame adaptación de los vídeojuegos, un ejemplo de cómo destrozar algo establecido utilizando los elementos narrativos como arma más que como herramienta.

Es cierto que sus tres primeras entregas son “dignas”, medio salvables, y que la primera sabía jugar decentemente con los elementos de Terror/misterio que disponía; pero desde Resident Evil: Ultratumba (el título ya es criminal) la franquicia cayó en una espiral de errores que la hicieron convertirse en un estandarte de adaptaciones indignas. Ni unos efectos buenos efectos digitales, ni unos buenos personajes, ni una buena dirección y, sobre todo, ni una buena historia que contar: porque Resident Evil 5: Venganza es un esperpento de 65 millones que no hay por dónde agarrarlo. Todo un ejemplo de que, con todo, no se puede; y que solo hace falta la cabeza de uno mismo.

Anotación: podría haber puesto cualquiera de las tres últimas, pero recalco la quinta al ser la madre de todos los errores (y eso que las otras no estás exentas, precisamente).

Hasta aquí este pequeño especial, rareza, que he querido compartir con vosotros. No sé si estaréis de acuerdo o querréis lapidarme, pero, en cualquier caso, estaré encantado de leer vuestros comentarios y opiniones, a la par que pregunto: ¿creéis que la industria va en la buena dirección? Sed felices.



el autor

Ex colaborador de Las cosas que nos hacen felices al que agradecemos su tiempo y su aportación. Muchas gracias.

1 comentario

  1. Mario Fernández el

    Me ha hecho gracia ver Resident Evil 5 después de las dos anteriores, porque aparentemente es la mejor de las tres pero en el fondo es el mojón más grande. Recuerdo la maratón que me hice de Resident Evil, hará unos dos años. Solo había visto la primera y me dio por verlas todas en menos de una semana. La dos no estuvo del todo mal (dentro de lo que cabe), la tercera… bue… regulera regulera. Después de ver la cuarta ya supe que esta saga iba directa al lodo, pero vi la quinta, por pena más que nada. Madre mía… Todavía me sigo encontrando arduos defensores que creen que es buena y todo. Después de habar un poco con ellos y darme cuenta de que hablan en serio, me río un rato y me voy. Qué sano es reírse… sobretodo de bazofias como esta. Lo que no es tan gracioso es que ahora mismo Hollywood está cayendo al nivel de Resident Evil 4… Miedo me da lo que pueda pasar… Miedo me da…
    Un saludo Antonio 😉

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