Análisis American Horror Story: Apocalypse. Capítulo 9

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Buenos días queridos lectores, y bienvenidos a lo que viene siendo la recta final de esta historia, donde se nos prometía algo que al final ha sido completamente distinto, aunque precisamente esa es la especialidad de AHS. Por otro lado, episodio en el que por fin se nos va dando un contexto de cómo se llegó a la situación de una guerra nuclear. Comencemos.

Sigo bastante sorprendida ante dos sucesos que se repiten una y otra vez, el primero es ver como American Horror Story es capaz de juntar elementos aparentemente imposibles de conciliar, que de hecho quedan bastante ridículos y fantasiosos y que sin embargo consigue de alguna forma funcionar y resultar muy entretenidos. El segundo es mi incredulidad al ver cómo hacen eso, aunque me lo hayan hecho literalmente en cada temporada, y que siempre me de entre una vergüenza espantosa y una curiosidad infinita. En este caso la razón de mi risa fue la mezcla del anticristo, los viajes en el tiempo y los Iluminati, cosa que es simplemente genial.

De nuevo creo que lo más analizable del capítulo es el personaje de Langdon, que muestra una dualidad entre ser un ser maligno o humano interesante. Realmente no había caído hasta este capítulo en que Langdon realmente tiene la edad mental que le corresponde, la de un niño pequeño, con la ingenuidad y dependencia de una figura que los acompaña. Esto se refleja en la asfixiante admiración que siente el mismo por la Sr. Mead, de la que depende para tomar todas y cada una de las decisiones que le llevarán a lo que parece ser su propósito, la destrucción del mundo. Lo que no sabe Langdon, y es aquí donde entra su ingenuidad, es que después de todo la Sr. Mead se trata de una inteligencia artificial, y como tal puede ser manipulada por cualquier persona que cuente con la tecnología y habilidad informática adecuadas. Así es como destruir el mundo, en el fondo, no se trata de una idea del propio anticristo, sino de gente más inteligente y con más experiencia real a sus espaldas. Y es aquí donde surge la pregunta, ¿somos los seres humanos el propio anticristo? Seres estúpidos, sucios, terribles y carentes de cualquier escrúpulo los que en el fondo manipulamos al mismo mal para que juegue a nuestro favor y bajo nuestras reglas. Al final ha resultado que Langdon no era más que un niño propenso a las pataletas y con bastante mala leche que ha sido usado como un peón.

Por otro lado, aún quedan cosas por explicar. Si bien nos han confirmado que han sido ni más ni menos los Iluminati aquellos que han provocado la tercera guerra mundial desde la comodidad del poder, y que el cerebro pensante detrás de todo el plan son los informáticos cocainómanos, ¿quiénes son las personas elegidas para repoblar la tierra? ¿Fueron elegidos por que contaban con un corazón oscuro, perfecto para lo que los satánicos querían? ¿Porqué les darían un puesto con tal valor por el hecho de ser quienes son? Esa es una de las preguntas que aún quedan por resolver, así como si que Mallory o Coco fuesen a sobrevivir estuviese planeado por las brujas o fuese cosa del destino.

Por último quería comentar el momento máximo de surrealismo del capítulo, y es cuando en la serie han decidido ponerse las pilas y darnos una lección de historia en la que nada más y nada menos que Anastasia Romanov era una bruja que no se sabe cómo había aprendido a hacer algunos hechizos, supongo que ayudada por Rasputín o algo así. En cualquier caso el plan de las brujas era enviar a Mallory a la noche en la que toda la familia fue asesinada y cambiar lo que pasó para, atención, comprobar si el hechizo funcionaba. De lo que creo que no eran muy conscientes, claro, es de que si llegaban a cambiar lo que les sucedió a los Romanov quizá Langdon ni siquiera hubiese nacido, por ejemplo, porque no es precisamente un hecho con poca trascendencia, pero en fin. Creo que esta vez se han pasado de rosca hasta para AHS.

En cualquier caso, queda tan sólo un capítulo para el fin de esta temporada y veamos qué sucedió, tanto en el pasado como en el presente. Aquí estaremos listos para comentarlo, ¿vosotros lo leeréis? 

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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