Análisis de El cuento de la criada. Temporada 3. Capítulo 4.

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Bienvenidos una semana más a Gilead, la distopía no tan distópica donde los hombres ostentan un cargo y las mujeres son monedas de cambio. Sin embargo, la revolución se está cociendo a fuego lento…

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DIOS BENDIGA A LA NIÑA.

La orientación psicoterapeútica sistémica viene a decir que la personalidad no solo se configura en base al temperamento del sujeto y a la influencia de su familia directa (padres, abuelos y hermanos), si no también a la educación en la escuela, a los amigos y a la sociedad en general. Esto queda patente en Dios bendiga a la niña, un cuarto capítulo que cambia totalmente de tercio con respecto a los capítulos anteriores.

La Consagración es el evento central del episodio. Un acto en el que Gilead aprovecha para glorificar el nacimiento de los hijos de las criadas y, por tanto, el sistema del gobierno teocrático repudiado por el resto del mundo. Pero también la oportunidad para que Bruce Miller, creador de la serie, reflexione acerca de cómo se diferencia la crianza de los niños en Gilead frente a los que crecen fuera de las fronteras del país ideado por Margaret Atwood.

Es cierto que, como le dice varias veces Joseph Lawrence a June, los “hijos” de los comandantes están seguros en Gilead. Tienen alimento, cuidados y un techo para dormir. Pero, ¿Y su futuro? A todos ellos les espera una educación sesgada cuyo objetivo es el defender un sistema en el que no hay que elegir, si no continuar por el camino para el que has sido predestinado. Esto es especialmente sangrante para las niñas, que se verán abocadas a una educación sin apenas cultura y a una adultez delimitada en estamentos: esposa, tía, martha o, en el peor de los casos, criada. Ni punto de comparación con los niños, con los que ya quedan delimitados desde el primer momento con los colores azul y rosa.

LA RELIGIÓN COMO INSTRUMENTO DE ESPERANZA.

La Consagración no solo sirve para hablar de los niños de Gilead, si no también sobre el papel de la religión tanto en un gobierno teocrático como en la vida de una familia corriente en la sociedad actual.

En otros episodios, descubrimos que June es creyente pero no practicante. Para ella, la religión es un instrumento de esperanza. De hecho, Luke y Moira deciden bautizar a Nicole. No porque quieran que la niña acabe profesando tal o cual fe, si no porque es lo que June, su madre, hubiera querido.

Al compararlo con la Consagración en Gilead, queda claro que la lacra que sufre cualquier religión no es debida a tal o cual dios, si no al uso que las personas hacemos de la fe. En este caso, Gilead utiliza la religión para coartar las libertades y dictar los caminos de hombres y mujeres al provecho de los poderosos, encarnados en la figura de los comandantes.

Ciertamente, es llamativo que, tras tres capítulos llamando continuamente a la revolución feminista, se apueste por un enfoque más conservador a la hora de hablar de un tema que genera tanta polémica como la religión.

SE SIGUE GESTANDO LA REVOLUCIÓN.

En lo que respecta a la trama de esta tercera temporada, la revolución, vemos dos avances. Un paso hacia adelante y, paradójicamente, un paso atrás.

El paso hacia adelante es el de Serena. Tras salir de la casa Lawrence, June vuelve a sentirse como pez en el agua y a manejar los hilos del matrimonio Waterford. Si en el anterior artículo hablamos de la poco explicable ambivalencia de Joseph Lawrence, no menos sorprendente es la difusa relación entre June y Fred Waterford. Este le pide ayuda a June, sabedor de que la criada es la persona que más puede influir en las decisiones de Serena, para recuperar a su esposa. Esto lo usará June en su beneficio, consiguiendo el apoyo de Serena y una nueva aliada dentro de las esposas. Como ya aclaramos en artículos anteriores, una revolución solo tiene éxito si cuenta con apoyos desde dentro del régimen a derrocar. A cambio, Serena da información a June sobre el paradero de Hannah.

Además, el poder ver a Nicole sana y salva legitima la decisión de June al final de la segunda temporada y le da altura moral frente a Serena, temerosa de haber confiado erróneamente en la criada. Veremos en qué queda la alianza entre las dos protagonistas de la serie.

Por otro lado, el paso hacia atrás es el de tía Lydia. Todo un símbolo para el régimen. Un alto cargo de Gilead que, sin embargo, no participa de los festines de los comandantes, si no que tiene que observarlo todo desde la cocina. Frustrada por su afecciones físicas, da una paliza a DeHoward y cae en vergüenza ante la sociedad que la creo, avergonzada de que un gran día para Gilead se viera salpicada por una agresión de estas características. Poco parece importar que June la desafíe abiertamente y, una vez más, se libre de un castigo. Tía Lydia descubre la indefinición de su posición y como se ha convertido en el perro de presa de Gilead. ¿Será el germen de un conversión? Es pronto para saberlo.

Un saludo y sed felices!

Hasta la semana que viene!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

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