Brillante nueva entrega de Fargo, serie que no nos deja de sorprender: aquí el análisis completo del noveno episodio de la cuarta temporada, que pueden ver en FX o, para España, a través de Movistar+.
Hola fargueros, bienvenidos sean a un nuevo análisis de Fargo y espero que, como yo, estén de pie, aplaudiendo y con el sombrero quitado en caso de que lo usen, pues hemos presenciado un episodio memorable. La serie creada por Noah Hawley no deja de sorprendernos, al punto que cuando creemos haberle encontrado el ritmo o saber el rumbo, nos arroja a la cara un balde de ácido con episodios como este, casi al nivel de cualquier película de los hermanos Coen y logrando que una historia de gangsters sea capaz de rendir peculiar homenaje a un clásico inolvidable como El Mago de Oz. Lo visto, de tan bueno, casi ni se puede comentar, pero lo intentaré.
Cumplo en advertir, como siempre, que SE VIENEN VARIOS SPOILERS DE LA TRAMA y en recordarles que pueden ver aquí nuestros análisis anteriores.
Sin más trámite, les invito a sumergirnos en este increíble episodio titulado Este / Oeste. Y no lo olviden: “los sucesos que aquí se narran son reales; ocurrieron en Kansas City, Missouri, en 1950. A pedido de los supervivientes, se han cambiado los nombres; por respeto a los difuntos, el resto se cuenta tal como ocurrió”.
Plutón
“ La vida no es más que una competencia por ser el criminal antes que la víctima.»
Esta cita de Bertrand Russell da inicio al episodio, tras lo cual la cámara recorre los restos de una construcción aparentemente arrasada por algún fenómeno (uniremos cabos al final). Entre las rotas maderas de una caída tirantería, se aprecia un libro titulado La Historia del Verdadero Crimen en el Medio Oeste (el mismo existe y fue utilizado de modo similar en el noveno episodio de la segunda temporada), con sus arrancadas páginas diseminadas aquí y allá. La imagen, finalmente, se detiene en una de ellas, que da inicio al séptimo capítulo cuyo título es “¿Quién le disparó a Willy Bupor?” y que, por lo que se ve, hace referencia a un crimen cometido en una gasolinera en 1950, año en el cual, justamente, transcurre la historia de esta cuarta temporada.

Si en los dos episodios anteriores estuvimos perdidos acerca del paradero de Rabbi y Satchel, aquí se nos pone perfectamente al día, ya que la historia gira básicamente en torno a ambos aun cuando, paradójicamente, no comience con ellos.
Mientras la fotografía nos impacta cambiando drásticamente a blanco y negro para mantenerse así casi hasta el final, nos anoticiamos de que estamos ahora en el estado de Kansas (no confundir con Kansas City, Missouri, en donde venía transcurriendo la historia) y vemos a un auto detenido al costado de la carretera mientras su conductor baja a fumar un cigarrillo junto a un monolito que recuerda que allí vivió sus años de infancia Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón.

Se trata del tuerto Omie (hombre de Cannon), quien observa la inscripción con la misma indiferencia con que escucha los golpes en el maletero de su auto, dentro del cual, al abrirlo instantes después, vemos que viaja atado Aldo Abruzo, hombre de los Fadda, a quien han obligado a darles el paradero de Calamita (a quien, recordemos, Loy Cannon quiere muerto por el asesinato de Doctor Senator). Abruzo se queja por llevar seis horas allí dentro y cuando pregunta en dónde se hallan, Omie, lacónico, responde: “Plutón”.
Llegan a una gasolinera, cuyo encargado parece preocupado por la guerra en Corea y, particularmente, por el reclutamiento de afroamericanos; también se intriga por los golpes en el maletero aun cuando admite que no son de su incumbencia y, en efecto, Omie nada dice al respecto.

Un instante después, sin embargo, saca de allí a Abruzo y ambos se ponen a pintar el lugar como parte de un acuerdo a los efectos de que se les permita esperar allí la llegada de Calamita, de la cual el encargado, desde ya, nada sabe.

Cuando ven llegar a Calamita, Abruzo intenta escapar, pues sabe que a Omie ya no le sirve, pero el hombre de Cannon, más rápido, lo ultima con un disparo y se apresta a dar igual trato al recién llegado.

Este y Oeste
Volvemos a la carretera y quienes ahora viajan en auto son Rabbi y Satchel: primera vez que los vemos desde Camp Elegance. A un costado, un monolito conmemorativo del descubridor de Plutón evidencia que el azar, quizás fatalmente, ha hecho confluir sus derroteros con los de Omie y Abruzo. Un gran letrero, con texto aún incompleto, reza: “El futuro es…”.

Llegados a una pequeña localidad llamada Liberal, hacen parada en el hotel más extraño del mundo. La recepcionista, viendo a Satchel, los anoticia de que “a las hermanas no les gusta la gente de color” aunque, extrañamente, ella también lo es.
Rabbi interpreta que se trata de un hospedaje regenteado por monjas, pero resulta que las propietarias son hermanas en sentido literal y, debido a una disputa familiar, cada una de ellas controla una parte diferente del hotel: una tiene a su cargo el ala este y la otra el ala oeste. Las noticias de fondo, de modo alegórico, no paran de hablar de la guerra de Corea entre rimbombantes discursos que llaman a salvar el occidente cristiano.

En la habitación asignada, Satchel encuentra dentro del ropero una perra cuyo nombre, según su collar, es Rabbit. El animal sale a la carrera de la habitación y el niño tras él: logra encontrarlo, pero en la búsqueda se topa con otros huéspedes. Mientras bebe licor, uno de ellos se compromete a mantener su secreto si él mantiene el suyo (al parecer, “las hermanas” no permiten animales ni alcohol).

Regresando de hacer compras, Rabbi se molesta al hallarlo fuera de la habitación, pues su presencia no debe hacerse muy visible si quiere seguir con vida. Pero ahora el hotel lo sabe y, de hecho, terminan compartiendo un larga mesa con el resto de los huéspedes, uno más estrafalario que el otro.

A cada uno de los extremos se ubican las hermanas, escena casi surrealista que remite al mejor cine de los hermanos Coen: la del este se queja por la presencia del niño afroamericano y la del oeste replica que está en su área y, por lo tanto, ella decide. La guerra familiar se percibe más visceral que cualquier prejuicio racial.

El Futuro es…
Rabbi sabe que, para subsistir, necesitan dinero y, en su filosofía de vida, ello implica el robo: imposible dejar de pensar en la cita de Russell al inicio del episodio. No queriendo dejar nuevamente solo a Satchel, lo lleva con él y, mientras va por la ruta, vuelve a pasar frente al cartel que sigue rezando “el futuro es…”, mientras el encargado de pintarlo descansa plácidamente sentado junto al mismo.
Rabbi, en otra escena muy Coen, detiene el auto y le pregunta por el final de la frase, a lo cual el hombre responde que le pagan por pintar, no por escribir. Consultado entonces acerca de por qué entonces no termina el cartel de una buena vez, responde que si lo hiciera, se quedaría sin trabajo: un diálogo brillante por humorístico y simbólico, pues el disgusto de Rabbi por la frase incompleta bien puede tener que ver con la propia incertidumbre acerca de su futuro.

Rabbi, quien ya conoce la zona, ha elegido como blanco una tienda de electrodomésticos. Dejando a Satchel con su perra en el auto, baja para cometer su robo (al que él interpreta como devolución de un dinero que había dejado allí muchos años atrás) y, mientras lo está haciendo, un agente de policía, claramente racista, golpea el vidrio al niño para preguntarle qué hace allí. No quedando conforme con sus respuestas, le ordena descender del vehículo en el exacto momento en que Rabbi, quien viene de hacer el robo, lo pone al tanto de que está con él y, para mayor sorpresa, dice ser su tutor.

Un momento después, Rabbi se aleja de allí junto a Satchel mientras el agente, intrigado por la presencia de un niño afroamericano en compañía de un hombre blanco, jamás se percató de que a sus espaldas se estaba cometiendo un delito dentro del local.
El Futuro es Ahora
Ya de vuelta en el hotel, Rabbi anuncia a Satchel que partirán en la noche luego de cenar. El niño, siempre de semblante triste, le pone al tanto de que es su cumpleaños. La noticia turba a Rabbi, quien no quiere verlo experimentar la infelicidad que él vivió en su propia infancia. Intenta comprar un pastel o un chocolate en el hotel, pero la recepcionista le informa que no tienen nada semejante y que hay una gasolinera en donde puede comprarlo: fácil adivinar cuál… El irlandés recomienda al niño que no salga de su habitación y, tras dejarle un arma, le dice que si no regresa, es porque está muerto o en la cárcel.
Mientras un amenazante cielo tormentoso se cierne sobre la carretera, Rabbi vuelve a pasar junto al letrero y comprueba que la frase está completa: “el futuro es ahora”. Más disgustado aún que antes, vuelve a discutir a viva voz con el pintor porque, según él, carece de sentido. El hombre, encogiéndose de hombros, insiste en que le importa poco el contenido de lo que pinta: quizás, según dice, se trate de alguna invitación a valorar el presente en una especie de “carpe diem”. Contrariado, Rabbi se aleja, quizás imaginando que su futuro está a punto de definirse de un momento a otro.

Llegando a la gasolinera, encuentra al encargado muerto de un disparo (se trata, obviamente, de Willy Bupor, mencionado en aquel libro). Con el viento silbando y creciendo en intensidad, espía por una ventana y ve a Calamita a punto de rematar a Omie, herido en el piso.

Rabbi intenta huir, pero el italiano, al verlo, olvida a Omie y va tras él. Una vez fuera, le dispara por la espalda pero, a su vez, recibe un disparo de parte del herido Omie, que salió detrás. El afroamericano intenta rematar a Calamita, pero ya no tiene balas y es el italiano quien, herido, se gira y termina con él. Al hacerlo, da la espalda al también herido Rabbi, pero cuando este está a punto de dispararle, un madero pasa volando entre la ventolera y le arranca el arma de la mano.

La suerte parece jugar en favor del italiano, pero el viento llega para todos. Un inmenso tornado se abate sobre el lugar destrozando la gasolinera y levantando autos a su paso, así como al propio Calamita y, por último, a Rabbi. Ahora entendemos a qué venía la destrucción mostrada al inicio del episodio…

En el hotel, Satchel, cansado de esperar a Rabbi, sale de la habitación y es entonces cuando la fotografía cambia brutalmente a color.

A través de la abierta puerta de la habitación contigua ve a un hombre vendado que, entre citas bíblicas, recibe asistencia por parte de un joven. En breve charla con el niño, le anuncia que ya no vendrán inundaciones sino que lo próximo será el fuego; cuando lo insta a acercarse, Satchel prefiere declinar la invitación y regresar a su habitación.
Arma en mano, se mantiene en vigilia hasta quedar dormido y, al otro día, no hallando a nadie en su camino, sale del hotel junto a su perra. Siguiendo la carretera, echa a andar por un paisaje nevado hasta llegar al cartel que reza: “el futuro es ahora”. Un final tan impactante como poético.

Balance del Episodio
No sé qué decir que no haya dicho al principio. Pareció más una película que el episodio de una serie. La acertada dirección de Michael Uppendahl junto a la maravillosa fotografía de Dana Gonzales nos han entregado una verdadera joya llena de absurdo y a la vez de poesía que, tal como dijimos, remite, más claramente que cualquier otro episodio de esta temporada, al cine de los hermanos Coen.

Pudo no verse tan extraño que una historia de gangsters como Fargo homenajease en el episodio anterior a Los Intocables (Brian De Palma, 1987), ¿pero quién podía pensar en semejante homenaje a El Mago de Oz? Repasemos lo visto: están en Kansas, hay un niño siguiendo un perro, hay dos hermanas que, cual brujas, dominan, respectivamente, el este y el oeste, una fotografía que cambia sin anestesia de blanco y negro a color o viceversa y, el broche final, un tornado… Todo remite, inequívocamente, al legendario filme de Victor Fleming de 1939.
El tornado, justamente, representa el imponderable que siempre aparece en Fargo, ese detalle impensado e imprevisto que no debe ser confundido con un “deus ex machina”: no es introducir algo de la nada para resolver lo que de otro modo no se podía, sino meter un palo en la rueda de nuestra estructura mental que, en su comodidad, quiere ir hacia lo lógico y “normal”. Fargo está allí para recordarnos que controlamos nuestras vidas bastante menos de lo que creemos y que el azar, mucho más que el destino, juega con nosotros.

Vuelvo a insistir en la fotografía: sencillamente increíble. La escena del tornado, con las figuras oblicuas recortándose contra un ominoso cielo gris es, verdaderamente de antología y, con todo derecho, cinematográfica: hasta diría que me trajo reminiscencias de John Huston o del expresionismo alemán.

Casi ni nos dimos cuenta que no hemos visto a los Fadda ni a Loy Cannon, ni a la enfermera Oraetta, ni a los Smutny. Es que este episodio vale como gema aislada, con brillo propio… Y me hace agradecer el poder disfrutar de tamaña serie. Qué pena que solo falten dos para cerrar la temporada…

Nos encontraremos la próxima semana, seguramente otra vez en Kansas City, aunque preguntándonos, desde luego, qué habrá sido de ese niño que caminaba por un paisaje nevado en compañía de una perrita…
Hasta entonces, fargueros. Sean felices…




Hola. Muy bueno el análisis. Una corrección. Rabbi no va a robar la tienda, va a recuperar una bolsa de dinero que había escondido en una pared.
Hola Diego:
Gracias por comentar y por el concepto. Claro, lo que pasa es que, en realidad, a sus ojos no es robar porque esa bolsa estaba allí desde antes de que existiera la tienda de electrodomésticos (era una tienda de alimentos, si mal no recuerdo), pero ni siquiera existe la pared en donde la había escondido y, de hecho, él pregunta por eso en la primera visita que hace. Yo lo interpreto como que, a sus ojos, los dueños de la nueva tienda se han quedado con la bolsa que era de él y, por lo tanto, va a «recuperarla». Pero quizás sea mi visión: de todas formas, te aclaro que estuve mucho tiempo dándole vueltas a ese momento puntual para ver cómo lo explicaba en el texto, jaja… Y quizás lo terminé sintetizando en la idea de que «va a robar», pero, como dices, es algo más complejo que eso. Hay muchas situaciones en la serie que, a veces, son difíciles de resumir en pocas palabras.
Gracias por leer y por aportar! Que estés bien!
Hola estimado. Muy buen análisis. Gracias. Yo comparto con Diego en que, para Rabbi, no se trataba de un simple robo sino de la recuperación de su dinero, que habría dejado ahí, años antes. De hecho, los nuevos dueños reconocen que tomaron el dinero, «y que sólo queda eso». Se puede decir que Rabbi es un delincuente «con códigos». Estaba armado, pudo robar cualquier tienda del pueblo. No lo hizo. Sólo fue por su dinero. Coincido contigo en todo lo demás. El episodio fue una obra de arte hecha serie.
Hola, Daniel:
Gracias por comentar y por el concepto. Sí, tal como lo dije antes, yo lo veo como una cuestión de perspectiva. A sus ojos, no será robo porque la bolsa estaba allí de antes; para los dueños sí, porque ellos recibieron el local con la bolsa adentro. Pero bueno, es un detalle interpretativo que busqué expresar del modo más sintético posible y quizás debí ser más explícito al respecto.
Un saludo y gracias por el aporte! Que estés bien
No sé si el autor ha querido rendir homenaje a El mago de Oz, pero a mí, según avanzaba el capítulo me recordaba más y más a la película Las uvas de la ira de John Ford -trata sobre la éxodo de los estados interiores como Oklahoma a California en búsqueda de fortuna-. Esa imagen en blanco y negro es muy parecida. Si no han visto el largometraje, les recomiendo verlo.
Saludos!
Hola, gracias por comentar:
Las Uvas de la Ira es un clásico inmortal de la cinematografía mundial. No se me había ocurrido la posibilidad de relacionarla: es prácticamente contemporánea de El Mago de Oz y es una historia de éxodo, aunque laboral y en plena Gran Depresión. Es posible, desde ya, pues son muchas las referencias cinematográficas en esta cuarta temporada y algunas, obviamente, pueden escaparse: me vienen a la cabeza algunas imágenes de caras tristes mientras van por la carretera.
Muchas gracias por tu aporte! Un saludo y que estés bien
Muy buen analisis. Una gran serie. Vine a parar aquí para exprimir aún mas este capítulo con las explicaciones de un experto 😉
Sólo comentar un detalle. Cada vez que Rabbi se despide de Satchel, le dice que si no vuelve, estará muerto o en la cárcel. Se lo dice siempre en cada capítulo, menos, justamente, cuando se va a comprarle la tarta de cumpleaños, que es precisamente cuando no va a volver. De hecho, ese detalle al decirle a la recepcionista del hotel que si el niño pregunta por él, le diga que vuelve enseguida, nos hizo saltar del sofá al imaginarnos que, efectivamente, esta vez no iba a volver.
Un abrazo y gracias
Hola Rabbi:
¡Qué buen nick!!! Jajaja… Gracias por leer, por comentar y, desde ya, por el concepto. Y qué bueno que hayas caído aquí como consecuencia de tan maravilloso e increíble episodio. Buen detalle: la verdad que no me percaté. Es decir, siempre se lo dice, pero no reparé o bien no retuve que en ese momento puntual no lo hubiera hecho.
Gracias por el aporte y, ya que has caído por aquí, te invito, si así lo deseas, a echar un vistazo al análisis del resto de los episodios. Doy por descontado que con ese nick, eres fan de la serie, je…
Otro abrazo y que estés bien!