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Análisis de Predicador. Temporada 2. Capítulo 10

Bienvenidos, amigos del “no es sí”, una semana más, a Predicador. Tras unas semanas un pelín convulsas, parece que Jesse Custer se halla cerca de su meta final. Todos los personajes se han quitado sus máscaras y nadie nos es desconocido. Si lo son, es que no has pasado por este típico enlace, donde puedes ver los capítulos anteriores. Si ya sabes quien es quien, te invito a descubrir los pequeños y sucios secretos del Padre con el análisis del décimo capítulo de la segunda temporada de Predicador. Al lío.

Jesse y Herr Starr

Bien, tras una maratoniana sesión de sexo muy educativa, Jesús de Nazaret debe hacer algo por su padre. Ya sabéis, morir por nuestros pecados y esas cosas. Nueve meses después, el apostol Judas (el de las monedas no, el otro, el molón, Judas Tadeo), pasa por la cabaña de la concubina a recoger un pequeño regalo. El linaje de Dios.

A pesar de las reticencias iniciales, y de un pequeño golpe amistoso, Herr Starr convence al Predicador para que vaya con él, y se valga de los recursos de El Grial para encontrar a Dios. Y, ¿Qué mejor manera que tener una reunión con sus representantes en la Tierra? El Papa, y el obispo de Canterbury. Pero parece que ni las más altas esferas de lo divino tienen muy claro donde está nuestro señor. Hay rencillas que nunca se olvidan. Pero una cosa está clara. Si el padre no quiere reinar, tal vez su hijo tenga algo que decir.

Todos sabemos que mantener la pureza de sangre no es fácil

Aunque quizá, El Mesías no es la persona más adecuada para gobernar nada. En fín, primero Humperdoo, el decimotercer tataranieto de Jesús, debería saber mear en un baño. Pero no es el caso. Que decepción. Aunque tampoco me sorprende. Así que aquí llegan las dos verdaderas preguntas. Las importantes ¿Para qué buscar a Dios si puedes ser Él? Y, la que es en mi opinión más importante, ¿Estás seguro de que no estás solo Jesse?

Sublime. Maravilloso ese momento final, en el que vemos a cámara lenta, como caen las convicciones de Jesse.

Tulip y Cassidy

Tulip todavía no duerme bien, tras su encuentro con el pistolero, y Cassidy no resulta de mucha ayuda desde que su viejo hijo abrazara la vida eterna, por lo que la chica se las tiene que apañar sola. Papelón el de esta mujer, que me encanta en todos sus papeles. Tulip necesita ayuda y, sobre todo, necesita algo de compañía y cariño. Tras algún tiempo observándola, la agente de Grial sabe perfectamente que, en este momento, Tulip es el eslabón más débil, y la puerta por la que entrar al trío divino.

Pero, venga hombre, hablamos de Tulip. Y ni la mejor agente de la mejor organización puede hacerle un lío, por muy de bajón que este. Porque incluso en sus peores momentos, Tulip controla. Y lo de Dios, pase. Pero no va a contarle a la primer pringada que pase lo de Dalas. Por desgracia, Jenny tiene refuerzos y Tulip cierta debilidad por los débiles.

Como la odio

Cassidy está a la suya, y la “amiga Jenny” no le parece sospechosa en absoluto. Pero lo va a durar poco la vida despreocupada, porque Dennis no es un chaval, pero tampoco es una persona razonable, o una persona en absoluto. Puede que Cass empiece a conocer algo llamado “Consecuencias”. Y peor aún. Su amor por Dennis y su ceguera ante lo evidente, puede estar a punto de costarle a sus amigos.

La opinión de Sofía

No hay pero. En absoluto. Y cualquier pero que haya podido tener a lo largo de esta temporada, se esfuma con este capítulo. Porque aquí está la verdad. Han jugado con nosotros. Desde el principio. Pensábamos, yo la primera, que todas estas tramas inconexas no nos llevaban a ningún sitio. Que Jesse estaba perdiendo protagonismo, y también la búsqueda de Dios, en favor de tramas secundarias como los problemas de Tulip o el hijo de Cassidy.

Pero nunca hubo tramas secundaria. Solo distracciones. Pequeños copos de nieve que han acabado formando bolas enormes, pelotas rodantes que han atrapado a nuestros protagonistas en historias tan distintas, tan alejadas, que es imposible ver un final positivo a esta historia.

¿Nunca más?

Y todo esto con un pequeño toque de humor (¿En serio, no había otro nombre?) y una pequeña esperanza. Después de todo, a Eugene aún le queda un papel por jugar en esta historia. Estoy segura de ello. ¿Cuál? Lo sabremos próximamente. Hasta entonces… sed felices.

Sofia Ricarte
En mis ratos libres soy la Chica Ardilla

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