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Análisis de The Nevers. Temporada 1. Episodio 2

Nueva entrega semanal de The Nevers, la serie steampunk que, creada por Joss Whedon, se emite por HBO. El episodio que nos ocupa es el segundo y se titula Exposición.

Bienvenidos a un nuevo análisis de The Nevers, la serie de Joss Whedon que, como dijimos la semana pasada, ya está desvinculado de la misma, por lo cual la segunda parte de la temporada tendrá como showrunner a la guionista británica Philippa Goslett.

Este segundo episodio arroja algo de luz sobre el pasado de los personajes y sus motivaciones, aunque creo que quiere incluir demasiadas subtramas para una misma entrega. Pasamos a analizarlo, no sin antes recordarles que pueden ver aquí el análisis del episodio anterior, además de advertirles que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.

Sombreros Voladores

El episodio comienza con Elisabetta Cassini, inmigrante italiana que, explotada laboralmente, opera como empleada de una tienda londinense y a la que una situación nerviosa revela como tocada al hacer que un sombrero se sostenga en el aire.

El ya consabido terror ante las tocadas arroja tras ella a los hombres de seguridad y también a las fuerzas policiales, pero su particular habilidad le ayuda a escapar llenándoles el camino de distintos objetos en suspensión.

Por un volante de difusión, sabe de la existencia del orfanato que alberga a sus semejantes y, obviamente, quiere llegar hasta allí, pero por una trampa termina capturada por los enmascarados que en el anterior episodio intentaran dar caza a la niña que habla múltiples lenguas.

La llevan con Hague, el siniestro cirujano que, acorde a los excesos positivistas de la época, realiza monstruosas prácticas a fin de dar con la raíz fisiológica de las habilidades especiales. Así comenzamos a descubrir algún nexo, pero hay más: en el preciso momento en que está a punto de realizar una incisión sobre el cuerpo de la muchacha, se le anoticia de que la jefa quiere hablar con él, lo cual nos indica a las claras que finalmente obedece órdenes de alguien, intriga que veremos develada al final.

El Detective y la Cantante

Tras el secuestro en el teatro de la cantante Mary Brighton, el detective Mundi comanda un allanamiento contra el orfanato por estar convencido de que allí se oculta su captora Maladie o bien está ligada al lugar de algún modo.

La siempre ingeniosa Penance pone en marcha a tiempo un mecanismo que cierra al taller herméticamente mientras Lavinia, con un ardid legal, logra frenar el operativo.

Entremedio y en conversación con Amanda, nos enteramos que la obsesión de Mundi tiene que ver con una relación que en el pasado tuvo con Mary, que lo plantara el día mismo de la boda. Sin embargo, insiste en que su interés es, fundamentalmente, atrapar a Maladie y acusa, de hecho, a Amanda de solo estar interesada en dar con Mary.

Aun con sus impulsos y obsesiones, no parece hombre corrupto ni de malas intenciones y Amanda lo termina ayudando en su pesquisa al punto que, gracias a una pista dejada por Maladie, logra dar con su refugio.

Vuelo de Cuervo

Por su parte, Lavinia ha decidido realizar un evento para presentar a las tocadas en sociedad y así la gente las conozca y vaya perdiendo infundados temores. En efecto, el mismo se realiza y todos quieren fotografiarse junto a Primrose, la niña gigante, en tanto que Myrtle sorprende, de tanto en tanto, a alguna señora de alta alcurnia que le pesca alguna frase en uno de los tantos idiomas que habla.

Penance traba conversación con Augustus Bidlow y parece haber atracción mutua: ella le cuenta que, contrariamente a la idea difundida de que las cargas eléctricas solo pueden encontrarse en cables y bobinas, las puede percibir en el aire por todas partes; él le confiesa que, cada tanto, se siente como si volara corporizado en un cuervo.

Ambos son, desde ya, tocados y, como tales, se toman en serio mutuamente, pero la naciente relación no agrada tanto a Lavinia, quien llama aparte a su hermano para advertirle acerca de las funestas consecuencias que, para la institución, podría traer el que la gente creyese que el evento solo apuntara a emparejar a las internas con buenos partidos que les permitan ascender socialmente. Como tal, le desaconseja por completo relacionarse con alguien que sea tocada e irlandesa.

Tales palabras afectan visiblemente a Augustus (muy sólido trabajo de Tom Riley), quien opta, muy a su pesar, por tratar con parquedad a Penance, la cual se marcha del lugar a bordo del maravilloso automóvil prototipo que nos presentaran en el episodio anterior.

Augustus, viéndola irse desde la ventana, cierra sus ojos y, por un momento, se siente un cuervo en vuelo que sigue al vehículo desde lo alto. Sí, a mí también se me cruzó por la cabeza Bran Stark.

Las Chicas de Hugo

A todo esto, Hugo Swann continúa administrando su club nocturno y se vale igualmente de muchachas tocadas, pero en su caso a los fines de explotar habilidades sexuales poco convencionales que las meretrices corrientes no estarían en condiciones de brindar a los clientes.

De este modo, las diferentes actitudes sociales ante las tocadas se pueden resumir en cuatro: el rechazo irracional (representado por el político Lord Massen), la experimentación médica bestial (el doctor Hague), la protección maternal propia de damas de beneficencia (Lavinia) y la utilización sexual con fines de explotación (Hugo Swann).

Mayormente, los tocados pertenecen a sectores bajos de la sociedad, con lo que las cuatro actitudes mencionadas pueden ser metáfora de las que en aquel entonces (y quizás también hoy en día) tenían hacia los pobres. Si sumamos que la mayoría de los tocados son mujeres, también puede interpretarse que lo que a la élite aterra es el ascenso social, tanto de los humildes como de ellas. Es cierto que también hay hombres tocados, pero siguen siendo marginales: el doctor Cousens es de origen afro y Augustus, aun cuando de cuna aristocrática, carga montones de traumas y frustraciones. Bien, lo hemos entendido: ojalá los guionistas no cometan el error, en episodios venideros, de subestimarnos y explicarlo de manera obvia por las dudas.

Dos Cautivas, Dos Disparos

Amalia, quien, recordemos, tiene visiones del futuro en forma de destellos, se ve a sí misma golpeando a Maladie. Siguiendo la pista, logra llegar hasta su refugio en lo que parecen ser las instalaciones de una fábrica, que es donde tiene cautiva a Mary.

Según palabras de Maladie, toda la cuestión ligada a su secuestro tiene que ver con una canción que la joven habitualmente canta y que tendría que ver con su habilidad de tocada: no me queda demasiado claro pero, al parecer, la canción transmite esperanza y ello va en contra del mensaje de Maladie. En fin, si lo entienden mejor que yo, háganmelo saber: a primera vista, lo veo algo forzado por no decir infantil.

La conversación entre Amalia y Maladie resulta reveladora, pues nos encontramos con la sorpresa de que se conocen desde antes y, por lo que se oye, eran amigas; más aún: sus verdaderos nombres son, respectivamente, Molly y Sarah. La segunda le recrimina a la primera el haberla abandonado en el instituto psiquiátrico, permitiendo que sufriera todo tipo de tratamientos cruentos y vejaciones. No sabemos bien aún qué pasó entre ambas, pero Maladie (Sarah) reclama a Amalia (Molly) que muestre su verdadera piel, lo cual parece ir en consonancia con aquella aseveración del episodio anterior en que esta última dijera que el suyo no era su verdadero rostro. ¿Es una alienígena entonces? ¿Algún simbionte? De momento, nos subsiste la intriga.

La otra gran sorpresa es que Maladie no solo tiene cautiva a Mary sino también a Penance, habiendo atado a ambas con una soga al cuello en una escena que tiene algo de Poe (ya antes tuvimos cuervos, por cierto): ha montado un perverso dispositivo en el cual solo una de ambas puede quedar viva, por lo cual entrega un arma a Amalia para que decida a cuál de mata. No suena creíble que le ponga una pistola en mano, pero mucho menos lo que sigue: en lugar de disparar a alguna de sus dos amigas cautivas, Amalia lo hace contra su propio estómago y, en el momento en que Maladie, incrédula, se arroja sobre ella, le propina un segundo disparo. Si ya era inverosímil la entrega del arma, mucho más lo que es que no se la haya dado con una única bala en el tambor. Un instante después, el lugar es invadido por los efectivos de Mundi.

De todas formas, nadie muere. Amalia se ha encargado de dispararse sin tocar órgano vital (y, aparentemente, ha hecho lo mismo con Maladie) para luego ser curada por el portentoso doctor Cousens, quien, sin embargo, le dice que no estuvo tan acertada en el disparo y que logró salvarla por poco.

Ya en la escena final, vemos a la empleada italiana del inicio del episodio prácticamente descerebrada y trabajando en una mina, al igual que otros tocados que seguramente han pasado también por las manos del doctor Hague, quien llega al lugar para encontrarse con su jefa. Sorpresa: se trata de Lavinia, de quien ahora ya no podemos saber qué papel juega o si lo suyo es, sencillamente, doble moral y así como salva y protege a ciertas muchachas, entrega otras a Hague para sus cruentos experimentos y convertirlas a la postre en obreras casi zombies.

La razón por la cual Lavinia lo ha hecho llamar es para mostrarle un hallazgo del cual, seguramente, estaban detrás: una gran esfera u orbe de color celeste brillante que, interpreto, debe ir ligada al suceso de tres años atrás y a aquella nave en forma de pez de la cual nada nuevo habíamos visto en en este episodio. En una enigmática sentencia, Lavinia afirma: “esto no es diversión; es guerra…

Balance del Episodio

Esta entrega nos ha hecho conocer detalles del pasado de los personajes, particularmente de Amalia, Maladie, Mary y el inspector Mundi, aunque cada uno de ellos ofrece todavía puntos oscuros, pero no tantos como Lavinia, cuya revelación final nos llena de dudas sobre sus verdaderas intenciones o el bando para el que juega.

La puesta visual sigue siendo sólida aun cuando no hayamos tenido escenas tan impactantes como las del episodio anterior que, por cierto, había tenido también algo más de acción como para darles lugar. Hemos podido ver un mayor desarrollo de algunos personajes, lo cual ha permitido el particular lucimiento de Tom Riley (Augustus) y Ben Chaplin (Mundi), de quienes aún habíamos visto poco. La metáfora social, por su parte, está cada vez más clara y, por suerte, no raya aún en lo demasiado evidente: esperemos que se mantenga así.

El mayor problema de la serie, más allá de algunas inverosimilitudes ya mencionadas, sigue siendo una multiplicidad de personajes y subtramas que todavía no muestran cohesión en la medida en que se quiere contar demasiado en un mismo episodio. No estaría mal, en tal sentido, dejar descansar ciertos personajes o subtramas durante alguna entrega para retomarlos en la siguiente; no es necesario que en cada episodio aparezca todo: grandes series como Fargo, The Expanse, Game of Thrones o Black Sails han dado buena muestra de los beneficios de la alternancia.

The Nevers

Así y todo, justamente por el hecho de que la historia tarda en tomar forma, hay intrigas que nos llevan a seguir viendo, pues aún desconocemos, por ejemplo, el vínculo exacto entre nave, orbe y tocadas; menos que menos el rol de Lavinia, que ahora nos confunde.

Veremos qué nos trae el próximo episodio; les espero entonces. Gracias por leer y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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