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Análisis de The Nevers. Temporada 1. Episodio 5

La serie de Joss Whedon que emite HBO está llegando a la mitad de esta primera temporada y aquí estamos para analizar el quinto episodio.

Bienvenidos a un nuevo encuentro con The Nevers, hoy para analizar el quinto episodio de esta primera temporada, el cual lleva por título Hanged, es decir colgada o ahorcada. Diría que termina siendo un título bastante spoiler, pero más allá de eso, esta entrega devela algo más los nexos que unen a las subtramas, a la vez que acierta en el contexto histórico – filosófico de la época, pero sigue fallando en el manejo de los personajes y sus tiempos.

Sin más trámite, entramos a desbrozar el episodio no sin antes advertirles que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden ver aquí nuestros análisis anteriores.

Crisálida

El episodio comienza con el Orbe y la excavación de Lavinia, a la cual regresamos tras dos episodios de ausencia. La novedad, al menos para nosotros, es que el objeto azul y luminiscente presenta una grieta y late: lo que sea que haya allí está vivo.

A Lavinia no parece sorprenderle y hasta pretende que Hague lo mate, quizás temiendo algo a futuro.

Hague replica que no tiene sentido, pues la crisálida (tal la denominación que usa) estará aislada y a millas de allí cuando salga de su estado.

Uniendo cabos con la canción de Mary y el final del episodio anterior, es evidente que esa crisálida es lo que ha estado queriendo comunicarse con Amalia, a la que, recordemos, mandó decir que estaba en la ciudad y recuperándose de sus heridas.

De hecho y tras una libertina escena de sexo con Cousens, Amalia está abocada a un plan para rescatar a la supuesta criatura, cuyo nombre, según nos enteramos, es galanthi. A tal fin, tiene a Penance trabajando a destajo en la construcción de un gran taladro.

Horca

Entre otros cargos, Maladie es condenada a muerte por quince homicidios, convirtiéndose así, por encima de Jack, en el mayor asesino serial de la historia inglesa hasta entonces. La sentencia, además, especifica que la ejecución debe ser pública y en la horca, práctica con más de tres décadas prohibida en Inglaterra. El tema se ha instalado en la prensa, particularmente a través de la columna de Effie Boyle, reportera a quien Mundi tiene prácticamente instalada a toda hora en la seccional de policía solicitándole, sin éxito, una entrevista exclusiva con Maladie, a cuya ejecución se opone.

La cuestión llega a altas esferas, tal como lo muestra una reunión que incluye a Lord Massen, pero también al primer ministro inglés y al propio príncipe en representación de la realeza: por cierto, no me percato de quién es, pues se le alude como Albrecht, pero de tratarse del consorte de la reina Victoria, ya llevaría muerto unos cuantos años.

El debate gira en torno a cuán conveniente sea ejecutar a Maladie: lo que Massen ve como acto ejemplificador para quienes piensen en subvertir el orden, para el príncipe es manifestación salvaje de prácticas bárbaras ya superadas. Todos concuerdan, no obstante, en que la muerte de Mary (de la cual, en mayor o menor grado, se hacen responsables) solo ha servido para acercar más gente al orfanato e idéntico efecto podría tener el convertir en mártir a Maladie.   Con todo, Massen impone su postura con el aval del primer ministro, es decir que la sentencia sigue firme y no hay perdón posible, aunque se teme que, siendo Maladie una tocada, puedan sus “iguales” realizar disturbios durante la ejecución: la revolución tan temida por Massen

Previendo ello, este busca alianza con el Rey Pordiosero sobre la base de una amenaza en común, pero este no comparte la necesidad de defender un orden que, contrariamente a Massen, no ve como natural.

La buscada conciliación entre clases no parece, por lo tanto, funcionar tan bien pero, de todas formas, el Rey Pordiosero se compromete a actuar con su banda para garantizar el orden: después de todo, comparten un enemigo en común.

Plan

En el orfanato se manifiestan las mismas disidencias que a nivel oficial. El plan de Amalia es aprovechar la ejecución como elemento distractor para utilizar el taladro y llegar hasta el galanthi. El problema es que Penance, que está construyéndolo, entiende que es de mayor prioridad salvar a Maladie y de nada sirve que Amalia le recuerde que es una asesina: para ella es una tocada y su ahorcamiento un ataque contra todas.

De hecho, sus palabras parecen quedar confirmadas cuando, en la noche, aparecen varias horcas a la entrada del instituto, presumiblemente puestas allí por puristas como amenaza o augurio.

La cuestión divide al St. Romualda´s: una parte se alinea tras el plan de Amalia y otra tras Penance, con un par de abstenciones como la gigante y la polilingüe, que no quieren tomar partido.

Los de Penance son menos, pero cuentan con el chico estrella Nimple Jack, a quien ella convence de sumárseles por dinero, ya que su habilidad para formar escaleras con escudos de hielo será, como luego veremos, de gran utilidad.

Por cierto, el joven está prácticamente instalado en el lugar y, tal como había prometido, colaborando en los planes, además de entretenerse en competir contra Bonfire Annie, que, al igual que en aquel primer encuentro del callejón, sigue sin poder traspasarle los escudos con sus bolas de fuego. Otro valioso fichaje, pero para el otro bando, es el de Augustus, quien aportará con un distractor vuelo de cuervos a desplegar al momento de la ejecución.

A Maladie le llega su hora y el ahorcamiento es presenciado como espectáculo aun a pesar de haber Mundi perimetrado la zona y limitado el público asistente. Los elementos de distracción comienzan a actuar, pero alguien, con un plan propio, ha traicionado a Massen electrificando la valla, lo cual genera los tan temidos disturbios mientras el grupo de Penance intenta el rescate pero… sorpresa: Maladie no quiere ser rescatada y, al primer descuido de los guardias, acciona la palanca y queda pendiendo inerte ante una concurrencia que mira con sorpresa mientras troca sus insultos en consternación. Si ese era el efecto buscado, lo ha conseguido.

Pero mientras su cuerpo, entre un tendal de víctimas, pende de la cuerda y uno de sus zapatos cae a tierra, Mundi descubre que a su pie le faltan un par de dedos. Qué acertado sería aquí introducir un flashback que reviviese el momento en que una seguidora de Maladie confesara haberse cortado dedos del pie por ella, detalle puntual y aislado que puede no ser recordado.

La cuestión es que, vuelto a la seccional y revisando los archivos, Mundi se percata de que quien ha muerto en la horca no es Maladie, sino la reportera Boyle, mientras un flashback, esta vez sí, nos muestra lo que no habíamos visto: el momento en que, durante la persecución del episodio anterior , Maladie se cambiara con Boyle, siendo esta última entonces la arrestada que acaba de ser ajusticiada.

Un instante después vemos, justamente, a quien teníamos por reportera, quitarse la peluca y revelarse como una triunfal y sonriente Maladie que ha conseguido lo que quería.

De vuelta en el orfanato, Penance se encuentra con Amalia, quien al ser consultada acerca de si le fue bien en su misión, responde con un asentimiento algo distante.

Balance del Episodio

Ordenando un poco: está claro que Maladie orquestó todo para fingir su muerte y así ganar prensa y adeptos, como también que Boyle sentía hacia ella tal devoción que no solo fue capaz de cortarse los dedos del pie sino también de sacrificarse y morir en su lugar. Tiene lógica, aunque perversa.

Pero hay dos puntos poco creíbles: por un lado, que Maladie haya armado en cada detalle un plan tan minucioso y con tanta concatenación de hechos como, por ejemplo, que un juez dictaminara ahorcamiento en contra de la legislación vigente. Por otro lado y en referencia a ambos personajes y no a la actriz que las interpretó (Amy Manson), tanto Boyle como Maladie debieron tener un gran talento dramático para representar cada una el papel de la otra tan eficazmente y sin levantar sospechas: con lo desquiciada que es Maladie, cuesta imaginarla contenida y actuando como Boyle.

Un detalle: para despistarnos, se venía acreditando a la actriz que encarnaba a Boyle con el falso nombre de Margaret Tuttle.

Y a propósito, la serie sigue pecando de resolver subtramas con personajes a los que ha mostrado poco: recién en este último episodio la reportera ha tenido un papel importante (y ni siquiera era ella), lo cual no nos dio tiempo de conocerla lo suficiente y menos empatizar. Su muerte, entonces, no genera en nosotros lo que, se supone, debería. El manejo de los personajes y sus tiempos en pantalla sigue siendo uno de los grandes problemas de la serie.

Lo bueno es que comenzamos a desenmarañar ese triple juego entre Amalia, Lavinia y el Orbe o, mejor dicho, el galanthi que late en su interior.

Ya sabemos que quien envía los mensajes a Amalia se halla en estado de crisálida y, como tal, debe estar atravesando por alguna metamorfosis, no sé si para curar las heridas a que hiciera referencia o como parte de algún proceso biológico alienígena que se nos escapa. Queda un solo episodio para cerrar esta primera mitad de temporada y esperemos que nos expliquen algo más para que valga la pena esperar no sé cuánto, pues, tras la interrupción por pandemia, la segunda mitad se está aún filmando y ello hace aventurado hablar de fechas.

Vuelvo a destacar como punto a favor el buen asesoramiento histórico y filosófico sobre discusiones y debates bien de época. El planteo sobre la pena capital, por ejemplo, fue muy común en el último cuarto del siglo XIX como parte de la famosa confrontación entre progreso y tradición; civilización y barbarie.

También suena lógico que un juez británico fallara por criterio personal y no por los libros, algo no tan infrecuente en una sociedad en la cual el derecho consuetudinario siempre pesó más que el escrito y la palabra del juez es salomónica acorde a su dignidad, más allá de la letra muerta de los códigos.

Bien británica, asimismo, la tendencia a evitar la revolución buscando soluciones de compromiso. De hecho, Gran Bretaña carece de una tradición revolucionaria como la de sus vecinos franceses y el propio Lord Massen parece un especialista en la concertación, tal como se advirtió en el episodio anterior con su arenga a los obreros y en este con su propuesta al Rey Pordiosero.

También acertado el terror por la novedad de la electricidad: algo de lo que el Frankenstein de Mary Shelley dio buena cuenta y que se advierte, una vez más, en Massen, que la detesta. Por cierto, Massen (Pip Torrens) se revela como un villano cada vez más interesante, en parte por esa riqueza que su personaje adquiere al momento de representar la mentalidad de la época.

Sería bueno que, entre tanto acierto, el guion fuera en consonancia y nos ofreciera un todo más ordenado, aunque en este episodio aparecieron algunas puntas que nos hacen tener esperanza de que la cosa se ordene un poco más para el próximo, cuando lleguemos al corte de mitad de temporada. Veremos qué tan fundada está: por lo pronto se titula Verdad

 

Les espero entonces. Gracias por leer y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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