Análisis de Stranger Things. Parte 1 de 2

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Ya lo dijo el poeta patrio Jorge Manrique. A nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor. Somos nostálgicos por naturaleza, una circunstancia que los altos ejecutivos de Hollywood están aprovechando más que nunca.

Y es que, debido al rotundo éxito de las adaptaciones de Marvel y, en menor medida, de las de cómic en general, se ha despertado una nostalgia por una de las décadas clave en el inicio de la pasión por el rol, los cómics, la literatura fantástica o los videojuegos: los años 80. Una década, por otra parte, muy denostada por la crítica, cinematográficamente hablando. De hecho, se suele nombrar a los 80 como la peor década de la historia del cine. Una frase que no comparto en absoluto.

Dicho esto, a todos los remakes de películas ochenteras (Conan, Blade Runner, Terminator…) se ha añadido este verano Stranger Things, una serie producida por Neftlix que se ha erigido como la gran sorpresa del verano y como el homenaje más acertado a la iconografía de toda una época.

En Lascosasquenoshacenfelices ya nos hicimos eco de su tráiler semanas antes de su estreno y ahora es el turno de analizar lo que han deparado los cuatro primeros capítulos de la miniserie estrella de este mes.

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Los verdaderos protagonistas de la serie.

Stranger Things transcurre en Hawking, típico pueblo norteamericano donde nunca pasa nada. Will Byers, un joven que vuelve a casa después de jugar una partida de rol con sus amigos, desaparece misteriosamente. Por otro lado, cerca del pueblo hay una central energética que esconde un centro de investigación del gobierno del cual se escapa un extraño ser y una niña.

Como podéis comprobar, Stranger Things no es la cumbre de la originalidad. Es más, cuenta con todos los elementos que hicieron grandes a las películas de este género en los años 80, desde E.T. hasta Los Goonies o Cuenta Conmigo. Sin embargo, lo que hace tan especial a Stranger Things es la simbiosis entre la trama y la ambientación. La primera, porque sin ser rompedora, sí que es un argumento escrito desde la óptica de aquellos que aman los 80, las películas de Amblin o las novelas de Stephen King, y tienen la perspectiva de poder contarlo treinta  años después. La segunda, porque juega muy bien con la nostalgia de sus espectadores, sobre todo aquellos que vivieron aquella década.

 Stranger Things recuerda en muchos aspectos a Super 8, otro llamamiento a la nostalgia de uno de los grandes abanderados de esta vuelta a los 80: J. J. Abrams. Sin embargo, donde la película se quedaba a medias, Stranger Things la supera ampliamente. Ventajas de tener más horas de metraje e, intuyo, menos presión por parte de los directivos.

Como en todo este tipo de películas, la trama conjuga dos elementos: por un lado, el misterio a resolver y, por el otro, los conflictos propios de la adolescencia. En este caso, la serie no sólo abarca el paso a la madurez, evidenciado en la trama de la hermana de Mike, sino que también nos presenta a varios de los personajes de Hawkins.

Con mucho acierto, los protagonistas de la serie son niños con unos gustos que, por aquel entonces, se veían bastante mal entre los de su edad pero que ellos defendían sin ningún tipo de temor. Es curioso ver como el rol o los cómics son ahora una afición generalizada. Todos tienen matices en su personalidad que los distinguen unos de otros. Personalmente, me quedo con Dustin el “desdentado”, el amigo que todos hemos tenido y que querríamos mantener siempre. Por supuesto, no me olvido de Once, la niña callada y misteriosa. Millie Bobby Brown es una joven a tener en cuenta. Increíble lo mucho que expresa diciendo tan poco.

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Winona Ryder se luce en su papel de madre coraje.

Incluso los personajes más típicos y planos, como el jefe de policía o la madre de Will están interpretados impecablemente. Mención especial para Winona Ryder, aquella genial actriz de principios de los 90 que ha vuelto por la puerta grande. Esperemos que para quedarse. Su papel es de una intensidad in crescendo a lo largo de estos cuatro primeros capítulos.

Aunque en los dos primeros capítulos se profundizó sobre todo en la presentación de los personajes, a partir del tercero la trama también ha comenzado a despegar, algo que mejora la percepción que tenía sobre la serie en el primer capítulo, ya que pensaba que iban a jugar excesivamente con la baza nostálgica, centrándose más en la ambientación y en los guiños que en el misterio en sí.

En definitiva, Stranger Things es una gran serie, la mejor muestra de la tendencia ochentera que observamos actualmente y que tanto nos gusta. No es original, ni pretende serlo, pero es perfecta en su mezcla de pueblos tranquilos, niños frikis, tramas de instituto y conspiraciones gubernamentales. En unos días tendréis el análisis de los capítulos finales.

Un saludo y sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

1 comentario

  1. Amén a la necesidad imperiosa, de realizar un artículo sobre esta fabulosa serie.
    Yo no creo en absoluto que sea Marvel el artífice de la nostalgia. Ni mucho menos. Sentí más nostalgia con la escena de los recreativos de la nueva película de Tron, que con todo el colorido modernista de la Marvel.
    Algo que si intentó Súper 8. Pero fracasó, no en ser una película mala. Aunque no pasa de lo meramente correcto. Si no, que de nostalgia….poca.
    Sin duda Stranger Things si lo ha logrado, debolvernos esa sensación. Esas películas ochenteras, el beta y el vhs, esas series de dibujos, rol, máquinas recreativas, etc …. un serie única y ejemplar. Realizada con valentía. Y más en los tiempos que corren. Un 10.
    Te felicito por fijarte en esta serie y comentarla. Era una espina en la web.

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