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Bayonetta (XBOX360, Playstation 3): el Don Quijote de los videojuegos

“Videojuegos adultos“. Hay muchos videojuegos que se venden así. Para ello incluyen mucha suciedad, también gente muy chunga que no sonríe así la torturen. Los personajes tienen mucho estreñimiento mental y casi ni hablan, ni hacen otra cosa que una mueca seria. El color ocre predomina en la pantalla y parece que estemos viendo lo que pasa a través de nuestra orina. Tramas cortapegadas y teóricamente trascendentes pasan por delante de nuestros ojos, intentando ser más película (mala) que videojuego.
A veces la cosa es distinta, como con “Bayonetta” (2010), videojuego para XBOX360 y Playstation 3, desarrollado por nuestros amigos de Platinum Games, ni más ni menos que los desarrolladores del injustamente desconocido Infinite Space. El juego, así a primera vista, da para pensar con media sonrisita al mirarlo en las estanterías de cualquier tienda.

La protagonista es una mujer morena con piernas largas, clásico cuerpo escultural de protagonista de videojuegos, gafas de pasta, embutida en un traje de cuero con claros componentes sadomasoquistas (taconazos, azotes y latigazos a los enemigos) y a la que le encantan los chupa-chups. Tiene pistolas en los tacones. Es una bruja que caza seres celestiales. Tiene toda la pinta, viendo las cosas por encima, que es un mata-mata más que busca de modo descarado recurrir a uno de los más poderosos incentivos para el friki: el pajillerismo.


Las cosas pintan distinto al empezar la partida. La primera parte es una pelea con seres celestiales en un cementerio. El vídeo de introducción ya apunta las intenciones del juego, que no son las esperadas al principio, pero la pelea en el cementerio, en vez de tener una música tenebrosa, épica o trepidante es la delicada y ligera “Fly me to the Moon” (ver vídeo debajo de este párrafo). La protagonista empieza a contonearse al pegar a los enemigos. Cuando esquivamos en el último momento un golpe, el tiempo se detiene y hacemos más daño. La protagonista no es un guerrero pesadote y contundente, se mueve con una agilidad y ligereza acorde a lo que estamos escuchando de banda sonora, pero los enemigos caen de modo sangriento, cruel, en medio de una coreografía de la protagonista que mezcla movimientos de poses de bailarina erótica y de modelo de ropa interior. Todo con toques personales, como los besos que lanza cuando acaba con los enemigos de una zona, gracias a los cuales rompe sellos mágicos que le permiten avanzar a otras zonas.

 

Vamos a resumirlo así: del mismo modo que los que tenemos más de 30 años hablamos con nostalgia de Double Dragon o Final Fight, dentro de 10-15 años los que ahora son más jóvenes hablarán así de Bayonetta.
Las razones son muchas. Una es ésta: su constante burla de la seriedad, lugares comunes y repetitivos del discurso de la mayoría de videojuegos actuales. Es, efectivamente, el Don Quijote de los videojuegos de esta generación pasada, con ironía, sin caer en la patochada o esperpento, aunque rozándolas por momentos. 

Oír cosas a los personajes como “me gustaría hacerme rico para poder ir al espacio y ser un marine espacial calvo“, en clara alusión a tantos videojuegos que chorrean testosterona que parten de esa premisa. Ver que entre los logros del juego hay uno que es “Angels May Cry” (coña del mítico videojuego con el que comparte mecánicas del juego, “Devil may cry“). Las constantes referencias al pajillerismo del friki medio, cachondeándose de ellas a través de la protagonista, la cual no deja de hacer posturas y bailes ridículamente sugerentes para invocar a demonios o al finalizar series de golpes


En estos llega a posar como si estuviera delante de una cámara y terminamos oyendo el “click”. Es el jugarse la vida en medio de un cataclismo para recuperar su chupa-chups y el deleite de la cámara del juego por mostrarnos el momento en que lo saborea; los comentarios de la propia protagonista, una bruja muy segura de sí misma que se aburre cuando alguien le dice más de dos frases (como les pasa a bastantes jugadores, que todo lo que no sea acción directa les hace bostezar), y que tiene momentos memorables por, precisamente, llevar a lo ridículo su reclamo sexual (“No me gustan los niños…fabricarlos, bueno, eso es otra cosa“)… Es el coger un misil al vuelo, lanzárselo a un jefe, que te lo devuelva, devolvérselo y prácticamente jugar al tenis con él. Es ir encima de un misil usándolo de transporte mientras disparamos, en un claro homenaje al clásico videojuego Space Harrier.
 


Poderosa, segura de sí misma, perfeccionista hasta la parodia de su aspecto físico y tremendamente cruel con los seres celestiales, a los que tortura y mata de las maneras más tremendas en toda una demostración de sadomasoquismo (¡más puyas al pajillerismo!). Elegante y mortal a la vez, pero para nada tenebrosa o atormentada, más bien con una pose superficial maravillosa y refrescante.

Como Don Quijote (salvando las distancias, claro), Bayonetta no es simplemente una parodia a un género o a unas ideas dominantes dentro del mundo del videojuego. Es un videojuego facilísimo de aprender a jugar, con una curva de dificultad estupenda que no desesperará a nadie. El sistema de recompensas está bien pensado, pudiendo comprar sin dedicar mucho tiempo nuevos golpes, trajes, etc. 


La mecánica del juego está muy bien resuelta, los diseños de niveles son variados, bien pensados y estéticos, tiene variedad de enemigos desde los pequeñísimos hasta los gigantescos que no caben en la pantalla, y tiene variedad de situaciones, desde huidas contrarreloj, a enfrentamientos espaciales, fases en moto, partes de aniquilación total y partes de plataformas en tres dimensiones (incluyendo jugar con distintas gravedades). Es muy gratificante, es visualmente estupendo, la banda sonora está bien elegida y el control es muy bueno. Divertidísimo. No es raro que vuelvas a jugar una fase que ya has jugado incluso antes de terminarte el juego (que no es largo pero tampoco corto). Es muy rejugable, además.


Bayonetta, para terminar, es algo más que un juego divertidísimo, espectacular o una parodia estupenda al zeitgeist videojueguil actual, tan lleno de marines musculados casi invulnerables, soldados de la segunda guerra mundial, heroínas pechugonas sin personalidad o guerreros espartanos vengativos. El blog “The Sky Was Pink“, que ya he enlazado antes, lo describe muy bien:

Pero Bayonetta aun se permite un último chiste final: el arma definitiva del juego sólo se puede desbloquear cuando completamos el modo Climax sin descanso. Este modo de juego, que ya nos deja claro que será como un agotador polvo non stop con la tigresa más salvaje del mundo, nos machacará en un ejercicio de masoquismo recíproco tan brutal como satisfactorio que sólo acabará cuando hayamos explorado tan profundamente el mecanismo del juego que lo conozcamos hasta sus más íntimos recovecos; sólo cuando hemos descubierto como satisfacer de forma íntima y absoluta los deseos de Bayonetta, conseguiremos desbloquear el arma definitiva del juego. ¿Y cual es éste prodigio de la técnica por el cual necesitamos convertirnos en unos dioses de la ejecución (sexual) perfecta? Conversación íntima. Después de la más larga y brutal sesión de juego, queda la íntima charla en la cual ella se nos abre en una charla donde cada golpe es un éxtasis definitivo donde destruimos a cada uno de nuestros enemigos. La metáfora aquí es tan evidente, tan preclaro el simbolismo feminista -que no necesariamente femenino, pues esto también es una liberación masculina: la catarsis de esa intimidad absoluta donde dos son uno se produce para ambos al constituirse como unidad- que no me molestaré en explicarlo..
Que a nadie le de sobredosis de gafapastismo: el juego es accesible para cualquiera y es muy divertido, después de todo es un juego vergonzosamente comercial que se ha hartado a vender (más de un millón de copias). Y está ahora en muchos sitios a 10 euros. Que nadie se lo pierda. No se arrepentirá.
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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