Big Little Lies y la pérdida del objetivo

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Big Little Lies irrumpió en 2017 en nuestras pantallas, reivindicándose como lo que más tarde sería considerada una de las mejores series del año. Una propuesta que brillaba en múltiples apartados y sorprendió a más de uno –incluyéndome a mí–. Tal fue el éxito que tuvo, que lo que inicialmente surgió planteado como una miniserie, terminó extendiéndose a una segunda temporada. Pero, y citando a Groucho Marx, segundas partes nunca fueron buenas y, aunque no es que sea mala, sí apreciamos una decaída del nivel que antaño presentó. Es por eso por lo que pretendo desgranar en este artículo la esencia de la serie y su problemática actual, tratando de comprender su reciente deriva.

Concepción y esencia

Big Little Lies nos cuenta la historia de un grupo de mujeres de clase alta y del traumático suceso que las termina uniendo. Es una serie que busca poner en evidencia los conocidos como «White People Problems», o en este caso problemas de gente rica, pero no lo hace desde una lente sensacionalista que busca caricaturizar, sino que lo hace desde dentro, humanizando y analizando el perfil de sus personajes, porqué la serie va más allá. Lejos de ser un retrato de la burguesía moderna, Big Little Lies nos habla de nosotros mismos y de nuestras angustias, y pocos ambientes hay mejores para hacerlo que en un barrio lujoso en el que las apariencias lo son todo y las puñaladas por la espalda son tónica.

Uno de sus grandes atractivos es por supuesto su reparto, y es que es una serie de personajes y las actuaciones deben estar a la altura –cosa que se cumple–, pero eso es tan solo un aliciente. Si Big Little Lies destacó por algo, fue por su guión y tratamiento del thriller. A primera vista, la serie puede parecer un drama, una historia de marujas incluso –tremendo error del cual me confieso culpable–, pero en realidad es mucho más. Big Little Lies, consciente del mundo que pretende plantear y las temáticas que busca abordar, encontró la respuesta sustentando todo el drama en una ligera y liviana trama de thriller. Con una clara contrarreloj, objetivo y gran pregunta a responder en su lugar, la serie pudo entonces indagar en todos los recovecos de la psique de sus personajes que creyera conveniente, ya que nunca se perdía esa sensación progresión y de avance hacia un fin común. Y eso es lo que, en gran parte, hizo de Big Little Lies lo que es, un drama amparado en la expresión más liviana del suspense.

La importancia del objetivo

Y llegamos ya a la segunda temporada. Una que nos llega particularmente cargada de expectación, tanto por el éxito de la primera como por la presencia de nombres como el de Meryl Streep. Una temporada que, a pesar de mantener el increíble nivel de las actuaciones y puesta en escena, está dejando bastante que desear. Como bien he recalcado antes, no es que esté siendo mala, con el talento detrás y delante de las cámaras que hay, es difícil hacer algo malo. Pero sin embargo, la serie se siente menos interesante y sin tanta cohesión, y creo que esto se debe precisamente a la falta de un objetivo claro. Si bien en la primera temporada teníamos desde los primeros minutos la investigación policial sobre el asesinato presente, en esta segunda no tenemos esa gran pregunta a responder o ése gran qué que lo aúne todo.

Lo que pretenden con esta temporada está claro: buscan explorar las secuelas emocionales y psicológicas de las protagonistas tras los acontecimientos de la primera temporada. El problema aquí se haya en que, al ser estos tan individuales, se pierde la sensación de colectividad que había en la primera y en consecuencia, todas estas tramas personales quedan reducidas a lo anecdótico y pierden potencia al no haber un dilema central en torno al que puedan orbitar. Algo que sobre el papel promete ser interesante, al no tener una clara unidad temática, queda reducido a poco más que una consecución de historias desperdigadas, buenas y con potencial, pero que se sienten perdidas y faltas de ese algo que las arrope a todas y le dé al espectador una clara sensación de progreso o urgencia. Una urgencia que llega tarde, al final del 5 con el juicio de Celeste, y es a partir de ahí que la serie cobra potencia y fluye mejor, un claro de ejemplo de lo que pudo ser y no fue.

Big Little Lies es una gran serie que rebosa talento y potencial, y es justamente por eso por lo que me duele haber perdido interés en esta segunda temporada. Esto no pretende ser ningún ataque a la serie ni a aquella gente que le guste, al contrario, es una llamada de un espectador decepcionado con un producto que en su día disfrutó en gran medida y lo siente decaer, y creo que analizando el porqué de este acontecimiento podemos aprender mucho de las series que tanto disfrutamos. 



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el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

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