Caballeros de la Antigua República (2003): cómo hacer un gran videojuego de Star Wars

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Mira que lo habían intentado. Mil o dos mil veces. Hablo de los videojuegos sobre Star Wars. Entendedme, llegaron a hacer juegos decentes en los 80-90, pero ni siquiera la mismísima Lucas Arts, que llegó a hacer estupendas aventuras de Indiana Jones, lo consiguió. Siempre eran cosa apañadas. De esa cantidad desmadrada de videojuegos de Star Wars se salvaba la serie X-Wing (en las que nos pegabamos en las míticas escenas espaciales de las películas con un realismo tremendo para la época) o la aventura en primera persona Jedi Knight, que era lo más parecido en años a jugar con alguien que daba sablazos de luz (esto es tan triste/patético/mítico como parece).

Tuvimos horror por decenas de videojuegos sobre el temita con el paso de los años, incluídas las adaptaciones terribles de las películas de la nueva trilogía. ¿Qué hacer para acabar con esto? Pues homenajear los originales descaradamente pero darles una vuelta de tuerca más. Hasta el punto de estar casi a la altura de las películas homenajeadas. Esto es lo que fue Caballeros de la Antigua República, publicado en 2003 y desarrollado por nuestros viejos amigos de Bioware (responsables /culpables de Baldur´s Gate o Neverwinter Nights).

Como creadores del mítico Baldur´s Gate, estaba claro que harían un videojuego de rol. Aquello era un sueño: los creadores del entonces canon del videojuego de rol occidental por excelencia encargados de hacer un videojuego de lo suyo, de rol, sobre Star Wars. Es, para entendernos, como si hoy le dejan a CD Projekt (los de The Witcher) hacer uno de Juego de Tronos o a El Señor de los Anillos. Había suspicacias, miedos, intriga y dolor de barriga. Habían sido demasiados juegos horribles o de tirar y gracias. Demasiados.

El juego nos ponía muchos siglos antes de la primera película de la saga. En una guerra civil a escala galáctica, los Jedi andaban a peleando con los Sith. Todo comienza con nuestro protagonista, que ni es Jedi ni nada, despertando sin memoria en una nave. Estamos bajo ataque Sith. Saldremos de la encerrona y nos enseñaran las artes Jedi, aunque normalmente sólo lo enseñan a niños, no a adultos…a partir de ahí tendremos la clásica estructura de Bioware: iremos conociendo compañeros de peleas, visitaremos tres o cuatro sitios muy grandes con subtramas y misiones propias, habrá posibilidad de romance, habrá secundarios memorables perfectamente reconocibles con el paso de los años y acabaremos, tras nuestro paseos por esos tres o cuatro sitios, en una gran batalla final. Simple y efectivo.

Nada de esto sería gran cosa, en realidad. El combate es una adaptación del Baldur´s Gate (tiempo real con posibilidad de pausa al dar a la barra espaciadora), pero esta vez adaptado a la tercera edición de Dungeons & Dragons (en vez de la segunda). Como con Baldur´s Gate, cualquier puede acercarse al juego sin saber nada de Dungeons & Dragons y disfrutar de lo lindo. También en este caso hay más posibilidad de elegir entre moralidades distintas, aunque el juego te premia por ser totalmente del lado luminoso o totalmente del “reverso tenebroso de la fuerza” (es la traducción-adaptación que siempre me acongojó más: USADLA, PUEBLO). Hay posibilidad de jugar y avanzar por el juego siendo un miserable de mucho cuidado y también siendo bella persona. Algunas cosas que decides cambian gobiernos y la vida de la gente. Todo ello, por supuesto, con un novedoso enfoque cinematográfico inspirado en las películas: tendremos una carrera, tendremos escenas de usar la torreta para destruir otras naves espaciales, habrá escenas hechas con el motor del juego en que los personajes nos hablan y comunican sus opiniones…vamos, que la tecnología ya permitía hacer lo que no pudieron hacer en Baldur´s Gate, en la que todo casi era escrito. Con las músicas que nos recuerdan constantemente que aquello es Star Wars.

Pero no sólo la música. Iremos en una nave llamado, ojo, “el Halcón de Ébano“, uno de nuestro compañeros es un wookiee, nuestro maestro Jedi se parece sospechosamente a Yoda y tendremos nuestro propio androide. Androide que es, sin duda, uno de los personajes mejor hechos de cualquier videojuego: HK-47, que encontraremos en Tatooine. Imaginaos a Terminator mezclado con Bender, de Futurama y 3CPO. Sí, eso es HK-47, un robot que se nos vende como intérprete pero que su especialidad es matar, y cuyos comentarios despectivos sobre los humanos (“meatbags“), los pacifistas, los jedi, sus ganas robóticas de matar y, en general, su cómica agresividad robótica nos sacaran más de una risa. En sus propias palabras, el amor es acertar un disparo a las rodillas a 120 kilómetros de distancia usando un rifle de francotirador. Él sí es puro AMOR.

También tenemos nuestro propio Dart Vader, el malvado antagonista, Darth Malak. Olvidaos del Conde Duku, Darth Maul y demás: es el primer villano desde Darth Vader que es comprensible. Es más, habiendo visto las seis películas de la saga y jugado al juego puede decirse que Darth Malak es el sith mejor construído en cuanto a motivaciones y sentido. Nadie puede ganar como mito a Darth Vader en este universo, pero como construcción de personaje tanto la suya como la de su compañero sith, Darth Revan son de las más complejas e interesantes de todo lo hecho en Star Wars. Por primera vez casi se nos ofrece una visión de luz y la oscuridad de la Fuerza en modo bastante distinto al habitual…o quizás no, quizás sólo es una interpretación más minoritaria (quizás la República mereciera caer, al fin y al cabo).

Pero esto no es sólo un catálogo acertado de homenajes a la trilogía clásica unidas a un sistema de combate que alzó a un videojuego a categoría de mito rolero. Tampoco es sólo algunos personajes memorables y poder llevar a un Jedi convertido gracias a un entrenamiento express en un centro del SEPE. Es la historia. Es la historia lo que hizo de un buen juego uno de los mejores juegos de la década. Jugadas tres cuartas partes parece un juego divertido pero predecible…hasta que llegamos al momento. Al momento en que hablamos con la posible (o no) novieta del protagonista (en caso de haber elegido hombre a la hora de hacer el personaje y haber elegido correctamente) en el templo. En ese momento, que no estropearé a nadie que no lo haya jugado aún, se da una de las mayores sorpresas y giro de guión que yo haya visto en un videojuego. Algo que encaja perfectamente con todo lo jugado antes. Estaba ahí, todo el rato, delante de tus narices, pero es en ese momento cuando te explota en la cara. De ahí hasta el final todo será una ascensión en ritmo y épica, hasta la inevitable batalla final en la que nuestras decisiones determinarán que nos iremos encontrando enfrente y qué nos encontraremos al lado. Y el final o no de algunos compañeros. Y una pelea final como deberían ser todas, negro sobre blanco, con alguien al que entendemos perfectamente pero al que tenemos ganas. Nadie que ame los videojuegos debería quedarse sin jugar este último tramo.

Bioware nos regaló otro clásico. Otro más. Y creó uno de los mejores productos del universo de Star Wars.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 comentarios

  1. Pedro Pérez S. el

    Fantástico artículo. Este es uno de los mejores videojuegos que he jugado en mi vida y de los poquísimos que he llegado al final. Si alguien tiene la oportunidad de jugarlo que no la deje pasar.

  2. El mejor juego de Star Wars hasta la fecha, mejor incluso que el Battlefront II.
    También se debería haber comentado en el artículo que estos juegos no son precisamente cortos, son decenas y decenas de horas de diversión, casi como jugar a las dos trilogias enteras en un sólo videojuego.

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