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Cooltureta, de Raquel Córcoles: el gafapastismo no es un humanismo

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Raquel Córcoles es la autora de “Moderna de Pueblo“, un cómic que es una crítica humorística y sistemática de todo un tipo de fauna urbana: el gafapasta, el “hipster” o “el moderno”. En parte autobiográfico, el cómic lleva tiempo teniendo éxito y sus tomos recopilatorios se venden realmente bien.

Después de un tiempo contando las peripecias de una chica que intenta vivir y desenvolverse en la zona cero del gafapastismo madrileño, su nuevo proyecto es El Cooltureta, que ha realizado junto a su pareja, Carlos Carrero. En este caso, el protagonista es un chico que va, de nuevo, al centro de Madrid, a Malasaña, a empaparse del ambiente modernillo, de las películas afganas subtituladas que tratan de pastores filósofos y de gente que sólo lee cómics europeos sobre la primera guerra mundial. El matiz importante es que ahora el protagonista es masculino, en el que por lo visto la pareja de Raquel ha tenido que ir avisando a la autora de las diferencias en las motivaciones de los chicos gafapastas.
Hay que decir que los cómics de Moderna de Pueblo nunca se caracterizaron por tener un dibujo espectacular. Con evidentes limitaciones técnicas o narrativas en lo gráfico, hay que decir que casi nunca intenta cosas más allá de sus posibilidades y suele tapar con más o menos elegancia sus defectos. La fuerza está, claro, en los diálogos y en lo que cuenta. Cooltureta es continuista en este sentido.
El universo de El Cooltureta recoge varios tipos de gafapastas, incluído el gran rival del protagonista, el Culturera de Palo, que ejemplifica todo lo peor de la tribu: el esnobismo como actitud vital, la ignorancia disfrazada de ilustración, el intento de hacer pasar por arte productos simples, el ánimo de humillación de las personas que señalan con el dedo al emperador desnudo, etc. El Cooltureta, en un momento dado, estalla mientras piensa cómo él quiere ser más culto, mientras para todo el circo que le rodea es sólo una excusa para autoescucharse con otros delante y follar más. En resumen, todo es un vehículo para satisfacer el propio ego a costa de la humillación ajena o un medio de impresionar a gente para follársela, en el que el conocimiento real de las películas, libros o demás es secundario. Es un ambiente de sadismo y manipulación en el que predomina la ignorancia y la pretenciosidad.
Hay que reconocer cómo se consigue que empaticemos con el protagonista, con su intento de molar más que los demás, con sus “duelos gafapastiles” a ver quién dice algo que sea más molón y elitista que el resto, sus intentos de tapar sus enormes lagunas intelectuales o la tragicómica idealización de una mujer que simplemente pueda atraernos físicamente.
El tomo tiene sus momentos realmente graciosos y agudos a la vez, siendo una lectura muy fácil y amable, sin lados sórdidos ni oscuros de casi nunca tipo. Habrá gustos para todo, pero la autora podría haber hecho auténtica sangre de haber tenido la intención. Parece claro que sus vivencias en el mundo gafapastil le han dado suficiente material para escribir muchísimo. También que una parte de ese mundo no le disgusta precisamente ( la autora ha reconocido más de una vez que se documenta en revistas de moda para vestir a sus personajes “a lo gafapasta“).
El cómic al final no se centra tanto en cómo enfrentarse a este tipo de gente, va más a la raíz del asunto. En cómo alguien con gustos comunes y con pocas ganas de leer pasa a pontificar sobre cine iraní o libros que no entiende cuando los lee. La historia termina en un punto que yo creo necesario: si te gustan cosas mayoritarias (fútbol, series de televisión de las que todo el mundo habla, videojuegos con toneladas de pasta detrás) disfrútalo y no pretendas tener gustos que no tienes. Es menos ridículo tener gustos compartidos por la inmensa mayoría de la gente que pretender que te gusta algo que no tragas sólo por aparentar estar por encima del vulgo. El quiero y no puedo de toda la vida.
Aunque habría que recordar que todo este intento de aparentar tener más conocimiento del que se tiene, viene del deseo de subir de estatus social. Con Internet al alcance de todos hoy es mucho más fácil leer/ver un vídeo resumen de casi todo. Saber de verdad sobre literatura es algo que lleva mucho tiempo, y no sólo tiempo: leer mucho no quiere decir entender bien lo que se lee ni tener criterio. Pero la barrera del tiempo necesario para poder hablar con fundamento de algo se viene abajo con Internet. Esto se une a la creencia de que todo ese tiempo o esfuerzo a veces puede puentearse leyendo sobre los lugares comunes y echándole morro. El morro sustituye lo que debería ser la formación del criterio y el detector de chorradas que vas construyendo cuando tienes conocimiento real de una materia.
En resumen, cómpraos el cómic.
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

1 COMENTARIO

  1. Muy buen artículo para un comic que por lo que veo tiene un precio muy correcto, así que seguro que haré con el jejeje Tu artículo me ha convencido y el tema además tiene mucha miga 🙂

    Un saludo.

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