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Crítica de Nasdrovia. Comedia negra y comida rusa para degustar en bocados pequeños

Movistar no da tregua y después de las magníficas La línea invisible, La unidad y Antidisturbios nos presenta Nasdrovia, una comedía negra servida en dosis pequeñas (seis capítulos de media de hora de duración) que harán la delicia de los amantes de la comida rusa y las situaciones surrealistas.

Análisis de Nasdrovia

La serie, creada por Miguel Esteban, Luismi Pérez y Sergio Sarria, está basada en la novela de este último y es un thriller de humor negro que tiene su mayor baza es unos personajes geniales interpretados por Leonor Watling, Hugo Silva, Luis Bermejo y Anton Yakovlev. Este último es la gran sorpresa de la función, dando vida un mafioso ruso que se come a todos los demás cuando está en escena. Sin olvidar el buen hacer de Mark Ivani, Kevin Brand, Michael John Treanor y Yan Tual interpretando al resto de rusos que pueblan el universo del Nasdrovia. Empieza a ser marca de la casa el que Movistar ofrezca una producción en la que se miman a los actores y estos devuelven a la plataforma un trabajo brillante. La dirección corre a cargo de Marc Vigil, un realizador con experiencia en series como 7 vidas, Aída o El ministerio del tiempo que ofrece una certera puesta en escena.

Edurne (Watling) y Julián (Silva) son dos abogados que antes eran pareja y que han ganado muchísimo dinero defendiendo a impresentables corruptos de la peor calaña. Al llegar a la crisis de los 40 se dan cuenta que han desperdiciado sus mejores años y deciden dar un cambio a su vida. En esas conocen a Franky (Bermejo) un cocinero genial con una mano especial para la cocina rusa que les convence para embarcarse en un nuevo negocio: abrir un restaurante ruso en Madrid, el Nasdrovia.

Julián, Franky y Edurne, los dueños del Nasdrovia

Todo va viento en popa hasta que se cruzan el camino de la mafia rusa de Madrid encabezada por Boris (Yakovlev), que se enamora de los blinis de Franky y prácticamente convierte al Nasdrovia en su segunda casa y base de operaciones.

Desde ese momento la vida de los protagonistas es una sucesión de calamidades que incluyen amputaciones de dedos, cadáveres, tráfico de drogas, reuniones de mafiosos del más alto nivel… todo lo que se puede esperar de un thriller al que se le añaden los dilemas morales de Edurne y Julián y su manera de enfrentarse a la una crisis de los cuarenta de manual, con tatuajes, sexo con jovencitos o abuso de pastillas incluido.

La mafia rusa, como en su casa en el Nasdrovia

Edurne además es la narradora de la historia y rompe la cuarta pared para hablar a los espectadores contándonos sus pensamientos y planes. La serie tiene un aire a lo Ally McBeal que queda realmente bien.

Y aunque todo esto pueda parecer muy serio y violento acaba siendo realmente divertido por la peculiar forma de comportarse y de ver las cosas de Boris y sus hombres. A lo que se añade que Edurne y Julián tampoco es que sean dos personas muy cabales, y que decir del estrafalario Franky.

nasdrovia
Los rusos van al mercado a hablar con un proveedor un poco terco

Nasdrovia no es la típica comedia que funcione a base de acumulación de chistes y gags, busca la complicidad del espectador al mostrar a personajes sobre los que tenemos una imagen preconcebida haciendo cosas que no esperamos de ellos (por ejemplo, un mafioso ruso quejándose de su vida en pareja viendo Juego de Tronos con su novia o unos abogados pijos obligados a esconder un cadáver en un congelador). Al final la risa aflora al sentirnos identificados con los protagonistas, porque… ¿Quién no ha tenido que aguantar al típico maleducado que no sabe estar callado en un vagón silencioso? o ¿Quién no ha tenido que soportar a un pesado que quiere ser tu amigo y no puedes quitártelo de encima ni a la de tres?

Estamos ante una historia llena de violencia contenida (y liberada) donde lo que prima es lo cotidiano enfrentado a situaciones extraordinarias, donde la rutina que nos afecta a todos es llevada un paso más allá por la intervención de alguien tan extremo como Boris. La mezcla de comedia negra con ligeras dosis de acción y de thriller y un cierto aire surrealista funciona como un reloj y hace que nos quedemos con ganas de más. De una segunda temporada donde una despistada policía, tan desastre como nuestros protagonistas, puede venir a echarles una mano.

Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

2 COMENTARIOS

  1. La verdad es que es ha sido una temporada la mar de entretenida; viéndola semana a semana, en ningún se me ha hecho pesada y me gusta que no tenga más pretensiones que entretener.

    • Que tal Manuel? has dado en el clavo, da gusto ver una serie así, con la unica pretensión de hacer pasar un buen rato y desde luego que lo consigue

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