InicioSeriesCrítica de 3%: la distopía brasileña de Netflix llegó a su fin

Crítica de 3%: la distopía brasileña de Netflix llegó a su fin

Luego de cuatro temporadas, tuvo su desenlace 3%, la serie brasileña distópica de ciencia ficción creada por Pedro Aguilera.

Quizás muchos aún no hayan descubierto en Netflix esta joya brasileña a pesar de haber concluido hace escasos días. 3% nos ha dado cuatro temporadas muy bien llevadas de una distopía en tono de aguda mirada social. Su creador, Pedro Aguilera, ha desarrollado una historia entretenida y sólida que, a través de la deliberada exageración, ofrece una lectura crítica sobre las sociedades de hoy en día.

Un Mundo Colapsado y una Sociedad Dividida

La historia de 3% se ubica en un mundo futuro en el cual la superpoblación, la contaminación y el agotamiento de los recursos han llevado a la humanidad al colapso. Si bien no termina de conocerse la magnitud geográfica del desastre ni hay referencia al escenario específico de la trama, todo conduce a pensar que estamos en lo que alguna vez fue Brasil, aunque la impresión general es que los estados nacionales ya no existen como tales.

Lejos de la costa, en una isla a la que llaman Alta Mar, una dupla de pioneros a los que se conoce como Pareja Fundadora, han creado y dado forma a una especie de santuario alejado de los problemas que afectan al resto del mundo o al menos a lo que, en la ficción de la serie, se designa como El Continente.

Así, mientras en este último se aprecian un paisaje desértico y ciudades que viven en la miseria, la desnutrición, la subalimentación, la inseguridad y el hacinamiento, Alta Mar, por el contrario, rebosa de vegetación y hasta tiene una laguna con patos (extintos en El Continente), en tanto que la élite que allí vive lo hace rodeada de salud, bienestar y progreso científico y tecnológico. El lugar, un verdadero paraíso, existe en el mundo real, pero no es una isla sino un museo a cielo abierto llamado Inhotim, que está ubicado en el estado de Minas Gerais.

Pero volviendo a la ficción planteada en la serie, Alta Mar no es un mundo totalmente cerrado al acceso: es selectivo pero no exclusivo. Para llegar a él hay que haber pasado una serie de pruebas especiales de habilidad, creatividad e inteligencia que conforman un ritual conocido como El Proceso. Y, por cierto, hacer trampa puede ser también parte de la aptitud requerida.

Se impone, claro, cierta asociación con la novela El Señor de las Moscas, de William Golding o, de modo más prosaico, con la saga Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins. Podríamos, de hecho, decir que 3% transita entre medio de ambas referencias, pues también toca temas como el liderazgo o el sálvese quien pueda, aunque acentuando de modo más claro la crítica social al mostrarnos, con deliberada exageración, la meritocracia llevada al extremo.

Armonía de Clases

El Proceso se lleva a cabo una vez al año, en un edificio del Continente preparado a tal efecto. Los postulantes se preparan durante mucho tiempo ya que saben que, tras cumplir veinte años, tendrán una oportunidad única de demostrar que reúnen las condiciones para ser admitidos en Alta Mar: Al mejor estilo del sistema educativo japonés, no se puede volver a pasar por El Proceso una vez que ya se ha hecho y se ha fallado.

La ceremonia, según se nos dice, se viene llevando a cabo desde hace más de cien años, lo cual nos lleva a pensar que podríamos estar a mediados del siglo XXII: solo un tres por ciento podrá, como resultado de la misma, acceder a los beneficios de los que disfruta la élite, a la cual, por lo tanto, se llega por mérito y no por nacimiento (de hecho, se los esteriliza una vez admitidos). Sobra decir que El Proceso separa familias de modo análogo a como lo haría un Muro de Berlín, pues siendo tan pocos los que pueden pasar al otro lado, es bastante probable desde lo estadístico que esa misma relación se aprecie dentro de cada núcleo familiar, algunos de cuyos integrantes pueden haber logrado trascender y otros no.

A pesar de ser El Proceso, a todas luces, un ritual absolutamente laico y de que el sistema imperante en Alta Mar no tenga nada de teocrático, la expectativa que el noventa y siete por ciento de la sociedad pone en la ceremonia toma un carácter casi de sacramento religioso, reforzado por la acción de los predicadores locales.

Ese tres por ciento es la luz de esperanza que, aunque pequeña, se da a los habitantes del Continente: se les ofrece algo a lo que aferrarse y, de ese modo, se pueden mantener tanto la paz como la cohesión social, pues ni siquiera quienes han ya fallado en el intento, serán capaces de atentar contra las estructuras de poder, ya que para lograrlo deberían convencer a los más jóvenes, que, por el contrario, aún tienen la esperanza de una mejor vida.

Lucha de Clases

Sin embargo, no todo es aceptación: una organización clandestina, conocida como La Causa, busca cada año boicotear El Proceso y no vacila en realizar atentados terroristas en la medida en que sirvan a sus fines. Es por ello que, desde Alta Mar, se ejerce una rígida vigilancia militarizada sobre El Continente a través de drones y personal armado para evitar, paradójicamente, que la paz se vea alterada. De este modo, el estilo de dominación conjuga consenso y uso de la fuerza para mantenerse y perpetuarse como tal.

Buscando debilitar el Proceso, la Causa se encarga, además, de introducir sus propios caballos de Troya: agentes encubiertos bajo la imagen de postulantes que intentarán sortear las pruebas y acceder a Alta Mar para erosionar el sistema desde adentro. Ello, sin embargo, se convierte en arma de doble filo, pues suele ocurrir que quienes lo logran, se ven luego tentados por el bienestar alcanzado y pierden interés en seguir colaborando con La Causa: una lectura profundamente sociológica y también histórica ya que la Guerra Fría nos ofrece montones de ejemplos de espías que se valían de su oficio para escapar hacia el otro lado de la cortina de hierro. A la larga, la filosofía de la meritocracia y la doctrina del tres por ciento dividen incluso a aquellos que dicen combatirlas.

Diferencias de Métodos

Las divisiones internas, de hecho, están tan presentes de un lado como del otro: en La Causa hay quienes defienden los métodos más radicales y propugnan la destrucción de Alta Mar, como también quienes prefieren una salida conciliadora para preservar y, en todo caso, democratizar los beneficios y progresos que Alta Mar ha conseguido en materia de vacunas y alimentos.

Del lado de Alta Mar, tampoco son todo rosas. El pasado de la Pareja Fundadora arroja algunos detalles escabrosos y vemos, por otra parte, que las divisiones no son exclusivas de La Causa: algunos prefieren una política más dura y represiva contra los rebeldes del Continente, en tanto que otros consideran que el mejor modo de desalentar tales movimientos es seducir a las masas con la promesa de una vida mejor y pregonar, por tanto, las virtudes y bondades del Proceso.

Los Personajes

La serie se inicia con el Proceso N° 104 y, como participantes del mismo, conocemos a:

Michele (Bianca Comparato): la protagonista central de la historia es sagacidad e inteligencia pura aun para burlar las trabas más arteras. No tiene familia y su principal objetivo es pasar El Proceso para vengar la muerte de un hermano: una sorprendente revelación le aguarda, sin embargo, del otro lado.

Fernando (Michel Gomes): se desplaza en silla de ruedas y sus padres (uno de ellos predicador y defensor del Proceso) tienen la convicción de que el acceso a Alta Mar le dará la posibilidad de caminar nuevamente debido a los adelantos en medicina de los que allí disponen.

Joana (Vaneza Oliveira): desconocedora de su propio origen e identidad, es enérgica y temperamental, a la vez que muy firme en sus convicciones; busca huir de un mafioso a cuyo hijo ha quitado la vida pero, además, trabaja en secreto para La Causa.

Rafael (Rodolfo Valente): uno de los personajes más interesantes y más enigmáticos de la historia. Sus objetivos se ven difusos y todo indica que no tiene muchos complejos éticos, pues, al parecer, ya ha fallado antes en El Proceso e hizo trampa para volver a participar. A lo largo de las temporadas, nos cuesta determinar si lo odiamos o nos cae bien, así como también para qué lado juega realmente o hasta qué punto se maneja por intereses o por pasiones.

Marco (Rafael Lozano): procede de una familia acomodada cuyos miembros vienen, sistemáticamente, pasando El Proceso, pesándole, por tanto, la responsabilidad de no ser la excepción. Su conflicto permanente entre lo que tal mandato familiar le impone y lo que su conciencia le dicta se convierte en una marca que recubre de interés al personaje durante las cuatro temporadas.

Del otro lado de la historia, tenemos a Ezequiel (João Miguel) , quien oficia como supervisor en jefe del Proceso pero, a la vez, encubre secretos ante sus superiores de Alta Mar. Su esposa Júlia (Mel Fronckowiak) nunca se sintió a gusto allí debido a la angustia que le provocaba el haber dejado un hijo en El Continente. Ello le condujo al suicidio, hecho inédito en Alta Mar que llena de remordimientos a Ezequiel, quien, a escondidas, se infiltra, encapuchado, en los barrios bajos del Continente en busca de Augusto, el perdido hijo de Júlia cuya crianza pretende asumir de manera clandestina y en concepto de mea culpa.

La comandante Marcela (Laila Garin) es la madre de Rafael: a pesar de ser, en el inicio, un personaje secundario que da la impresión de ser bastante liso, su protagonismo, poco a poco, va en aumento al ir escalando posiciones dentro de la seguridad en El Continente. Así es como vamos conociendo sus traumas y frustraciones de niñez, hasta que termina, contra cualquier pronóstico inicial, siendo uno de los más ricos y complejos personajes de la historia.

Hay también otros nada desdeñables que irán apareciendo o bien incrementando su importancia con el correr de las temporadas. Glória (Cynthia Senek) es amiga de la infancia de Fernando y está muy ligada al origen de su discapacidad.

André (Bruno Fagundes) es un líder militar en formación y sumamente comprometido con Alta Mar y con el Proceso, lo cual no impide que, a veces, demuestre tener objetivos propios y distintivos. Además, guarda secretos de su pasado y está emparentado con uno de los aspirantes del Proceso.

Por último, Silas (Samuel de Assis) es un médico que trabaja para La Causa. Si no agrego más sobre estos tres personajes es porque es imposible hacerlo sin ahondar en detalles de la trama que se van conociendo de manera previa o paralela al desarrollo de los mismos.

Serie con Jóvenes, no Serie Juvenil

Los bien dosificados flashbacks, que se continúan hasta el último episodio, nos ayudan a ir deshilvanando la historia personal que ha llevado hasta allí a cada uno de los distintos personajes: recién en la cuarta temporada, por ejemplo, se revelan algunas cuestiones clave sobre la identidad de Joana o los traumas que marcaron a Marcela. Sin embargo, en ningún momento, los flashbacks se convierten en un recurso abusivo: siempre están en la medida justa y al servicio de la comprensión de la historia.

El hecho de que la propia premisa argumental haga que los participantes del Proceso ronden los veinte años, puede, inevitablemente, acercar la propuesta a la de otras series o películas juveniles de tono postapocalíptico. Sin embargo, no hay que pensar que protagonistas jóvenes sean sinónimo de serie juvenil, ya que 3 % evita muy bien los lugares comunes del género: a no esperar romances histéricos.

Ideología sin Dogmas

La visión de Pedro Aguilera, creador de la serie, es básicamente clasista, cosa que también ha demostrado en Omnisciente, otra distopía muy recomendable y ya comentada en esta web a la que, sin embargo e incomprensiblemente, Netflix no ha publicitado en igual medida. No obstante, en ningún momento derrapa hacia un discurso panfletario o demasiado ortodoxo; su enfoque parece más bien asumir siempre una perspectiva sociológica o antropológica, en la cual tienen un peso fundamental las aparentes contradicciones humanas, inclusive entre quienes en teoría serían los oprimidos.

Por cierto, a pesar de lo opresivo de la historia en general, el final deja un inesperado giro optimista.

Balance Final

Es posible que, en el conjunto definitivo, la tercera y cuarta temporada hayan estirado demasiado algunas situaciones que bien podrían haberse resumido en solo una, pero ello no quita valor a una propuesta que es interesante y por momentos audaz.

Las actuaciones son, en general, correctas y van mejorando al avanzar la serie, lo cual es un punto a favor. Muchos parecen formados en el teatro y ello puede llevar a algo de sobreactuación que, luego, va quedando atrás. Se destacan, de manera particular, Vaneza Oliveira (aunque su personaje no llega a explotar su potencial), así como Rodolfo Valente, Rafael Lozano, Laila Garin y Cinthia Senek. En cuanto a la actriz principal, Bianca Comparato, es una de las que va mejorando al correr las temporadas.

Desde el punto de vista visual, la serie está muy bien lograda sin necesidad de gran despliegue escénico o de efectos, siendo responsable por la fotografía Cesar Charlone, nominado al Oscar justamente en esa categoría por la superlativa película Ciudad de Dios.

Con la banda sonora pasa algo extraño, pues puede chocar de entrada y parecer tal vez demasiado experimental para una serie: sonidos tribales, música concreta, notas disonantes ejecutadas de modo casi aleatorio por violines, flautas, percusión u ordenadores. Sin embargo, a medida que avanza la serie, el oído se acostumbra y nos vamos dando cuenta que la música no solo es original y distinta, sino que también responde a una lógica que no se percibe al comienzo. Incluso la constante repetición del leitmotiv que, en otros casos podría producir tedio, está aquí bien manejada, ya que nunca se repite exactamente igual sino con variaciones que, a veces, hasta dificultan el reconocerlo.

3 % es, en definitiva y por debajo de su apariencia externa de serie juvenil convencional, una propuesta distinta y excitante, a la cual tienes la posibilidad de acceder de corrido y con la historia ya totalmente cerrada, sin las consabidas y largas esperas entre una temporada y otra. Y con esta ya van dos buenas de Brasil en materia de series en Netflix. La invitación está hecha para pasar a ser parte del tres por ciento o, mejor dicho, para hacer que ese porcentaje sea más alto. Merece la pena intentarlo…

Será hasta cualquier momento. Un saludo y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

4 COMENTARIOS

  1. Gracias Rodolfo por tu artículo.

    La primera temporada la ví, muy bien. A partir de la segunda temporada.. lo dejé, el factor suspense y sorpresa ya no existía.

    Un saludo y sed felices!!

    • Hola Jordi.. gracias por comentar! Sí, es verdad que algunas cosas que en la primera temporada funcionan ya después nos son conocidas, sobre todo en lo que tiene que ver con las pruebas del Proceso y todo eso. Pero a pesar de todo yo veo que van apareciendo algunas revelaciones nuevas que van reencaminando las historia y que, por lo menos, para mí, hicieron que siguiera manteniendo el interés. Y algunos personajes que no revestían mucho interés, de a poco lo fueron ganando. Ojo, de todas formas y tal como lo he dicho en el artículo, hay situaciones algo estiradas que podrían haberse contado en menos tiempo. Particularmente las temporadas 3 y 4 podrían haberse resumido en una sola, pero, bueno, en el balance final me pareció una propuesta interesante y, por lo menos, se sale de algunos clichés. Desde ya que todo son gustos y opiniones.
      Que estés bien, Jordi! Gracias una vez más por tu aporte!

  2. He visto todas las temporadas, la 3 y 4 eran mejor resumirlas en 1 sola sinceramente, los personajes de joana y fernando son los que más me gustaron, incluso pensé que este último daría un giro en su trama, en el caso de joana la veía con otro origen, pero así fue sus tramas, en el caso de michele y marco no me gustó el final que le dieron en la serie en especial de michele, El final si fue mejor de lo que pensé.

    • Hola Melissa:
      Muchas gracias por comentar! Sí, coincido absolutamente que las temporadas 3 y 4 podrían haberse unido y sintetizado. Y a mí también me sorprendió el final optimista. Fernando es un personaje interesantísimo desde el principio, en efecto. Otros se fueron volviendo interesantes después. Pero bueno, en el balance creo que fue una gran serie más allá de alguna deficiencia que no empaña el resultado.
      Un saludo y gracias nuevamente! Que estés bien

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