Crítica de Araburu Kisetsu no Otome-domo: el arte de perder fuelle

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Buenos días queridos lectores, y bienvenidos a esta nueva entrada donde hablaré del que posiblemente siga siendo el mejor anime de la temporada aun con sus más y sus menos. Hablamos de nada más y nada menos que de Araburu Kitesu, una obra del género historias de la vida y que relata lo que es el despertar sexual de un grupo de adolescentes japonesas.

Como ya comenté en las primeras impresiones de la temporada, el principio del mismo me pareció una completa maravilla. El anime conseguía ser increíblemente verosímil y realista sin caer en las dos trampas japonesas por excelencia: a) su odiosa mojigatería b) sus repugnantes y brutales fetichismos, alias hentai. No, la serie no caía en ninguna de estas dos típicas corrientes, y además se trataba de un anime de una increíble elegancia y sutileza al retratar estos temas, lo que me agradó profundamente. Entra dentro de lo posible que el realismo y lo verosímil que resulta, sin caer en topicazos absurdos -por lo menos al principio- recaiga sobre el hecho de que la autora del manga que se adapta es una mujer y ella misma haya sufrido esto en sus propias carnes. No hay asunciones absurdas, ni lugares comunes tales como que las mujeres son puras y castas y no piensan en sexo. En esta serie se habla de los estigmas y prejuicios que se tienen que superar en un ambiente y una sociedad como la japonesa, en la que doy por seguro que la confusión que se siente es mayor que en la nuestra por la falta de comunicación y discusión que hay sobre el sexo. Su censura social generalizada, vamos.

 

Esto es algo extraño para nuestros ojos y por otro lado algo interesante también. Como he dicho antes y no he mentido, el anime no cae en la mojigatería que podríamos esperar de una sociedad tan conservadora, pero sin embargo sí diría que varios de sus personajes son mojigatos. Puede parecer extraño si lo piensas, pero en realidad tiene sentido. Si hablas, representas y describes el despertar sexual de personas de un puritanismo exagerado de manera realista probablemente te quede un anime que sin duda nosotros calificaríamos como tímido. En esta serie absolutamente nada es dicho o expresado de manera directa, sino que todo es dicho de manera casi subliminal con excepción de algunos momentos. Pero incluso en estos momentos o en las pocas ocasiones en las que se juega con el erotismo y los límites, véase Hongo y el profesor, o bien la acción no acaba o bien no es explícita. Y no digo esto como si fuese un punto negativo de la serie, sino todo lo contrario. La sutileza y elegancia e incluso el erotismo de esta serie es precisamente lo que hace de ella algo tan especial y una obra con una asombrosa sensibilidad. ¿Cómo es posible representar de manera artística, con momentos pausados que hacen que se te salga el corazón por la boca, la relación enfermiza entre un artista de teatro pederasta y una niña con aspecto angelical? Y sin embargo tampoco llega a escandalizarte nunca, porque de nuevo, nada es explícito o directo, pero consigue que entiendas absolutamente toda la situación de una manera asombrosamente exacta, de manera que te hace empatizar y entender a la protagonista sin juzgarla.

Parte de lo que hace creíble a la serie es que tanto el proceso de despertar sexual como el despertar romántico, realmente inseparables a la hora de la verdad, son vividos, contemplados y desarrollados de distintas maneras por cada uno de los protagonistas. Gracias a esto se nos permite poner el foco de atención en distintos problemas que se pueden tener durante este proceso, como pueden ser la superación de prejuicios, la salida del armario, la crisis existencial, el amor no correspondido o la confusión y malestar ligados al primer amor.

Sin embargo, la calidad y elegancia que caracterizan al anime se van diluyendo y perdiendo fuelle cuando se intentan aunar los procesos que cada uno de estos personajes va viviendo, por lo que según avanzan los capítulos vamos viendo como situaciones dignas de una telenovela y en general bastante ridículas van sucediendo. Comprendo los sentimientos que cada uno de estos personajes desarrolla, e incluso las decisiones que toman, pero ni veo muy realista ni entiendo que estos conflictos se arreglen por medio de peleas de almohadas o un secuestro, es simplemente tonto y rompe con toda la sutileza que venía trayendo la serie, aunque se pueda recuperar un poco hacia el final. Por otro lado veo esto normal, emociones o comportamientos tan complejos no son fáciles de describir o definirse con exactitud por medio de descripciones formales, y funcionan mejor cuando son metáforas, imágenes o alusiones a literatura, como lo eran en un principio. Es una pena, porque el principio era de diez, pero aun así esta serie sigue teniendo una puntuación muy alta.

Un saludo y sed felices.



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

1 comentario

  1. Yo también intento evitar cierto anime o manga cuando esté toca aspectos como la sexualidad o cualquier variante al respecto.O son,como bien dices,mogicatos de más o todo lo contrario y nos llevan a sus obsesiones o parafilias de carácter sexual que la verdad,son en su mayoría repulsilvas y que hablan por sí solas del problema que siempre ha tenido este país con respecto a su auto impuesto código de conducta de carácter muy coactivo y restrictivo.Japón es un país fascinante en múltiples aspectos,pero en otros… mejor cubrir con un tupido velo de incredulidad.

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