Crítica de Bojack Horseman: Temporada 6 (Parte 1)

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Bojack Horseman es una de las pocas animaciones para adultos del mundo occidental que confían más en el desarrollo de sus personajes que en el reclamo de la violencia o las bromas soeces para conseguir audiencia. Frente a comedias pioneras de este género como South Park o Padre de familia, y frente a exponentes más modernos y alocados como Rick y Morty, esta serie sobre un actor de televisión venido a menos ha conseguido trazar toda una maraña de relaciones de personajes y un mundo y estilo propios que han hecho que la anticipación de su sexta temporada no se deba únicamente al humor, sino a los mismos motivos que nos llevan a preocuparnos por el final de cualquier serie live-action: ¿cómo acabará cada individuo que pulula por el entorno de Bojack? ¿Cuál será el destino final del protagonista? ¿Decepcionará la conclusión a los que llevan siguiendo esta serie desde el 2014?

La temporada final de una de las series más soprendentes de los últimos años, por la que nadie apostaba nada cuando salió, finalizará en enero de 2020, cuando Netflix emita la segunda tanda de episodios. Pero, de momento, repasemos las sorpresas que nos ofrece esta primera parte, en la que nos reencontramos con la estrella de la sitcom que dominó los noventa y que trata de sobrevivir en el implacable Hollywoo.

Un ejercicio de sinceridad

Esta serie siempre ha destacado por su enfoque sincero hacia los personajes autodestructivos que autores como Bukowski popularizaron y que llevan desde entonces popularizando imágenes con citas supuestamente rompedoras y nihilistas en Internet. Aquí, el Rick Sánchez o Bender Rodríguez de turno no es un triunfador glamuroso, y en esta temporada se ve con más claridad que nunca: nuestro caballo favorito comienza su terapia de rehabilitación en un centro dedicado especialmente a ello, es decir, admitiendo que tiene un problema. Durante este proceso de curación se ve la maestría de Raphael Bob-Waksberg y el resto de responsables de la serie: después de cebarse con el pobre equino durante las primeras temporadas y tratar sus problemas desde una óptica humorística, acompañarle durante su etapa de sobriedad nos hace darnos cuenta de a qué se debe su adicción, en un primer capítulo descorazonador pero tan real como la vida misma.

Por supuesto, no todo el mundo gira en torno al protagonista, sino que cada personaje debe enfrentarse a sus demonios. Aquí debemos detenernos para recordar que se anunció la cancelación de la serie tras la de Tuca y Bertie y, sobre todo, tras conocerse que su equipo de animación había decidido sindicarse. Aunque podríamos pasarnos párrafos enteros preguntándonos por qué Netflix dio carpetazo a este producto, lo cierto es que el viaje de cada personaje parece estar llegando a su conclusión lógica. Todo, desde el enfrentamiento de Diane con la depresión hasta la ajetreada maternidad de Princess Carolyn, sin olvidarnos de la rompedora intro de esta temporada, sugiere un final bien pensado y mejor ejecutado. Si los creadores de este mundo no habían previsto una conclusión tan temprana, se han esforzado mucho en cerrar todos los cabos sueltos. Los cameos de personajes de todas las etapas de la serie convierten a estos ocho episodios en un insólito ejercicio de fanservice con cabeza, y dan unidad a un conjunto independiente ya de su protagonista: cada personaje es un mundo, y sus historias son tan importantes como la de Bojack.

Un inicio de temporada muy optimista… demasiado

A pesar de un primer capítulo muy duro que trata los orígenes de la adicción, esta primera tanda de episodios parece una de esas edificantes películas de autosuperación à la Intocable, en el mejor de los sentidos. Resulta agradable ver cómo todos estos personajes con los que llevamos tanto tiempo están madurando. Eso es lo que sugiere este final: madurez, un concepto de cuya ausencia se ha hablado mucho en Bojack Horseman, pero que solo ahora parece ponerse en práctica. Además, gracias a un guión inteligente y a un trabajo previo extraordinario, ninguno de los logros que alcanzan los protagonistas parece desmesurado o sencillo. Al contrario: contemplamos cómo tropiezan varias veces antes de llegar a su meta… y, a decir verdad, lo llevan haciendo ya cinco temporadas, por lo que resulta refrescante ver un cambio a mejor. Las interpretaciones siguen siendo magistrales, tanto en los momentos más cómicos como en las escenas dramáticas.

Sin embargo, esta serie siempre ofrece una de cal y otra de arena. Por ello, el último capítulo que ha salido hasta el momento sugiere que la candidez de esta primera mitad de temporada desaparecerá por completo, o que por lo menos dará lugar al drama más inmisericorde que tanto ha caracterizado al resto de entregas hasta el momento. Sin entrar en spoilers, el capítulo octavo recuerda una verdad algo dura de aceptar: a veces, el arrepentimiento no basta para enmendar una mala acción. El cliffhanger en el que nos deja Netflix promete un clímax devastador, y quizás eso sea lo más apropiado. Tendremos que esperar unos cuantos meses para asegurarnos de ello.

Conclusión

La última temporada de Bojack Horseman se despide en sus propios términos, con una primera mitad sosegada frente al frenetismo que a veces se les exige a los finales. La verdad, no me gustaría verme en el pellejo de sus creadores: tanto un final desgraciado como uno alegre alienarían a gran parte de sus seguidores. Sin embargo, hasta el momento, parecen estar haciendo lo que quieren con su criatura, recordándonos que es mucho mejor un final prematuro que uno postergado hasta el infinito. Y, de momento, está a la altura.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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