Crítica de Bojack Horseman: Temporada 6 (Parte 2)

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Bojack Horseman, una de las series de animación más profundas y logradas de todos los tiempos, ha llegado a su fin después de seis temporadas llenas de altibajos en las que el caballo protagonista, un decadente actor televisivo, se ha tenido que enfrentar a los errores de su pasado y ha fracasado una y otra vez. Tras los primeros ocho episodios de esta tanda, en los que tanto el famoso equino como su plantilla de secundarios parecían haber encauzado sus vidas, los últimos capítulos le enfrentan a sus pecados con una dureza que jamás habíamos visto en esta serie… y eso ya es decir.

El legado de Sarah Lynn

Sin escatimar el riguroso aviso de spoilers sobre la primera parte de esta temporada, cabe destacar el brillante punto de partida que toma la recta final: una reportera a punto de casarse y de retirarse para siempre, un hilarante homenaje con patas a Primera plana, está investigando todos los trapos sucios de Bojack, que parece haber hallado un bienestar relativo como profesor de interpretación para su clase de impresionables alumnos, lejos de los focos del barrio más glamuroso de Los Ángeles. Estos incluyen el intento de mantener relaciones con una adolescente y, sobre todo, su papel en la muerte de la actriz Sarah Lynn.

Este gran error de Bojack Horseman será el que acabe haciéndole tocar fondo al revelarse como un monstruo ante todos sus amigos y ante su hermana Hollyhock. A partir de este momento, tendrá que hacer un enorme esfuerzo por limpiar su imagen y por encontrar el perdón de sus conocidos, y enfrentarse a la gran pregunta que lleva acompañándole durante toda esta fascinante serie: ¿merece la pena admitir los fracasos desde la honestidad o hay que tomar el camino fácil siempre que se pueda? Bueno, todos conocemos a Bojack…

Crímenes y castigos

Si la primera mitad de este colofón final incidía en la idea del cambio y de la evolución, con múltiples personajes saliendo de su zona de confort, esta última entrega muestra lo difícil que puede resultar seguir adelante cuando hay algo que nos frena. En este sentido, los guionistas de la serie hacen un excelente trabajo retratando la reacción del círculo de Bojack a sus defectos, desde la ofendida Diane hasta la pragmática Princess Carolyn, mientras siguen enfrentándose a sus propios demonios. De nuevo, se hace hincapié en lo fácilmente que solemos perdonar a nuestros famosos favoritos cuando cometen un error o incluso un delito, y nadie simboliza esto mejor que el personaje principal, que comienza por fin a enfrentarse a las consecuencias tangibles y hasta económicas de sus actos. El humor ácido de la serie, a pesar de ello, le hace pagar más duramente por pequeñas infracciones que por una muerte: no olvidemos que, en este universo, quienes acumulan mil millones de dólares de patrimonio pueden matar con impunidad.

Sin embargo, en el ámbito personal, la pérdida súbita de ciertas relaciones y posesiones muestra que sí hay castigo para sus crímenes: en el penúltimo episodio, seguramente el mejor de la serie, su examen de conciencia se traduce en una visión que, sin destripar nada, no dejará indiferente a nadie por lo real que parece y por el pesimismo que impregna los crueles veinte minutos que dura este capítulo. Hay quien ha acusado y acusará al final definitivo de cobarde después de esta pequeña obra maestra, pero en él también comprobamos cómo un castigo impuesto por otros puede llegar a tener un efecto positivo sobre una personalidad tan descarriada como la del protagonista, y cómo la ausencia de un perdón fácil no es incompatible con la reconciliación. Aunque hasta la última escena descubrimos más facetas ruines del caballo, la reflexión final es todo lo optimista que puede llegar a ser, dadas las circunstancias.

Conclusión

Los últimos episodios de esta gran serie mantienen el nivel e incluso lo elevan, dándonos un final que nos permite volver atrás y reinterpretar todo lo que hemos visto hasta el momento. ¿La moraleja? Frente a la nostalgia enfermiza del Bojack de la primera temporada, los creadores nos dejan bien claro que no es bueno aferrarse en demasía al pasado, aunque siempre sea más saludable hacer las paces con él. Así, todos los personajes (Todd, Diane, hasta la actriz secundaria Margo Martindale) llegan a un punto más o menos agradable en sus vidas tras atreverse a hacer algo nuevo y cambiar. Pero nunca hay un final definitivo: la vida sigue. Habrá buenos y malos momentos, pero ya no los veremos.

Y nosotros dejamos ir a Bojack Horseman, pero su creador sigue sorprendiéndonos con nuevos experimentos como Undone. Quizás en el futuro haga lo que hizo Bergman con Secretos de un matrimonio y nos deleite con un amargo epílogo décadas después, en una época en la que las franquicias nunca mueren, pero el broche final es tan redondo que muchos preferimos imaginarnos las aventuras de este imperfecto caballo y desear que todo le salga bien.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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