Crítica de Christopher Robin: En busca del niño perdido

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Justo el año pasado se estrenó otro filme acerca de la figura de Winnie the Pooh, titulado Adiós Christopher Robin. Este filme narraba cómo la fama del libro había impactado a toda una familia, lo duro que fue para Christopher Robin crecer con toda esa atención pública puesta sobre su persona. El tema se trataba con mucha madurez y, a veces, oscuridad. Christopher Robin, dirigida por Marc Forster (Guerra Mundial Z, Descubriendo Nunca Jamás), es una película muy diferente, si la anterior se dirigía a un público adulto, esta intenta dirigirse también al infantil, por lo menos es lo que se deduce viendo las primeras escenas. Ante todo, Christopher Robin es una película familiar que intenta complacer tanto a adultos como a niños pero que, al final, se queda a medio camino.

La película comienza con un Christopher Robin de niño en el bosque de los Cien Acres junto al resto de la pandilla de animales de peluche. A través de unas escenas rápidas se resume la vida del chico hasta la actualidad, ya con una familia y un trabajo de oficina. Christopher Robin (Ewan McGregor) ha perdido su lado aventurero, ahora Winnie The Pooh y compañía deben ayudarle a recuperar el niño que lleva dentro.

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El filme es simplemente correcto, a veces roza el aburrimiento. Posee la típica historia que ya ha sido contada millones de veces y temas a los que se recurre en muchísimas películas de Disney. Christopher Robin ha cambiado muchísimo desde que era pequeño debido a sus vivencias personales, pasa todo el tiempo trabajando en algo que no le llena del todo, simplemente para tener un mejor futuro, no vive en el ahora. Por lo tanto, el arco del personaje principal es bastante obvio desde un principio: debe darse cuenta de que lo que realmente importa es la familia. Aquí es donde entra Winnie the Pooh, el oso representa ese caos que tanto necesita la vida de Robin, muestra de ello es la divertidísima escena en la que Pooh destroza la casa de Christopher.

Christopher Robin es, de hecho, el único personaje que recibe cierto desarrollo. Haley Atwell quien interpreta a su esposa no tiene mucho que hacer; ella, al igual que su hija (Bronte Carmichael), son factores que permiten el cambio del protagonista. Por otro lado, los peluches tampoco aparecen demasiado en pantalla, pero de ellos surge la parte cómica del filme, una comicidad que no llega del todo bien a los adultos, pero tampoco funciona demasiado con los niños. Winnie the Pooh tiene un humor muy seco, es posible que los más jóvenes no capten sus chistes. La parte positiva es que los animales tienen caracteres tan marcados que no lleva mucho tiempo identificar sus rasgos de personalidad, cada niño saldrá con un favorito del filme, que seguramente será Tigger.

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En Christopher Robin se distinguen muchos rasgos de películas familiares: Hay un malo malísimo, caricaturesco, si pusiéramos el televisor a cero, no tendríamos ninguna dificultad en reconocer en él al villano del filme. La película también alberga una moraleja, una lección clara impartida por los animales: No pierdas tu niño interior. La comicidad como se ha dicho antes, también está presente. A pesar de estos elementos el filme falla en su intento de entretener a los niños en su primera parte.

Los más pequeños se aburrirán al ver la vida de un adulto que trabaja en una oficina, querrán ver a Winnie the Pooh, pero este no reaparece hasta muy tarde. Por lo tanto, aunque el filme posea muchas características propias del género, esta primera parte puede afectar al disfrute total del mismo.

Lo positivo es que técnicamente es bastante buena. Destaca el vestuario que nos traslada a la época; la cinematografía que diferencia Londres del bosque de los Cien Acres y oscurece el ambiente cuando hay “peligro” a la vista. También hay buenos efectos para dar vida a los animales, que se integran en el filme sin desentonar nunca.

En resumen, Christopher Robin es una película correcta que no arriesga demasiado y es, ante todo, olvidable. Es lo suficientemente entretenida como para no arrepentirte de verla, pero no atrapa como para emocionarte. Es cierto que personalmente nunca me ha encantado el mundo que creó el autor A. A. Milne, así que es posible que para los fanáticos de este universo el visionado sí sea mucho más emocionante.



el autor

Actualmente estudio traducción e interpretación, pero mi verdadera pasión es el cine, una pasión que, en mi caso, no comprende de géneros, solo de calidad.

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