Crítica de El niño que pudo ser rey: El Rey Arturo contra el Brexit

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Alexander “Alex” Elliot es un chico de 12 años que vive su adolescencia como puede. Criado solo por su madre, ha aprendido los valores que regían la corte de Camelot gracias a un libro que le regaló su padre, desaparecido cuando él era un niño. En el colegio, defiende a su amigo Bedders del acoso al que lo someten los abusones, acoso que sufre también en sus carnes hasta el día en que encuentra una espada clavada en una roca, o más en concreto en el pilón de una obra. ¿Será dicha espada la mítica Excalibur? ¿Es Alex el heredero del Rey Arturo? ¿Ese chico nuevo tan extravagante es el mago Merlín? ¿Regresará Morgana de su destierro en las profundidades de la tierra?

Con este argumento, Joe Cornish (guionista y director de Attack The Block y co-guionista de Las aventuras de Tintin: El secreto del unicornio y Ant-Man) nos trae una película en la línea de clásicos de los 80, como Los GooniesExploradores o El secreto de la pirámide, protagonizadas por un grupo de adolescentes, mezcla de magia y aventuras, donde los más jóvenes se lo pasarán en grande y los adultos que los acompañan también. Protagonizada por Louis Serkis (si, el hijo de Andy Serkis) y con rostros poco conocidos por el gran público, si exceptuamos a Sir Patrick Steward como un viejo Merlín y Rebecca Fergurson como Morgana, El niño que pudo ser rey es una película muy entretenida dirigida a aquellos que aun no han perdido su inocencia cinematográfica y que tan solo ansían perderse en una historia proyectada en una pantalla grande, con la sala a oscuras, recuperando el sabor y el aroma de los clásicos. Es una cinta que bebe directamente de aquellas películas ochenteras y que amalgama otras sagas más contemporáneas, como Harry Potter, Star Wars o El señor de los anillos.

Louis Srekis es Alex

Hasta aquí todo correcto. Sin embargo, Joe Cornish no se ha quedado en eso. Es verdad que el mito de Arturo anda algo descafeinado en esta película, obviando de forma intencionada las referencias, por escandalosas y fuera de lugar, al adulterio de Ginebra y el incesto con Morgana, usando solo las que le interesan, como la relación de Arturo / Alex con su padre o la traición de Lancelot / Lance. Sin embargo se mantiene como base de la historia parte de la leyenda de Arturo Pendragón y Excalibur que ya usaron Mike W. Barr y Brian Bolland como base del cómic Camelot 3000; esa parte que dice que, en su hora más oscura, cuando Inglaterra más lo necesite, Arturo y Excalibur regresarán para salvarla. ¿Y qué hora más oscura que esta, cuando el Brexit ha partido el país en dos, enfrentando a los unos con los otros? Es en estos tiempos oscuros cuando hay que recuperar la cordura y los valores de antaño, la camaradería, la amistad, la lealtad y el no desfallecer ante las adversidades y todo esto es lo que nos cuenta El niño que pudo ser rey. Quizás alguien pueda pensar que me las estoy dando de enteradillo y que estoy sacando punta a una historia que es tan solo un simple entretenimiento. Nada más lejos de la realidad. No es que Joe Cornish haya sido sutil y haya introducido dobles lecturas escondidas: es que ha sido descarado y nos lo ha escupido a la cara.

Nada más empezar, la voz en off de un noticiario nos dice que el mundo está dividido y que los locos han llegado al poder. A lo largo de todo la cinta se repiten los mensajes en cuanto a la división del país, a los valores, al enfrentamiento entre hermanos, a la necesidad de perdonar y de tejer alianzas, mensajes que puede que los niños no acaben de entender a qué se refieren exactamente pero que para un adulto resultan muy, muy evidentes. La lección a los más jóvenes está ahí pero también la regañina a los adultos. Es como si dijese a la cara: ¿tan tontos sois que no os dais cuenta de la que habéis liado y os lo tengo que decir en forma de fábula? Cornish sermonea a sus contemporáneos, a aquellos padres que sabe que acompañarán a sus hijos al cine, y lo hace, a decir verdad, con toda la razón del mundo y a pesar de no tomar partido por un bando u otro deja caer que, para él, todo está perdido y que tan solo las futuras generaciones podrán arreglar este desaguisado.

Una casi irrreconocible Rebecca Ferguson como Morgana

Esta muy claro a qué se refiere el director y guionista en su historia. Es, como ya he dicho, demasiado descarado. Tanto que hay ocasiones a lo largo del metraje en las que el mensaje avasalla a la historia. La película está ambientada en la Inglaterra contemporánea, los protagonistas son ingleses, el país está dividido, hace falta unirse, convertir a los enemigos en aliados, llegara a acuerdos, olvidar y perdonar, etc pero por fortuna no nombra a las cosas por su nombre y se sirve de valores universales que ya he citado antes: lealtad, camaradería, valentía,… son valores que deberían abundar en todos lados y ese país dividido, esos locos que llegan al poder y enfrentan a hermanos contra hermanos a base de mentiras no son exclusivos de Inglaterra. Aquí mismo, sin ir más lejos, tenemos también un país cada vez más polarizado y con los ánimos cada vez más exaltados. No tenemos Brexit pero tenemos Procés y películas como El niño que pudo ser rey deberían ser de obligado visionario para quienes han perdido el rumbo. Podemos perdonar a Joe Cornish que se haya dejado llevar en ocasiones porque a pesar de eso, o gracias a eso, ha facturado una gran película que las nuevas generaciones venerarán como nosotros veneramos a nuestros clásicos. Un saludo, sed felices.



el autor

Toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

2 comentarios

  1. Mira que yo soy gilip*****, pero la vi hace poco (me gustó bastante, sabiendo al tipo de peli que iba) y no me había coscado de nada del Brexit; me hace verla con otros (y mejores) ojos.

    • Pedro Perez S. el

      Saludos Manuel. Pues mira, no se yo si es una suerte que no lo pillases porque a mi había momentos en que el semón me sacaba de la película. Creo que habría podido ser más sutíl. O eso o es que yo me he fijado demasiado en el mensaje. Gracias por el comentario.

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