Crítica de Robin Hood. Un forajido al estilo Guy Ritchie.

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Revisitar un clásico debería ser un deporte de riesgo. A bote pronto, hemos visto a un Robin Hood mudo (1922), al clásico de Errol Flynn en 1938, a la versión animada de Disney de 1973, a la actualización de Kevin Costner y Morgan Freeman y a la realista de Russell Crowe.

Otto Bathurst, encargado de varios episodios de Peaky Blinders y Black Mirror, fue el director de la fallida Robin Hood (2018), con Taron Egerton, protagonista de Kingsman y Rocketman; y Jamie Foxx, ganador del Oscar por Ray y protagonista, entre otras películas, de Django desencadenado.

Así que, ¿qué fue lo que provocó el rechazo de la crítica y el público en esta nueva adaptación del forajido de Sherwood? Ahora tenemos la oportunidad de comprobarlo gracias a la incorporación de Robin Hood a Netflix. La pregunta es… ¿tienen razón?

No vamos a analizar la trama general de Robin Hood porque es más que conocida por todos nosotros. Un noble que regresa de las cruzadas y roba el dinero de los ricos para dárselo a los pobres. ¿Qué aporta esta nueva versión?

Lo que más llama la atención es la estética. Fiel al Guy Ritchie de El rey Arturo (aquí podéis leer nuestra crítica), Robin Hood es una actualización histórica. La trama se sitúa en la Edad Media, con la Tercera Cruzada de por medio, pero Nottingham parece más una ciudad industrial decimonónica. Los nobles llevan americana de tela y pañuelos palestinos. Los soldados no utilizan espadas, sino ballestas de mecanismos complejos que parecen más metralletas que armas medievales. Cuando Robin vuelve de las Cruzadas, bien podría ser un marine regresando de la guerra de Irak.

El tema a tratar busca la identificación con el público actual a través de dos temas. Por un lado, la religión como instrumento para aterrorizar a la población y para odiar al diferente (una clara analogía con los Estados Unidos de Trump). Por el otro, el repartir el poder político en el pueblo y no dejarse esclavizar por este con medidas dictatoriales. En este sentido, Robin Hood funciona más como un antisistema, un sosias de líder de Anonymous, que como un forajido. El apunte más interesante podría ser el personaje de Jamie Dornan, un líder de la plebe que agita a las masas de forma controlada para obtener un lugar de privilegio como “oposición sumisa”.

Sorprende que, en una versión tan actualizada, que busca la identificación con el público más juvenil, el personaje femenino sea poco menos que un florero, el símbolo de la moneda de cambio del liderazgo de la plebe de uno a otro personaje…y poco más. Ni rastro de la habilidosa ladrona que se muestra en la escena inicial. Desgraciadamente, Eve Hewson es un personaje más retrógrado que Olivia de Havilland en 1938.

Sin embargo, este no es el mayor problema de Robin Hood. El tono elegido es más propio de Kingsman que de El reino de los cielos u otras películas de aventuras de la primera década del siglo XXI. Pero, mientras la joya de Matthew Vaughn funciona siendo consciente de sus excesos tanto en las escenas de acción como en el retrato de las clases sociales británicas, Robin Hood mantiene la estética comiquera y videojueguil enmarcada en un argumento demasiado serio. Ni siquiera se juega con la figura de Taron Egerton como héroe cínico al estilo del Eggsy de Kingsman. Las pocas bromas corren a cargo de Jamie Foxx, y quedan muy deslucidas.

Así que nos queda una película con una trama previsible y poco profunda. Los malos son tan malos como estúpidos, y los buenos están muy mal dibujados. Incluso las motivaciones de Robin están poco definidas.

De todas formas, si se ve liberado de prejuicios, siendo consciente de las malas críticas recibidas… lo cierto es que se disfruta. Es entretenida, con un buen sentido del ritmo, aunque las escenas de acción carecen del tempo de Kingsman, con un abuso exagerado de la cámara lenta. Al menos innovan al utilizar arcos y ballestas como únicas armas a lo largo de toda la película, lo que permite reflejar combates nunca antes vistos en el cine. Eso sí, mal rodados.

En definitiva, Robin Hood es un reflejo de lo que se ha convertido el cine de aventuras del siglo XXI. Más cercano a Arrow que al forajido Kevin Costner de los 90 o el Russell Crowe de 2010; es una acción deudora del cómic y el videojuego con estética modernista que peca de un guión demasiado simple y que se toma demasiado en serio a sí mismo. Eso, junto a algunas decisiones cuestionables en el personaje femenino, lastran a una película que tal vez ha sido demasiado castigada por las expectativas puestas en ella.

¡Un saludo y sed felices! ¡Nos leemos la semana que viene!

el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

2 comentarios

  1. Buenas, yo disfrute tanto la de kevin costner como la de russell crowe, además de la animada claro. Esta para nada, cierto es que es entretenida y está bien en acción, pero su principal defecto fue beber mucho de una película que no le gusto a nadie y que fue un fracaso, que fue excalibur, la leyenda del rey Arturo, que lo único bueno de la película fue elegir a charlie hunnam como el rey Arturo, el resultado fue otro fracaso.

    • Fernando Vílchez el

      Totalmente de acuerdo. Ah, y te recomiendo la versión crepuscular de Sean Connery y Audrey Hepburn. Magnífica.

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