Dragon Age II: el fiasco

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Desde este sitio lleno de gente razonable ya hablamos del primer Dragon Age, celebrando que fuera un buen videojuego y nos dejara con buen saborcillo de boca, teniendo claras sus limitaciones y sus cosillas made in BioWare. Nos hicieron una expansión, El Despertar, que por una parte mejoró argumentalmente una barbaridad el juego original además de introducir grises en la clásica moral de buenos/malos de estos pago y darnos una batalla final como san dios manda. Por otro lado, la expansión era ridículamente sencillo, siendo muy normal ni plantearse estrategias e ir pasándoselo como si nada. Aún así, como expansión no estuvo nada mal.

BioWare se animó ante las cifras de ventas y buenas críticas generalizadas. Anunció la segunda parte, y procedió a decir que todo iba a ser mucho más bonito y mejor. Lo cierto es que el primero se creó pensando en el ordenador y sus controles, siendo la versión de consolas algo diferente en el manejo. Las primeras impresiones del juego generaron mucho revuelo: el combate parecía simplificado, casi más de juego de acción que de rol, los enemigos caían como moscas y demás. Las habituales sospechas de los jugadores de PC cuando un juego está creado para consola, vamos. Sospechas que fueron alarmas cuando dejaron caer que querían la audiencia de los Call of Duty. Querer vender muchísimo como los Call of Duty no es malo ni criticable, los videojuegos se hacen para ganar dinero y cuanto más mejor. El miedo venía de qué tipo de cosas iban a meter en el juego para conseguir alcanzar a más público.

Dragon Age II salió en 2011 para todo lo que podía salir. BioWare hizo un “Final Fantasy”: vendieron muchísimo las dos primeras semanas (los que lo tenían reservado de antes), se llevó buenas notas de la prensa especializada (cof, cof)  y una vez empezaron los comentarios de los que lo habían comprado en los foros de internet las ventas cayeron en picado, hasta encontrarse uno muchísimos ejemplares de segunda mano a los dos meses de haber salido.

¿Qué pasó? Todos somos gente ocupada, leer cansa y qué mejor que un vídeo de unos segundos para resumirlo, cortesía de los chicos de El Píxel Ilustre:

En un intento de abarcar a más gente con menos recursos de producción se tiró por la calle del medio. Combate chupado, sin tener casi inventario, repitiendo localizaciones por donde pasaríamos una y otra vez, montones de enemigos que caen como moscas con nuestros parpadeos, lucimiento gráfico mucho mayor y montones de personajes bisexuales para que no haya problemas para decidir con quién nos liamos. Aunque, vamos a decirlo, el elenco de personajes reclutables de Dragon Age II es de los más sosos y olvidables de la historia de los videojuegos de rol. Las excepciones son el elfo emo que se cree Squall (el de Final Fantasy VIII) al que todos queríamos deportar del continente y, claro, Isabela, que forma parte de la tradición de BioWare con sus Morrigan,  sus Mirandas y demás. El Pueblo lo quiere y BioWare se lo da. Se esforzaron mucho con ella, porque luego el aspecto artístico del juego dejaba mucho que desear.

Isabela. Indumentaria ideal para protegerse contra flechazos y espadazos. Comodísimo para saltar y esquivar.

La trama nadie sabía adonde iba. Las misiones secundarias eran de un genérico que daba miedo, usando los mismos escenarios una y otra vez, sin mucha variación que digamos. El argumento era urbano, para nada era la típica cosa de salvar al mundo empezando desde el arroyo, como suele ser normal. Esto no sería malo si las cosas están bien contadas, pero para que las cosas empiecen a arrancar y tengamos algo de chicha en el juego tienes que pasar por no menos de 10-15 horas. Es decir, era insufrible. Lo peor que puede ser un juego.

Podían haber hecho un juego de acción bien hecho y oye, perderíamos un buen juego de rol para tener un buen juego de acción. Es decir, que mientras hicieran algo bien ningún problema, creo yo. Pero no. Aquello no lo sostenían las notas de la prensa especializada y el clamor era casi unánime en las reacciones de los usuarios. Era aburrido. Tardaba en arrancar. Casi casi el juego se pasaba solito sin pensar en qué habilidades usabas o qué táctica usabas. Repetición tras repetición de escenarios. Hay que decir que las relaciones romántico-sexuales eran más complejas y en general mejores que en la primera parte, pero a nadie le importaba: aquellos personajes eran aburridos o irritantes.

BioWare tuvo su momento más bajo con este juego, que pecó de rápidez en sus producción y de muchos líos internos de organización. Las reacciones de los fans fueron tirando a lamentables en algunos casos.Esto sólo son videojuegos, amigos. Como sería el fracaso en cuanto a prestigio que admitieron que la tercera parte tendría elementos del gran competidor, la saga The Elder Scrolls, filosóficamente opuestos al primer Dragon Age y a la tradición de los Baldur´s Gate.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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