El Anacronópete: La novela que inspiró El Ministerio del Tiempo

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El Ministerio del Tiempo ha pasado de ser una rareza arriesgada a convertirse en una de las series más queridas del panorama audiovisual español, a pesar de que habría sido difícil apostar por un producto de estas características cuando surgió, en 2015. A lo largo de estos cinco años, esta serie ha sido renovada, puesta en barbecho durante tres años, renovada de nuevo, ha inspirado versiones no oficiales en el extranjero… pero, desde el principio, los hermanos Olivares fueron muy claros a la hora de hablar en entrevistas de aquellas obras españolas que habían precedido a su creación dentro del género fantástico y de ciencia ficción: mencionaron Un soldado español de veinte siglos, que ya fue versionada en la tercera temporada… y El Anacronópete, centrada en un aparato que ha acabado apareciendo en la última tanda de episodios.

La importancia de esta novela de Enrique Gaspar y Rimbau dista mucho de ser anecdótica, sin embargo: aunque este tipo de afirmaciones se encuentran siempre en perpetua discusión, parece ser la primera obra de la literatura universal centrada en una máquina del tiempo. En cualquier caso, dado que se publicó en 1887, es ocho años anterior a La máquina del tiempo de H. G. Wells, que popularizó este tipo de historias. Hoy recuperamos este clásico de renovado interés para analizar sus fallos, sus aciertos y la importancia que ostenta en la literatura de ciencia ficción.

La máquina del tiempo

La historia sigue los pasos del doctor Sindulfo García y de su colega Benjamín, dos amigos inseparables que deciden embarcarse en un viaje a través de las eras para hallar el secreto de la inmortalidad, tras encontrar una reliquia de la antigua China que sugiere la existencia de un método para alcanzar la vida eterna. Afectado por la muerte de su esposa, Sindulfo acabará creando un aparato extraordinario para viajar en el tiempo y el espacio, llamado anacronópete, que presentará en la Exposición Universal de París. Junto a su amigo, su sobrina, su criada y unos cuantos polizones, viajará a algunas de las fechas más destacadas de la historia de España y del mundo.

Sin embargo, no todo saldrá como esperaban, ya que comenzarán a enfrentarse a algunos de los efectos secundarios del viaje en el tiempo y a los distintos habitantes de las épocas a las que viajan, que no siempre tienen buenas intenciones…

Un viaje en el tiempo muy actual

A la hora de analizar esta novela, las comparaciones son inevitables, por lo que debe dejarse claro desde el principio: El Anacronópete no es mejor que La máquina del tiempo. Si hoy recordamos la segunda es, aparte de por la habilidad casi sobrenatural de los anglosajones de promocionar su cultura, porque la imaginación de Wells creó un fascinante futuro posapocalíptico que sigue siendo influyente en la actualidad, y porque el final de este libro no es tan brusco ni decepcionante como el del que reseñamos hoy. Sin embargo, ya que hablamos de influencia, debemos destacar que la trama de la novela de Gaspar y Rimbau se nos antoja increíblemente moderna, ya que el autor demuestra una clarividencia evidencia al predecir los distintos clichés de este tipo de historias.

Todos conocemos los lugares comunes del género: los protagonistas se las ven con una cultura extraña que les recibe con hostilidad, descubren la verdad sobre una reliquia que poseen, se encuentran con una persona que parece la viva imagen de alguien a quien conocieron en el presente… y todos estos elementos se encuentran aquí, no por compromiso con la audiencia, sino porque el autor pensó que eran los desarrollos más interesantes a los que podía llegar con una historia sobre una máquina del tiempo. Esto nos hace preguntarnos si otros autores más influyentes llegaron a leer esta novela o si, simplemente, se trata del desarrollo lógico de este tipo de historias. Un yanqui en la corte del rey Arturo, dos años posterior, muestra situaciones similares que apuntan a lo segundo.

En cualquier caso, se nota que Gaspar y Rimbau dedicó tiempo a pensar en el argumento y en todas sus implicaciones: a pesar de que la extensa y soporífera explicación sobre el funcionamiento del viaje en el tiempo resulta tan ridícula como la que aparece en el Superman de Donner, ataja desde el principio las posibles paradojas temporales que podrían surgir de esta expedición. El funcionamiento del anacronópete queda muy claro desde el principio, y sus efectos secundarios como el rejuvenecimiento de sus pasajeros se utilizan de forma muy inteligente para resolver algunas de las tramas.

Cabe destacar también una sólida selección de las épocas y localizaciones que visitan nuestros protagonistas, basada en su interés histórico y exotismo: la Granada de 1492, la Roma de Nerón, la China de los Tres Reinos… y este último período, en concreto, se trata con un respeto y conocimiento raros para la época, seguramente por la posición de cónsul que ostentaba el autor en el gigante asiático. En cuanto al uso del humor, aunque contribuye a aliviar la gravedad de algunas situaciones y nos deja claro que no debemos tomarnos demasiado en serio la ciencia de los viajes en el tiempo, acaba teniendo como consecuencia una de las conclusiones más perezosas que un servidor haya tenido la desgracia de leer. Spoiler: era todo un sueño.

Conclusión

El Anacronópete, aunque no exento de problemas ni de algunos estereotipos propios de su época, ha aguantado muy bien el paso del tiempo. No se trata únicamente de una curiosidad histórica de enorme importancia para la historia de la ciencia ficción, sino de una novela muy entretenida y todavía disfrutable para un lector contemporáneo. Es una pena que haya tenido que venir Javier Olivares a recordarnos que visitar el pasado puede ser apasionante.



el autor

Periodista recién graduado. Redactor en esta página y en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales. He publicado siete libros de ciencia ficción y fantasía en formato ebook, y cuento con un blog donde expongo mis proyectos. Si pinchas en esta casita tan maja, podrás verlo.

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