El cómic de la semana: Uzumaki, de Junji Ito. Nadie te va a dar tanto miedo como un japonés

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Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic. Bienvenidos a El cómic de la semana, y también quiero dar la bienvenida a los auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez. Otra semana más tenemos un especial de La Tapa del Obseso con el cómic de la semana y hoy toca: Uzumaki, de Junji Ito.

Nuestro muy viril y sacrosanto compañero Jaime habló en esta no menos sacrosanta casa de Junji Ito (leedle, ciudadanos). Yo ni sabía quien era, entendedme. Empecé a leer sobre todos esos horrores y esas imágenes desquiciadas de aquel japonés. Y es que, vamos a decirlo, nadie consigue aterrorizarnos tanto como los japoneses.

Hablar del terror y las ganas de leer o ver o jugar con videojuegos que te hagan tener miedo daría para mucho, pero seremos breves: nada da más miedo que lo desconocido. Lo que no sabes. De lo que no tienes ni idea. Un horror terrible pero perfectamente conocido puede ser angustioso, darte una ansiedad insoportable, tenerte tenso y deprimirte, claro, pero al final será un horror que o se puede combatir técnicamente (es decir, a escopetazo limpio) o se puede racionalizar, dar un sentido, asumir dentro de un orden de las cosas para hacerlo más comprensible, más lógico, menos ajeno. Las obras de terror que terminan marcando son casi siempre las que juegan mejor con todo lo que no sabes ni puedes saber de ningún modo. Quizás puede hacerlo cualquiera en cualquier cultura, pero para un occidental hay pocas cosas más ajenas que Japón. No Corea del Sur, no China, no: Japón. Muchas veces en España nos gusta hablar de lo especialitos que somos respecto al resto de Europa o del mundo civilizado, pero, aún teniendo cosas peculiares (como todos) somos vergonzosamente europeos en muchas cosas. Pero Japón no: es un país rarísimo. Incluso dentro de su entorno. Su historia es muy diferente a la china, similar a la coreana pero con suficientes cosas distintas como para realmente poder comparar relativamente poco. Como psicólogo diré que es otro planeta casi: cosas que parecen más que asentadas en cuanto a tratamientos o diagnósticos en Estados Unidos, Europa o Corea allí parece que no tienen mucho sentido. No se aplican igual. No funcionan igual.

Toda esta excepcionalidad hace que haya una legión de admiradores acríticos con Japón, el país distinto, rico, civilizado, lleno de gente obediente y educada, el paraíso de la seguridad y la estabilidad, así como de la innovación tecnológica y, a la vez, heredero de una tradición de honor molona a más no poder. Y digo admiradores acríticos porque Japón tiene muchas caras, no todas precisamente bonitas como sociedad ni como individuos. Ya hemos comentado aquí cómo un partido político ha ganado prácticamente casi todas las elecciones desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero podríamos hablar de los índices absurdos de trastornos mentales que tienen, lo muy reaccionario que es el país incluso para estándares occidentales (especialmente en relación a mujeres y jóvenes) o lo absurdamente patrioteros que son (es posible que consigan superar lo que parece insuperable: serlo más que franceses o estadounidenses). Podríamos seguir con la histórica permisividad hacia el porno infantil, pero no acabaríamos nunca: Japón es un sitio que mezcla mucho de lo mejor del mundo con unas cuantas cosas de lo peor. Destacan como país para bien o para mal. Y toda esa mezcla les hace, junto a su muy particular historia, únicos y especiales. Tanto que sus producciones culturales son realmente distintas de las occidentales. Muchas de ellas se hacen desde la admiración a lo occidental (como pasa con Metal Gear Solid, la saga Dragon Quest, Deadly Premonition, el Puño de la Estrella del Norte o Saint Seiya, por ejemplo), muchas intentan tender un puente a Occidente por el que podemos colarnos a veces allí. Pero otras muchas veces producen cómics o videojuegos muy suyos. Y cuando lo hacen nos resulta tan culturalmente ajeno y a la vez tan accesible que cuando se trata de obras de terror nos impresiona muchísimo. No es ninguna sorpresa que la película de miedo que más haya calado popularmente en muchísimos años fuera el remake de The Ring

En este caso, como ya nos dijo Jaime, hablamos de posiblemente la obra más redonda de Junji Ito, famoso por sus creaciones visuales inquietantes y su originalidad para crear terror en el mundo del manga: Uzumaki. Nos ha llegado a España gracias a Planeta Cómic en un estupendo tomo recopilatorio de toda la historia. La premisa es sencilla, como podemos ver en la contraportada:

Kurouzu, un pequeño pueblo rodeado por la niebla en la costa de Japón, está maldito. Según Shuichi Saito, el novio de la joven Kirie Goshima, su hogar está encantado, no por una persona, sino por un patrón: UZUMAKI, la espiral, el secreto hipnótico que da forma al mundo. Esta obra maestra está disponible por fin en un único integral. ¡Déjate caer en la espiral del terror!

El tomo se divide en muchos capítulos más o menos cortos. A pesar de ser una obra de más de 600 páginas no se hace largo, ya que dichos capítulos apenas tienen unas páginas cada uno. En muchos casos son casi una pequeña historia autoconclusiva en sí misma. El autor está claro que no le gusta alargar las cosas mucho, quizás hasta el extremo ya que más de una historia se corta de forma muy brusca, acabando con un cuadro explicatorio al final incluso. En fin, que es una obra ideal para ojear de vez en cuando unas páginas y recordar una historia u otra.

Todo gira, claro, en torno a la figura de la espiral, que se repite en múltiples sitios y es central en casi todas las historias que van enlazándose unas con otras, a través de la protagonista y su angustiado novio. El autor consigue obsesionarnos con las espirales de las conchas de caracol, con las espirales de los peinados de las mujeres, con las formas del cielo. Repite y repite la forma en mil sitios, de mil maneras, para luego construir algunas de las páginas más inquietantes y desagradables por puro horror que al menos yo he podido leer. La deshumanización de las personas al mezclarse con la masa, la deshumanización del otro al ir convirtiéndose en algo diferente o la búsqueda del individuo ignorado de una posible atención por parte de todos son algunos de los temas que están detrás de casi todas las historias. Y ya no es que por más cómics o manga o películas podamos haber visto la obra de la que hablamos consiga horrorizarnos o sentir escalofríos: es que el autor consigue sorprendernos con horrores poco habituales, como los capítulos que se dan en el hospital. Nunca el psicoanálisis ha sido usado tan magistralmente para darnos miedo a través de unos recién nacidos.

Es sencillamente espectacular la creatividad del autor para conseguir transmitir irrealidad y cosas ajenas al mundo racional tan conseguidas. Es fascinante cómo consigue llevarnos a un mundo cuyas reglas desconocemos totalmente, como consigue no tanto seguir un hilo lógico y explicativo del porqué de las cosas sino un tono y una congruencia de las diferentes partes del manga. Los protagonistas y nosotros muchas veces somos testigos de qué cosas terribles y enajenantes suceden, con alguna hipótesis de vez en cuando de las razones que hay detrás, pero poco más. El horror viene de la cantidad de horrores con la espiral como forma central que irán desfilando, sorprendiéndonos, haciéndonos revolver en más de una página. Viendo cómo Junji Ito vuelve a crear, una y otra vez, otro horror visual fuera de lo habitual del terror al que estamos acostumbrados los aficionados del género. Es esa convivencia de lo horriblemente sobrenatural con lo natural lo que consigue acentuar el horror. Habiendo alguna aparición de algún monstruo no es tan terrible como la estrella del manga: las consecuencias de la maldición de las espirales en los habitantes del pueblo. Sus espantosas transformación psicológicas, sus imposibles y grotescas transformaciones físicas. Todo el aflorar de todo lo peor del ser humano sumándose a lo anterior. El progresivo descenso a la locura de todo un pueblo, incapaz de enfrentarse a algo que supera racionalmente a cualquier ser humano.

Junji Ito empieza el manga con un ritmo lento y va acelerando conforme pasan los capítulos. En ningún caso se repite o decae el ritmo. Es asombroso cómo le sienta de bien los minicapítulos a la obra y cómo esta estructura consigue que en ningún momento nos durmamos. Es posible que este tomo tenga algunas de las imágenes más inquietantes y perturbadoras, como hemos comentado más arriba, del manga. Hasta el punto, creo, de no ser recomendable para gente con estómago sensible, teniendo en cuenta la predilección del autor por las transformaciones corporales traumatizantes para el lector. Pero es un imprescindible para cualquier aficionado al género del terror.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 comentarios

  1. La gran mentira incomprensible que todo el mundo repite: “es un imprescindible del genero de terror”.
    No, para nada, ya va siendo hora de que alguien diga la verdad, Uzumaki es un total absurdo infumable.
    Por ejemplo, un alumno que solo asiste a clase los dias de lluvia se acaba convirtiendo en caracol, sus compañeros se sorprenden pero solo al principio, enseguida hablan y actuan como si esa estupidez fuera lo mas normal del mundo del dia a dia, por supuesto ni investigaciones, ni policías ni nada, le dan de comer lechuga en la propia escuela y santas pascuas.
    Por no hablar de la ridicula pelea entre dos alumnas con los cabellos de sus cabezas dandose pelazos.
    Si Jino Ito es el mejor en esto como todos dicen ¿quien sera el peor?
    Soy muy fan de los mangas y muy fan del terror y todas las historias de este autor me han parecido una completa merde en la que solo se salva el dibujo, sobrevalorado es poco.
    No se lo recomiendo a nadie, recomiendo huir de el.

    • Raúl Sánchez el

      Dentro de la historia la lógica que se desarrolla hace comprensible todo eso. Si eso que comentas pasara en el mundo real, como por ejemplo en Alcorcón en 2018 pues oye, sí, sería absurdo. Pero hablamos de una ciudad atrapada y aislada de modo místico, en la que las propias costumbres y físicos de las personas van cambiando de golpe y las mentes van asumiendo todo poco a poco como inevitable. En todo ese contexto pintado con mucha habilidad la reacción frente a lo del alumno o la pelea de las alumnas (que no es una pelea de pelos: está hablando de lo terrible y violento de las peleas de popularidad entre jóvenes) es perfectamente coherente. Y parte de lo que da miedo de la obra: cómo encaja y cómo es plausible. Cómo lo es dentro del caos y sinsentido a lo que se enfrentan.

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