El eterno retorno al fin del juego

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Con el estreno de la última película de Los Vengadores (de la que hemos hablado aquí) hemos podido ver durante semanas muchas esperanzas. Han sido habituales en las redes sociales muchos escritos sobre lo esperada que es la película, sobre apuestas sobre qué va a pasar y a saber cuántos memes sobre ella. Hasta aquí lo más o menos normal. Pero hemos tenido algo más. Tras años y años de películas del universo de Marvel hay una sensación de fin de ciclo. De fin de una época. El propio título de la película lo deja más o menos claro: fin de juego.

No han sido pocos los que esperaban esta película como algo casi generacional. Tras 22 películas y tantos años hay un cierre. Un punto final. Habrá más historias, pero aquí se acaban muchas. Se han podido leer críticas anticipadas hablando de uno de los momentos más importantes de la historia del cine. Entre las razones que se han dado destaca la de que se ha llevado al cine la forma de contar las cosas de los cómics de superhéroes, con su formato folletinesco o de culebrón. En ese sentido es un gran final de los cómics y su lenguaje (con sus recursos de personajes llevados a última hora pero estando previsto desde siempre más o menos como la Capitana Marvel) al cine.

Hay quien considera tanta emoción y escritos épicos un poco ridículos, hay quién defiende a capa y espada los aplausos trascendentes a este final. No queremos ponernos en el clásico punto medio para parecer adultos y sofisticados ni situarnos en el puesto del árbitro, al que todo el mundo odia. Más bien queremos hablar de precisamente este fin de juego que tantas veces hemos experimentado antes y que en el futuro los que vengan detrás volverán a experimentar.

Esta sensación es más o menos la misma siempre. Uno pasa horas de su vida no sólo viendo esa serie de películas, jugando a esa saga de videojuegos o demás, no, es que la cantidad de horas que está viendolo/jugándolo se suma a la cantidad de tiempo hablando de ello, haciendo chistes, imaginando cosas, buscando tres pies al gato de los argumentos y mucho más. Todo eso pasa en una vida, la nuestra, la principal. Al final todas estas sagas exitosas consiguen que invertamos tanto tiempo en ellas que forman parte del ambiente de nuestra historia vital. La generación de mis padres recuerda donde estaban y qué hacían el 23-F o cuando fueron a ver Doctor Zhivago, la mía recordará siempre por desgracia el 11-M o los estrenos de El Señor de los Anillos o Matrix. Te acuerdas de con quién fuiste al cine, qué pasaba en tu vida en esos momentos, con quien salías o no, si estudiabas o trabajabas…la película o videojuego soñados se convierte en un faro en tu memoria que alumbra a toda una época de tu vida.

Es por eso que, al final, defendemos tanto las aficiones o juegos o equipos de fútbol de nuestra juventud. Al final los espectáculos de la gente defendiendo que la película de Los Vengadores, El Retorno del Rey o demás son la cima de la creación humana no son otra cosa que la gente defendiendo su narrativa vital. Su vida. El cómo se cuentan su vida. Todos nos creemos protagonistas y nos contamos las cosas a nosotros mismos poniéndonos en el centro. Y de entre las cosas trascendentes de nuestras vidas, nuestros amores, nuestros logros y nuestras penas están las películas, aquel concierto, el gol de Iniesta o el Zidane, que son las que estaban de fondo explicándonos qué pasaba en el decorado de la obra que es nuestra vida.

Todo el horror ante los famosos spoilers, la histeria de la gente por ir la primera a conocer cómo acaba todo y muchas cosas más de estos días, y que veremos en las próximas semanas con Juego de Tronos también, en realidad vienen desde siempre. Hay testimonios que cosas muy parecidas pasaban con las novelas folletinescas de Dumas, como recordaba un amigo andaluz. Gente que provoca tumultos creyendo que en unos cajones están los libros. Gente que amenaza de muerte a Conan Doyle por matar a Sherlock Holmes y que le pide que le resuciten: realmente lo de las turbas de Twitter reclamando que quiten o metan cosas en videojuegos ya hechos no es nada nuevo. Es posible que como especie nos encante la lógica folletinesca, las cosas por entregas, las tramas enrevesadas de amoríos, escándalos en la corte, giros de guión inesperado, malos de opereta y tragarnos montones de momentos aburridos para llegar el siguiente momento impactante. Y que los que se dedican al negocio de vender productos culturales siempre lo han sabido. Nos encantan los culebrones. De plantaciones y gente venezolana, de gente con mallas y superpoderes, de mosqueteros y reyes o de madres de dragones y enanos supercultos.

En resumen, todas las discusiones sobre lo excepcional de este final de esta serie de películas de Marvel no es más que la repetición de lo que ha pasado ya muchísimas veces y que seguirá pasando en las siguientes cosas folletinescas del futuro. También ellos creerán que es la culminación del arte, con sus agoreros que dirán que no es para tanto y que en sus tiempos, je, el folletin en cuestión de su juventud sí que era el bueno. Y al final dará igual: sólo es cuestión de darse cuenta de que es algo que repetimos y repetiremos siempre. Hay que alegrarse de que otra generación tiene sus referentes de cultura pop propios con los que ha disfrutado y con los que se explicará, en parte, su propia vida. Como nos pasó a nosotros. Como les pasará a los siguientes.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

4 comentarios

  1. Gracias por recordar esos sucesos de Alejandro Dumas y Conan Doyle. Ya en el s. XIX las multitudes urbanas amaban contenidos culturales varios. El folletín, la novela rosa, historias semanales editadas en diarios. El punto es que los medios de comunicación evolucionaron increíblemente y los contenidos también. Endgame no es una novela – culebrón, recrea historias que tienen su origen en la década del 60/70, suma ficción en base a los avances científicos del s XXI y tiene esa capacidad de convocar generaciones varias, como Star Wars, Star Trek. Quizá los comportamientos de consumo de las masas sea similar al s XIX antes mencionado, pero esta amplificado, es cualitativamente diferente. Hay mucha carga emocional y de historia de vida como decís en tu análisis y si, es eso lo que pasa con la cultura y su contenido, te atraviesa los huesos, te quema en el alma…. Será esa característica tan humana de necesidad de sentido, de ficción, de efímera belleza. Marvel lo sabe y lo trabaja muy bien. A mi me gustó mucho Endgame. Lloré,con este fin de ciclo. 😢 Con la muerte de Iron Man. Con la última expresión de libertad del Capitán América de decidir amar y bailar con Pegui. En fin… Creo que una vez más Disney lo ha logrado. Que pasará con la cultura de masas en el futuro, no lo sabemos, pero estos son indicadores del futuro camino, sin duda. Gracias por tu nota.

    • Muchas gracias, Lidia.

      Está claro que no todo es calcado, claro, y que las redes sociales han dado un salto cualitativo en casi todas las facetas de las relaciones humanas (a veces para bien, a veces para mal y otras no sabemos). Pero creo que estructuralmente es un fenómeno que se repite.

      Saludos.

      • Fernando Vílchez el

        Enhorabuena por tu fantástico artículo. De tus palabras extraigo un mensaje al que no puedo hacer más que reverenciar: detrás de todo cabreo aparentemente infantil, de tanta expectativa rota o de cada aplauso por un éxito; detrás de cada lagrima de alegría o de tristeza por Vengadores, Juego de Tronos, Batman, Star Wars o Los Teleñecos siempre, y repito, siempre hay una pérdida emocional. Chapó.

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