Iniciosci-fiLa tapa del obseso"El Ministerio del Tiempo": no todo está perdido

“El Ministerio del Tiempo”: no todo está perdido

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Yo os entiendo. Creedme. Todos hemos sufrido. Al menos desde “Médico de familia“. Emilio Aragón fue enviado por alguna entidad topopoderosa y maligna para castigarnos por inventar La Macarena, por nuestro sol o por nuestros competitivos clubs de fútbol. Quién sabe. Pero Milikito hizo historia. Por tanto su fórmula se repitió una y otra vez: abuelos que provocan diabetes tras verlos dos capítulos, niños insoportables, adolescentes cursis que te hacen pensar en cambiar de país y adultos infantiles, toscos y noblotes. Emilio Aragón se vengaba del fracaso de su segundo disco musical, tomando los motivos de su primera canción como guía de su venganza. Escuchad y temblad: el maldito nos estaba avisando.

https://www.youtube.com/watch?v=L_5BmIH1iD8&feature=youtu.be

Aunque, claro, los intentos de ir por otros lados no solían salir bien. Podemos recordar la serie de Piratas de Pilar Rubio o la de los años 80 de Coronado. Y mi favorita: la serie de dos capítulos/película para televisión de Letizia Ortiz, en la que Juanjo Puigcorbé hace una interpretación de Juan Carlos I que ríete tú de Marlon Brando en El Padrino. Aún no ha sido superado tal monumento a la comedia involuntaria y al horror más puro.

Es decir: os entiendo. Yo también he pasado miedo. Abrazadme. No tan fuerte, no tanto. Así está bien. Ya pasó. Ya pasó.

Así como está bien que hayamos repasado un poco los horrores patrios, vamos a hacer por superar el trauma e intentar no terminar con trastornos mentales. Una cosa es haber sufrido y otra hacer por seguir sufriendo. Tampoco es bueno, vamos a decirlo, querer que toda serie española sea un ridículo. No es bueno soltar el clásico “es buena, no parece española“. Al fin y al cabo hay mucha gente que quiere salir de las clásicas formulas que nos han traumatizado. Es injusto hacerles pagar a ellos lo que deberíamos hacer pagar a los responsables de nuestro sufrimiento. De nuestro horrible sufrimiento. Pero horrible…venga, otro abrazo. Ya estamos mejor. La que se parece a Natalie Portman puede seguir con el abrazo. Eso es.

Como partidarios de superar los traumas y abrazar el AMOR (y a Natalie Portman), en esta página queremos hablar de El Ministerio del Tiempo. Cuando se anunció mucha gente se temía/quería lo peor. Pero ya estamos acabando la primera temporada (el próximo lunes es el último capítulo) y ha pasado algo rarísimo: la crítica pone a la serie por las nubes, tienen buena audiencia y hay un fenómeno fan de la serie por internet que sólo tienen las series de los Estados Unidos. Los capítulos podéis verlos en la página de Televisión Española sobre la serie. Recomiendo también muchísimo seguir su cuenta de Twitter: es una de las cuentas mejor gestionadas que he visto nunca. Cercana, divertida, amable, didáctica, por momentos enorme. Seguidles, en serio.

La trama es algo parecido a esto: España tiene un ministerio secreto, el del Tiempo, que custodia unas puertas que permiten viajar desde el presente actual, el nuestro, al pasado. La misión del Ministerio es preservar la Historia de España, con la idea de que cualquier cambio puede dejar las cosas peor. Para ello manda a misiones a patrullas cuando algo en el pasado parece que puede desarrollarse de modo distinto al que históricamente ha sido. La patrulla protagonista tiene a un enfermero del siglo XXI, un soldado de los Tercios (descarado homenaje/parodia del Capitán Alatriste) y una mujer universitaria del siglo XIX. Las misiones tienen que ver con personajes históricos como Lope de Vega, con Picasso o con hechos en sí, como la hipotética entrada de España en la Segunda Guerra Mundial.

Algo así era terreno resbaladizo, aunque se haya saldado muy bien. Hasta el punto de que han hecho un capítulo en el que sale el mismísimo Franco y que no hemos tenido polémica ni nadie ha tirado cosas a nadie, cosa que debe ser histórica. Nadie puede esperar un despliegue de medios a lo HBO, es fácil ver cómo los encuadres son cerrados para evitar planos que implicarían costes grandes de producción y demás, pero la serie compite con otras armas. ¿Cuales? Las que, en el fondo, sabemos manejar mejor: las de la comedia.

El gran acierto de El Ministerio del Tiempo no es hacer ciencia-ficción u homenajear a escritores o recordar quienes fueron los Comuneros. Es, en primer lugar, huir de lo acartonado y reírnos, desde el cariño, de nuestros lugares comunes. Nuestros topicazos que soltamos en el bar, en la oficina, con la familia. La chapuza como sistema de trabajo, la incompetencia de los jefes, el dárselas de honorable y venderse por nada, el afán por escaquearse del trabajo, la falta de medios para todo…todas las explicaciones culturalistas que damos casi todos a España como país pero resumidas en gags que se sueltan a lo largo de varios períodos de nuestra Historia. Estamos acostumbrados a pensar así: pues ríamonos de ello desde el cariño.

La serie hace algo que no recuerdo que hiciera otra serie de España: está apostando por reivindicar un imaginario de referencias culturales comunes. Está vendiendo que Lope de Vega, el Lazarillo de Tormes o el Empecinado forman parte de un continuo histórico que conecta con los heavys de la Gran Vía de Madrid o con Iniesta. Haciéndolo divertido a través de muchos homenajes pop de los que es complicado no enamorarse, desde a Jiménez del Oso al doblete del Atlético de Madrid, con ese funcionario que cuando está deprimido cruza la puerta del tiempo que lleva al día en el que su equipo logró la liga. En las propias palabras de uno de los dos creadores de la serie, Javier Olivares:

Desde un principio, teníamos claro que fuera “fantástico” y además realista… Pero sobre todo, que fuera una serie pop, con referencias a nuestra cultura televisiva, musical… Al cine… Como habían hecho Doctor Who (nos parecemos en poca cosa más) o Torchwood (con la que sí reconozco que tenemos en común la idea de ente estatal)… pero nuestra. De ahí la idea del Ministerio, un lugar con funcionarios. Algo muy español, muy “Atraco a las tres”, muy berlanguiano… Y luego, el guiño a nuestra Historia. Creíamos que siempre se nos contaba la de fuera y que ya era hora de contar la nuestra. Ya lo habíamos hecho con Isabel o Víctor Ros. Pero ahora tocaba hacer una de aventuras. Y divertirnos el tiempo que nos quedara juntos.

Aunque parezca tonto, se nota que estabamos huérfanos de todo esto, por cómo celebramos hasta un chiste sobre Tino Casal. Nos sabíamos hasta quien era Oprah Winfrey por series de EEUU o qué era Domino´s Pizza por los comics de Spiderman, pero nos faltaba ver a Ambrosio Spínola cargándose nazis. Y esto no se hace desde la caspa, las alabanzas pseudoépicas, desde el españaunidaddedestinoenlouniversal o los golpes en el pecho: se hace, insisto, desde el humor y el cariño. El tiempo es el que es, dice el lema de la serie. Somos lo que somos, lo asumimos y nos reímos de ello. Aunque yo soy de los que piensan que las explicaciones que sólo se basan en el culturalismo (“somos el país de la picaresca y siempre será así”) nos lastran, que somos como somos por nuestros condicionantes y nuestras leyes (que pueden cambiarse), que las cosas no están escritas en piedra y que desde luego no hay un espíritu inalterable de los pueblos o los países. No creo bueno reivindicar precisamente que las cosas no cambian nunca hagamos lo que hagamos por una especie de alma inalterable del país, pero sí el acercamiento de choteo amable que tiene la serie sobre nuestra continuidad histórica como país.

Y además de choteo amable (como dice Nacho Fresneda, el Alatriste de la serie, los chistes no se estiran y de ahí que estén bien planteados) tenemos honestidad: la serie no pretende ser lo que no es. Las épocas pasadas son aceptablemente creíbles por lo cuidado que está cada plano, por limitados que sean. Los personajes históricos también son creíbles, en especial Velázquez, que no sabemos si realmente era así, pero es complicado no quererle al ver la serie. Es puro AMOR. Pero la serie no pretende abrumarnos con miles de detalles de cada personaje o época (las webs de Televisión Española o la cuenta de Twitter sí suelen dar mucha información sobre personajes, épocas o demás detalles que aparecen en cada episodio). Aunque tiene momentos de drama no nos satura con trascendencia o pretensiones de molonidad sin fin. La acción es limitada y bien resuelta, no saliendo de donde no debe salir. Los que hacen la serie son conscientes de sus límites y los respetan, aunque tengan sus fallos de continuidad y sus cosas que no deberían aparecer en según qué épocas. Se contienen, y a mi eso me parece admirable. Todo está al servicio de la trama y el entretenimiento, sin trampas.

He hecho propaganda de la serie a quien quiere escucharme. Otra televisión en este país es posible. Esta serie lo está demostrando. Es posible divertir, entretener, meter viajes en el tiempo, ser honesto, contenerse y hacerlo con elementos culturales españoles. Se pueden meter momentos realmente bonitos en algo así. Se puede. Nadie debería perdérsela. Porque, además, en el último capítulo de la esta primera temporada, que se estrena el lunes, sale el mismísimo Jordi Hurtado. No sabemos si hará del Tribunal Viviente o el Espectro en el universo del Ministerio del Tiempo, pero por Galactus, a ver quién se pierde qué coña harán con su capacidad para no envejecer.

Sed felices.

P.D.: Parece que los creadores de la serie se inspiraron en “Las Puertas de Anubis“, libro de ciencia-ficción de 1983 escrito por Tim Powers. Son de los nuestros, en suma.

Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

3 COMENTARIOS

    • Fantástica serie y fantástico post. Jordi Hurtado sale xq es inmortal, por eso. Vamos es q es lógico.

      Escribes tan hiriente que me encanta. Espero que sigas contando más sobre esta serie.

      No podrán viajar al futuro, pero del futuro al pasado si. Si el Ministerio del tiempo visita al de 1844 en el capítulo 7 de la primera temporada, ¿quien dice que no vengan al Ministerio del tiempo de 2015 el del 2250?

      Ojalá hagan una segunda temporada y una tercera….

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