Fangio, el hombre que domaba las máquinas: Documental en Netflix

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En estos días, Netflix estrenó «Fangio, el hombre que domaba las máquinas», documental sobre la vida, leyenda y legado de Juan Manuel Fangio, quien fuera quíntuple campeón mundial de Fórmula 1.

Balcarce es una ciudad relativamente pequeña (38.000 habitantes) a unos 380 kilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires, en Argentina. El paisaje está formado por sierras bajas que son parte del encadenamiento precámbrico de Tandilia, las cuales se alternan con campos sembrados de papas, cultivo bien característico de la zona, al punto que allí tiene su planta fabril una de las principales empresas multinacionales de elaboración de papas fritas envasadas.

Se hace difícil pensar que, de esa pequeña ciudad, haya salido un quíntuple campeón del mundo en Fórmula 1, pero así fue. Ésa es la razón por la cual este documental disponible en Netflix comienza y termina en Balcarce. En el medio, todo un recorrido por la vida del mítico Juan Manuel Fangio, en el cual se van alternando testimonios de célebres pilotos que lo han conocido, como los casos de Jackie Stewart o Alain Prost u otros más contemporáneos, como Fernando Alonso, Nico Rosberg o Mika Hakkinen, además de ingenieros, mecánicos o líderes de las escuderías para las cuales «el chueco» (apodo con el que es conocido en su país) ha corrido. Ello requiere de localizaciones en Argentina, Italia, Alemania o Suiza, todas realizadas con impecable fotografía.

Asimismo y, como no podía ser de otra manera en un documental sobre su vida, también hay testimonios de él cuando aún vivía, así como imágenes de archivo, conocidas y no tanto, de las más célebres carreras en que participó, como por ejemplo Monza, San Remo, Nürburgring, Silverstone, Barcelona, etc…

Dos cuestiones son exaltadas a lo largo del filme. Por un lado, la capacidad aleccionadora para reponerse a las peores dificultades ya que, tal y como aquí puede verse, Fangio estuvo al borde de terminar su carrera e inclusive su vida en dos oportunidades: una fue en el Gran Premio de Sudamérica de 1948, en donde un accidente le costó la vida a su copiloto; la otra fue en Monza en 1953, donde casi perdió la vida él mismo. El otro punto que se destaca, no solo de Fangio sino de los pilotos de su época en general, es lo difícil que era destacarse con las condiciones en las cuales se corría, donde prácticamente no existían medidas de seguridad y las vicisitudes climáticas eran un factor de mucho más peso que lo que son hoy en día. Pronósticos meteorológicos bastante menos fiables, visores que se empañaban con la lluvia (con lo cual había que levantarlos y seguir corriendo con la vista expuesta) o las terribles consecuencias del calor, tal como se muestra en el Gran Premio de la República Argentina de 1955 en el cual, apenas ganada la carrera, Fangio debió ser internado con quemaduras corporales en una abrasadora jornada de enero.

Muchas veces se ha discutido si el automovilismo es un verdadero deporte. Quienes alegan en su contra, sostienen que el éxito no depende por entero del ser humano sino en gran medida de la máquina. Nadie mejor para refutar tal argumento que Juan Manuel Fangio, quien fue campeón mundial en cinco oportunidades (1951, 1954, 1955, 1956 y 1957), pero con la particularidad de que lo hizo con cuatro marcas diferentes de autos (Alfa Romeo, Mercedes Benz, Ferrari, Maserati), lo cual constituye una hazaña difícil de repetir. Es por ello que el título del documental no podría haber sido mejor.

Se destaca muy particularmente (y el propio Fangio lo hace en los testimonios) el trabajo de los mecánicos, ya que él fue un defensor a ultranza de la idea de que cada auto debía tener unos pocos mecánicos fijos, en lugar de un gran equipo disponible para todos los autos de la escudería (recordemos que en aquellos tiempos había en pista tres autos por cada una): la identificación del mecánico con su auto era, a los ojos de Fangio, una condición esencial para el éxito y, por tal razón, fue ésa la condición que exigió al firmar contrato con Ferrari, en donde no se estilaban los mecánicos personalizados. No sólo eso: también era defensor de la idea de que el piloto mismo debía ser también, en parte, mecánico y tener el suficiente conocimiento técnico como para entenderse con su auto, una cuestión artesanal y casi artística que, con los tiempos, se ha ido perdiendo.

Es muy emotivo el relato que, sobre el final, hace el tricampeón mundial Jackie Stewart acerca del momento en que le tocó asistir al funeral de Fangio en su ciudad natal, Balcarce. Stewart recuerda lo bello y estremecedor que fue escuchar cómo el silencio fue de pronto interrumpido por un único aplauso que se fue multiplicando hasta que diez mil personas batían palmas despidiendo al «chueco», mientras el féretro era guiado hacia el cementerio. No menos emocionantes son las palabras de Alain Prost cuando, consultado acerca de por qué se retiró con cuatro títulos mundiales y teniendo la oportunidad de igualar a Fangio, dice con satisfacción que eso nunca estuvo en sus planes, y que se retiró satisfecho y feliz de saber que su ídolo máximo seguía en la cima por legítimo derecho y merecimiento.

Como único dato negativo, señalaría que me hubiera gustado que se le dedicara más tiempo al episodio de La Habana, en donde, en 1958, Fangio no pudo correr por haber sido secuestrado por un comando castrista como parte de un intento político por debilitar al régimen de Fulgencio Batista, por ese entonces imperante en Cuba. Pensé que ese episodio, en particular, tendría un lugar importante dentro del documental, pero no, se menciona de pasada y en muy pocas palabras. En cambio, sí hay referencia a su participación en las 24 Horas de Le Mans en aquella triste jornada en que perdieron la vida ochenta y dos personas y él se zafó por muy poco. Y no podía faltar aquella carrera ganada en Monza con un auto prestado voluntariamente en mitad de la misma por uno de sus compañeros de equipo (Peter Collins), después de que él tuviera problemas con el suyo propio. El triunfo en ese día le significó, por otra parte, su consagración como campeón mundial en 1957.

Como dato curioso (lo fui dejando para el final a los efectos de evitar cualquier lectura apresurada o prejuiciosa), el documental está dirigido por Francisco Macri (hijo de Mauricio, ex presidente argentino), pero no hay referencia o mensaje político ni por asomo. De hecho, y volviendo al episodio de La Habana, quizás alguien pudiera haber pensado que, siendo quien es (aunque desconozco su ideología personal; sólo hablo de lo familiar), podría haber mencionado ese episodio con particular énfasis, pero no, insisto en que casi ni se habla de ello.

¿Merece la pena este documental? En el balance final, un documental más que interesante y sumamente emotivo. Le gustará especialmente a los amantes de los autos de carrera (en Argentina los llamamos tuercas, pisteros o fierreros), pero también tiene el suficiente gancho como para entretener a quienes nunca hayan visto una sola carrera. La lucha contra la adversidad, después de todo, es una causa humana tan antigua y universal como la humanidad misma.

Cada vez que paso por la rotonda de Balcarce, yendo hacia Mar del Plata por la ruta 29, giro en torno a una réplica en tamaño real del Flecha de Plata, el célebre Mercedes con el cual Fangio se llevó dos campeonatos mundiales. Se trata, por lo que sé, de una réplica hecha con chatarra por un mecánico de la zona con vocación de artista. Y al verla, inevitablemente, mi vista se clava en la misma y la mente se me pierde por un momento tratando de imaginar lo que habrá sido, en aquellos años, montar (y digo bien, montar) semejante portento mecánico. Y mientras yo viajo muy cómodo con música, aire acondicionado y aislado del entorno, intento transportarme por un momento a esa época en la cual los elementos eran los que regían el ritmo de la competencia mientras el piloto ocupaba ese precario y expuesto habitáculo en el que había altas posibilidades de morir al primer vuelco.

De algún modo, se me antoja una analogía con lo que habrá sido la navegación a vela al compararla con la de hoy en día. Y siempre veo allí, a un costado de la rotonda, un cartel con una flecha que indica la cercanía del Museo del Automovilismo que lleva, precisamente y en su homenaje, el nombre de Juan Manuel Fangio. Nunca me desvié para visitarlo. Y siento culpa: es mi deuda pendiente para la próxima vez que pase…

Un saludo y sigan cuidándose en estos días aciagos.



el autor

Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

4 comentarios

  1. Javier Larraquy el

    Después de leer el comentario me dieron muchas ganas de ver la película, a pesar de que no soy fanático de las carreras de autos. Es para recomendar la visita al museo de Fangio en Balcarce..fui con pocas expectativas y salí muy contento. Felicitaciones por la crítica.

    • Rodolfo Del Bene el

      Hola Javier!
      Muchas gracias por comentar y por la recomendación de la visita. Hecho el pacto: mira la película y yo iré al museo, jaja.
      Un saludo! Que estés bien

    • Ezequiel Fabre el

      Excelente reseña!
      Sinceramente engancha para verla y seguir la historia de un icono deportivo de nuestro país (soy argentino) al que poco espacio se le da, salvo en el ambiente del automovilismo.
      Felicitaciones rodo!

      • Rodolfo Del Bene el

        Hola, Ezequiel:
        Gracias por comentar! Y sí, es verdad, Fangio es todo un ícono: argentino y mundial. Y, a veces, cuando se hace la lista de los íconos deportivos de nuestro país, se lo suele omitir seguramente por eso que he comentado del prejuicio contra el automovilismo como deporte, cuando justamente él fue campeón mundial con cuatro marcas diferentes: queda bien claro que lo importante era el hombre y no la máquina.
        Gracias una vez más por el aporte…Un saludo y que estés bien!!

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