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Garth Ennis: si no existiera la cerveza… (2/2)

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Habíamos dejado en el anterior post a Garth Ennis con su peor cómic: The Pro. Y ahora vamos a hablar de lo mejor de él.

2003. “Nacimiento”: la recuperación del buen cómic bélico

Garth Ennis se encargó en una miniserie de cuatro números de explicar algo en lo que nadie se había metido. Mucha gente había sufrido asesinatos de familiares a manos de delincuentes. Incluso bastantes policías o militares. ¿Qué hace que únicamente Frank Castle inicie una cruzada contra los traficantes de droga cuando su familia es acribillada en un tiroteo entre mafiosos? ¿Qué hace que Frank Castle se transforme en El Castigador? ¿En qué era especial de tantos otros?

Para ello Ennis aprovecha que está escribiendo para la línea MAX de Marvel, destinada a un público no habitual del cómic superheróico y con mayor libertad para sus creadores. Ennis no hace un cómic de superhéroes ni de vigilantes en un mundo superheróico. Hace un cómic clásico bélico ambientado en la guerra de Vietnam. Hace cuatro cómics estupendos con principio y final claros que no necesitan de ninguna lectura previa del personaje. Los recopiló Panini en un tomo de 96 páginas.
Al contrario que en otros cómics suyos, Ennis escapa de las posiciones fáciles. La “Guerra” es una fuerza de la naturaleza que engulle a los hombres, sus sueños y su dignidad. También es una fuerza que empuja a muchos a desarrollar su potencial, a sacar la grandeza que llevan dentro y a dar sentido a sus vidas. Hay una visión generalmente negativa de los altos mandos de los ejércitos que deciden las cosas sin ensuciarse las manos. Por el contrario existe una simpatía poco disimulada por los soldados de a pie que sufren y sangran, sea nobles o estúpidos, idealistas o cínicos, estén enamorados de la guerra o quieran huir de ella. Sean del bando que sean.
Ennis convierte a Frank Castle en El Castigador, en una fuerza de la naturaleza nacida de la “Guerra”. Se convierte en una espada con un propósito, en mucho más que una simple venganza. Es el amor por la guerra y la necesidad de castigar a todo el que se lo merece, sin fin ni descanso ni satisfacción posible.
Garth Ennis recupera aquí su infancia leyendo cómics bélicos y ofrece un gran ejemplar del género, explicando lo único y especial de Frank Castle. Con un dibujo, además, que acompaña a la perfección lo que se está contando y cómo se está contando.

2004-2008. “El Castigador MAX”: Días de gloria. 

Entre 2000 y 2001 Garth Ennis llevaría a El Castigador, dentro la línea Marvel Knights. Allí haría del personaje una continuación de lo que ya hizo en Predicador, con los mismos elementos del pack clásico de Ennis: adversarios grotescos, malvadísimos y ridículos, vísceras por doquier, chistes de caca-culo-pedo-pis, etc. Las gamberradas y cafradas habituales en él.
La gran oportunidad vendría en 2004, cuando se encargó de llevar de nuevo a El Castigador, esta vez para la línea MAX. Estaría los primeros 60 números de la colección Punisher MAX, que recopiló Panini en los 10 primeros tomos de la colección en España.

Ennis se pone serio, deja las bufonadas de lado y retoma las ideas de “Nacimiento”. Deja de tratar a El Castigador como un vigilante en un mundo superhéroico o como un instrumento para ridiculizar la figura del superhéroe. No hay mallas en toda la colección, no hay gente volando. Es la historia de Frank Castle contra los mafiosos, como siempre, pero Ennis va más allá. Ve en Castle la encarnación de algo terrible, de algo que va mucho más allá de la venganza o la simple satisfacción personal (que no existe ni puede existir). Que nadie se espere el Ennis malhablado y borrachín: aquí está bastante contenido y más centrado en pulir al personaje y la trama que en hacer chistes, que casi ni aparecen. No hay elementos grotescos, el tono general es tan desolador como bien llevado.

Ennis hace un trabajo sencillamente excepcional con los secundarios y adversarios del protagonista. Son memorables los encuentros con los malvadísimos Hombre de Piedra, Barracuda, Rawlins o Cristu Bulat, perfiles de adversarios totalmente diferentes entre sí. Los personajes femeninos no se quedan atrás, entre ellos O´Brien o Jenny Cesare. Todos ellos bien construidos, todos ellos con una personalidad y psicología propias, todos ellos tan llenos de matices y trabajados que parece increíble que hablemos del mismo guionista que hizo The Pro.

En los 60 números o 10 tomos españoles Ennis hace la mejor etapa del personaje, en algo paralelo a lo que fue el Daredevil de Miller, pero menos urbano y más internacional. Así, El Castigador se ve envuelto en una guerra de clanes irlandeses en el tomo segundo, “Cocina irlandesa“, aprovechando Ennis para dar su acidísima versión del IRA, del nacionalismo irlandés y de los famosos Westies. Especialmente dolorosa es la conversación de un miembro del IRA con un soldado inglés, en un intento cruelísimo de Ennis de ridiculizar al IRA.

En el tercero, “Madre Rusia“, hace un cómic de acción y espionaje ambientado en un silo de misiles ruso, con el tema de la Guerra Fría, teóricamente superada, y el terrorismo islámico de fondo. Es un cómic que define a El Castigador, a su código moral y a la serie, no bajando nunca de calidad a partir de este punto. La admiración hacia las viejas glorias rusas y la tristeza por la actual degradación del país invade todo el cómic, llegando en algunos tramos más de una viñeta a recordar la clásica imaginería de carteles soviéticos.

En el tomo 5, “Esclavistas“, trata de un modo especialmente duro el tema de la prostitución y hace sentir escalofríos con el tema, desnudando la lógica de la trata de blancas y arrojándola a la cara del lector de una manera magistral. Es un cómic que transmite un horror y una tristeza desoladoras con algo vergonzosamente real. No es lo explícito de la violencia del cómic, es la lógica de lo que cuenta y cómo cuenta esta realidad. Leer las dos páginas finales, que sin saber nada más parece que solo es una chica saliendo de una cafetería para llorar, es uno de los momentos que más tristeza me han provocado al leer un cómic o un libro (ver el apartado cinco de este enlace, pero cuidado con los spoilers). Durísimo, de verdad.

En el tomo 6, “Barracuda“, conocemos al enemigo supremo de la serie así como contemplamos algo poco común en Marvel: una crítica a la acción monopolística de empresas multinacionales y su daño a los ciudadanos de a pie. No es una crítica anticapitalista, cuidado, es una crítica a la posición de abuso de poder mediante prácticas monopolísticas. En todo caso, Frank Castle en vez de cazar mafiosos que trafican con droga, en este caso va tras ejecutivos que chantajean a ciudadanos e inflan artificialmente las cuentas de resultados.

De los últimos cuatro tomos son el séptimo (“Hombre de piedra“) y el décimo (“Valley Forge, Valley Forge“) los que destacan sobre los demás. El séptimo continúa la trama que empezó en “Madre Rusia” y está ambientado en Afganistán, en una lucha entre el idealismo y romanticismo de unos y el cinismo y tacticismo de otros. Presenta un final que revela de nuevo el carácter marginal, pero decisivamente romántico en el buen sentido del protagonista, aunque parezca increíble.

Y, para acabar, la guinda del pastel, el décimo tomo. “Valley Forge, Valley Forge“. En condiciones normales las series de televisión, las sagas de películas o de videojuegos suelen tener polémicas asociadas a sus finales, muchas veces precipitados. A veces malos por parecer que no sabían sus autores cómo finalizar la obra. En este caso podemos hablar de un tomo final que cierra las tramas empezadas desde el número 1 de la colección, las cierra brillantísimamente, con la sensación de haber tenido un plan desde el principio para que acabara así. Frank Castle queda inmortalizado en este último tomo y su carácter perfectamente definido. Es la cumbre de la serie, la recopilación de la idea fundamental de este Ennis contenido, serio, trabajador y genial. El odio hacia los que planean en las alturas sin tener que sufrir consecuencias, al que decide desde la torre de marfil sin haber luchado nunca en el barro, al que decide por todos los demás y aprovecha para beneficiarse de su posición de poder. Y El Castigador como azote, como elemento del karma, como bisturí brutal y necesario contra todos ellos. También la admiración, de un modo u otro, hacia el que sangra, pelea y sufre en el barro siendo consecuente, más allá de sus ideas del porqué lucha. Todo ello con reminiscencias de la guerra de Vietnam, con una exploración sobre qué es el honor y qué vale la pena hacer por él. Este tomo final, como conclusión de los nueve anteriores, es de lo mejor del cómic occidental de lo que llevamos de siglo.

Lo he comparado con el Daredevil de Frank Miller. Esta etapa de El Castigador de Ennis es similar cuando no superior en varias cosas, desde el dibujo, pasando a la narración, siguiendo por la profundidad de los personajes y acabando por lo bien engarzado de las diferentes tramas y subtramas. Es Western, es novela negra y es cómic bélico. Es casi lo mejor de cada casa.

2006. “Furia, pacificador”. El continuismo.

Ennis vuelve con “Furia, pacificador” (publicado por Panini en España) para contarnos otra historia bélica, esta ambientada en la Segunda Guerra Mundial. En ella, además de conocer otra historia de comandos en una misión contra un oficial nazi, terminaremos conociendo el porqué Nick Furia tiene un parche en el ojo. Es una historia bélica en la misma línea que “Nacimiento”, con la misma forma de narrar y la misma contención, cosa que, de nuevo, le sienta de maravilla al cómic. Es cierto que es la obra de menos pretensiones y más ligera de leer desde que empezara su segunda etapa en El Castigador.

2006-2008. “The Boys”: Las viejas malas costumbres.

A mitad de su fantástica etapa en El Castigador MAX nuestro malvado norirlandés no se quedó quieto. Garth Ennis decidió crear una nueva historia por su cuenta: “The Boys“, la historia de un chico normal que un día ve como su novia muere en medio de una pelea entre supertipos. La propia escena de la muerte nos da una idea de que el “viejo” Ennis, el de Predicador, ha vuelto.

El protagonista se une a una agencia secreta gubernamental que se encarga de buscar los trapos sucios de los supertipos y tenerles controlados, cuando no directamente castigarles. El Ennis más desatado está aquí. Hay sexo prácticamente en todos los lados, tratando a los supertipos como obsesos sexuales, pervertidos, abusadores, como tiranos sexuales, etc. La violencia más cafre está aquí. Los adversarios y personajes más estrafalarios están aquí. Los chistes sobre bajadas al pilón, sobre el sexo oral con menstruación de por medio están aquí. La explosividad inicial, en la que Ennis despliega todo su odio hacia el género superheróico, va diluyéndose poco a poco, para a mitad de la colección no tener claro cómo conseguir acabarla, por más obvio que parezca desde el principio. La parte final es directamente un horror, con una auténtica pesadez casi interminable y plomiza en un cómic que pretendía ser una gamberrada tras otra. Al final, como en Predicador, el final es espantoso, mal planteado. Da la sensación de no saber cómo narrar y recoger cabos sueltos a mitad de la colección para terminarlo como quiere, y parece acabar casi de cualquier manera. Hay que reconocer que en la portada del último número es capaz de condensar muy bien su opinión sobre el género de los superhéroes, dentro de su poco sutil estilo cuando no tiene límites editoriales:

Portada en grande del último número de la serie. Ennis sin tapujos

2012-2013: “Furia: mis guerras perdidas”. El retorno a lo mejor.

Lo último importante de Garth Ennis es una recuperación de su versión de Nick Furia que pudimos ver en algunos número de El Castigador MAX y en Furia: Pacificador. Ha llegado a España en dos tomos (1 y 2) que recopilan los 13 números publicados. De nuevo, no es necesario haber leído nada antes de estos dos tomos y estos tienen un final claro.
A través de las memorias de un viejo Nick Furia, Ennis nos habla de las guerras y acciones de la política exterior estadounidense en Vietnam, Cuba o Nicaragua. También del sueño y espíritu de los EEUU, de otra vez, los soldados que mueren en cualquiera de los bandos, da igual sus ideas, y de los grandes planificadores que no sangran y se enriquecen. Nick Furia interviene de una manera u otra en misiones en esos tres países mientras se debate entre su amor a la guerra y su amor a una mujer fatal típica de novela negra. El conflicto entre el idealismo de su idealista compañero de fatigas George Hatherly y el cinismo del protagonista, unidos al enfrentamiento/colaboración con el poder en la torre de marfil (el congresista McCuskey) y la aparición de viejos conocidos como Frank Castle o Barracuda, hacen de estos dos tomos una continuación estilística, estética y temática de su fantástica etapa en “El Castigador MAX” que ya hemos comentado.
Repite reflexiones y su nada disimulada crítica, no tanto a la política exterior de los EEUU tomada globalmente, sino hacia una serie de personajes que empujan a dicho país a meterse en problemas perjudiciales para el mismo pero beneficiosos para ellos. Barracuda o McCuskey serían un claro ejemplo. A pesar de la honorabilidad de Furia en todas sus acciones, su lamento cínico esconde el amor a la guerra, la pasión por estar en el campo de batalla, la lucha como único instrumento de realización personal. Furia sabe perfectamente que gente como el congresista utiliza el conflicto y la guerra para enriquecerse personalmente, pero él utiliza la guerra como elemento de realización personal. No hay engaños ni idiotas en estos cómics, todos son conscientes de los carros y carretas a tragar para conseguir sus objetivos.

La evolución de los cuatro personajes marca la triste y tremenda idea que transmite Ennis en estos dos tomos, que va mucho más allá de lo que podía haber sido una simplona crítica a la política exterior de los EEUU. La guerra no es un engaño, es algo vergonzosamente claro para todos. Hay gente que se realiza en la guerra, hay gente que se enriquece en la guerra, hay gente dispuesta a hacer cualquier tipo de crueldad para ganar la guerra, hay gente que no quiere guerra pero no tiene respuesta para los problemas por los que aparecen estas. La guerra aparece como algo tan terrible, pero no es más que el reflejo de lo que es el ser humano. Algo que el puro idealismo, por preferible que siempre sea, nunca podrá eliminar del todo.

Garth Ennis es capaz de lo mejor cuando está contenido y vigilado por otros mientras hace lo que le gusta (cómic bélico), pero tremendamente horrible cuando no tiene límites y hace lo que le sale de las entrañas. Es la enésima prueba de que más libertad creativa no significa necesariamente mejores obras.

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