Geralt de Rivia, el encantador brujo de la literatura fantástica

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Las series de televisión estadounidenses convierten últimamente en éxito aquel cómic o libro que tocan. Le pasó a Los Muertos Vivientes o a Juego de Tronos. A pesar de ser una serie de libros divertida y entretenida, este post quiere reivindicar a uno de los últimos grandes héroes de la literatura fantástica, no tan conocido por el gran público por carecer de serie televisiva: Geralt de Rivia.

Geralt de Rivia es un mutante cazador de monstruos a sueldo, un “brujo”, que vive en el clásico mundo similar al medievo europeo con dragones, elfos, enanos, hechiceros y demás. La maestría de Sapkowski, su creador, ha sido salirse de los clichés del género fantástico de espada y brujería. El protagonista es un asesino de monstruos a sueldo que vagabundea de aldea en aldea buscando constantemente ganar más, lo cual le enfrenta a los idiotas que tienen por deporte matar a monstruos por el bien de la Humanidad. Geralt es de los buenos, pero cobrando, como una vez dijo SuperSantiEgo.

La clásica estructura social y de poder del medievo no escapa a sus pensamientos. Pero no se engaña respecto a lo que puede hacer él para solucionar los grandes problemas del mundo, a pesar de sus inmensos poderes y su casi inigualable habilidad con la espada. Sabe que los reyes de su mundo seguirán jugando con la gente como si fueran menos que nada, que los campesinos esconden detrás de sus quejas sobre crímenes de monstruos sus propios crímenes o que el corazón de los hombres puede y suele estar emponzoñado sin remedio. Consciente de la pobredumbre de su mundo, actúa con un cinismo asombroso en este género dado o a santurrones simplones o a malvados de opereta, de los cuales el autor se mofa sin piedad. Pero, dentro de todo ese cinismo y frialdad, en más de una maldita ocasión Geralt tiene un ascua de dignidad, de nobleza. Un resquicio de idealismo que maldice, odia y detesta (sobre todo porque muchas veces implicará quedarse sin cobrar) pero que le termina venciendo más de una vez. Toda la Saga de Geralt de Rivia, de hecho, pivota en torno al tema de si hay un Mal Menor o si sólo existe la confrontación entre Bien y Mal.

En la Wikipedia le comparan con Philip Marlowe, el mítico investigador privado de Chandler, y el parecido psicólogico es acertadísimo. Hablando de ésto hay que mencionar su relación con las mujeres. Como era de esperar, es un hombre de éxito sexual, a pesar de ser albino y no muy bien visto socialmente. El sexo y el amor en las novelas de Sapkowski aparece de un modo bastante más realista que en ningún libro de literatura fantástica (lo cual no es difícil): los personajes sienten atracción sexual hacia gente que en teoría detestan, el sentimiento romántico es inseparable de lo sexual y la descripción de los encuentros no es obsesiva pero para nada es forzada. Es lo más parecido a escenas sexuales maduras que hay en el género.

Bueno, sí hubo una serie de televisión polaca del personaje, pero mejor corramos un tupido velo.

Uno debe esperar influencias no muy grandes de Tolkien, Weis o Hickman en la obra, ya que el autor crea un mundo en el que predominan elementos eslavos: monstruos como la estrige, reinos y dinámicas políticas en la obra que recuerdan a los problemas de los reinos eslavos con Rusia, tramas que parten de incestos o de maldiciones a partir de una violación, etc. Es costumbre de esta obra de Sapkowski reirse de los lugares comunes del género, parodiando de modo siniestro y deliciosamente sucio a los paladines, a las princesas que necesitan ser rescatadas, a cuentos clásicos como la Bella y la Bestia o Blancanieves y los siete enanitos, etc. Geralt se verá envuelto en temas como el terrorismo o la globalización económica, no dejando a nadie indiferente en los francamente bien cerrados capítulos de cada libro.

Los dos primeros libros de Geralt de Rivia (“El último deseo” y “La Espada del Destino“) están compuestos de relatos cortos para los que no hace falta haber leído antes nada. Luego, los demás, componen una misma historia. Creo que estos dos primeros libros encarnan una revitalización del género estupenda, incorporándole ironía, cínico sentido del humor, elementos fantásticos eslavos alejados de Tolkien, así como complejidad psicológica a los personajes, la inclusión de personalidades femeninas muy fuertes, etc. Todo ello escrito bastante bien, siendo muy fácil de seguir y muy agradable de leer. El resto de libros no son malos pero están un escalón por debajo, especialmente los dos anteriores al último. Es una colección de ocho libros en total que está completa, sin nada anterior ni posterior que leer para completar.

Por todo ésto, Geralt es, además de por sus dos fantásticos videojuegos de rol (y un tercero por venir dentro de dos semanas, el cual se está esperando con grandísima expectación incluso en prensa no especializada) un icono del frikismo actual, por más que no tenga una serie de televisión.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 comentarios

  1. Encantada de leer reseñas reivindicativas del héroe menos heroico de la Fantasía. El mérito de Sapkowski va incluso más allá de la credibilidad con la que crea espacios y personajes: su dominio del lenguaje es espectacular, y lo mismo crea fragmentos que son puro lirismo que es el más vulgar de los vulgares (¡y cómo me encanta esa vulgaridad!). Otra cosa que me parece muy relevante es que es capaz de montarse una escena que roza el gore y, dos páginas más allá, hacerte soltar lágrimas de ternura y desaliento, o de dar patadas literarias en el estómago y dejarte fuera de juego (me estoy acordando ahora del destino de “Ojazos” o el final de la batalla de Brenna). Totalmente de acuerdo en lo que comentas de las escenas de amor y sexo, nunca fueron más reales, y todo ello sin necesidad de mostrarse explícito (la escena de la biblioteca es para enmarcarla), y en la contemporaneidad de los temas que trata.
    Sólo disiento en una cosa: para mí el nivel de los tomos que relatan la historia más lineal y trabada no desmerecen en modo alguno a los dos primeros; creo que son diferentes y cada parte de la saga tiene un “sabor” propio. Hasta esas diferencias es capaz de brindarnos el genio de Sapkowski…

    • Raúl Sánchez el

      Muchas gracias, Nyx.

      Es verdad que Sapkowski tiene una habilidad rara de ver: puede sacarte una risa y después dejarte hecho polvo poco después. Y más aún en el género.

      Saludos.

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