J. M. DeMatteis: del «Bwa ha ha» al Psicoanálisis

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Al hablar de cómic la gente siempre proclama su admiración por Alan Moore, Moebius, Hugo Pratt o Hergé. El mundillo se ha hecho más popular, lo cual es bueno. Admirando como admiro a todos los anteriores, este post es un pequeño homenaje a alguien con menos talento que todos esos bestias antes mencionados, pero al que yo tengo mucho cariño.

Ese alguien es John Marc DeMatteis.

El bueno de DeMatteis hizo guiones de varios cómics de superhéroes, dando lo mejor de sí mismo en los dorados años 80. Al contrario que otros, especializados en un tono o estilo determinado, DeMatteis tenía dos perfiles totalmente distintos en los que era igualmente bueno: el humorístico y el introspectivo.

Del humorístico es conocido por su etapa en la Liga de la Justicia Internacional. Este cómic en principio era la reunión de los mayores héroes de DC (Batman, Superman, Wonder Woman, etc), pero cuando llegó DeMatteis de las estrellas sólo quedaban Batman y el Detective Marciano (y el primero se iría de la serie pronto). Todo estaba repleto de personajes segundones, perdedores y poco carismáticos.

Ese fue el comienzo del “Bwa ha ha”. ¿Qué es el “Bwa ha ha”? Es la mejor definición para lo que desarrolló DeMatteis junto a Giffen en la serie: hizo una sitcom de superhéroes. Los desternillantes diálogos, las situaciones ridículas (memorable aquel cómic en el que los malvados son unos pingüinos), las parodias constantes a los habituales elementos del cómic de superhéroes y los villanos delirantes (entre ellos un alienígena todopoderoso, parodia de Galactus, que planea redecorar el planeta Tierra y pintarlo de colores horteras, al que solo pueden detener llevándole a las Vegas para que vea que en la Tierra ya tenemos algo estéticamente por el estilo), y el protagonismo de Guy Gardner, el superhéroe prepotente, machista, egoísta, partidario enfervorizado de Ronald Reagan y encantador, todo a la vez.

Yo empecé a leer esta etapa (aquí en Amazon) sin conocer a ninguno de los personajes, y no influye en nada: las risas vienen y van sin remedio. Nadie ha conseguido hacer una serie de superhéroes (en la que hay poco de superheroico y mucho de comedia) tan graciosa y delirante…y es muy posible que sea por haber dispuesto de personajes secundarios o que más o menos daba igual qué se hiciera con ellos. Tras abandonar la serie en 2003 les dejaron a DeMatteis y Giffen coger otra vez a algunos de aquellos personajes, logrando de nuevo hacer unos cuantos cómics desternillantes en los cuales se homenajeaban a sí mismos en su famosa etapa antes mencionada (e incluso ganaron premios totalmente merecidos en el proceso).

Y del introspectivo tenemos sus etapas en Spiderman. Entre ellas, una de las mejores historias de Spiderman desde que Stan Lee dejara al personaje: La Última Cacería de Kraven (1987). Kraven, un supervillano de opereta, una cosa ridícula, captura a Spiderman y le pega un escopetazo a bocajarro. Sin discursos, sin llevarle a su base secreta: te cazo y te mato. Pasa a enterrarle, para luego vestirse con su traje y tomar su lugar. No es que se conforme con matarle físicamente: quiere matar su espíritu.

Los propósitos de Kraven, así como los pensamientos de los personajes, tienen una profundidad psicológica casi nunca vista en un cómic como el de superhéroes. El poema “El Tigre” de William Blake aparece en varias partes de la historia, en paralelo con la progresión en los pensamientos de Kraven, que harto de la civilización a la que identifica con la barbarie (suspirando por la Rusia anterior a Lenin), quiere morir con honor…y para ello debe vencer a sus demonios internos.

La Última Cacería de Kraven posee una atmósfera tenebrosa y angustiosa, realmente claustrofóbica, donde el contraste entre luz y oscuridad, muerte y vida, es siempre constante, con un personaje como Kraven el Cazador de fuerte caracterización nietzscheana e ideales animistas, casi anárquicos en el sentido de El Club de la Lucha de Chuck Palahniuk; en contraposición a la personalidad prácticamente dostoievskiana de un Peter Parker en el que reside un tipo de religiosidad innata que bebe y se alimenta de su sentido de responsabilidad.

DeMatteis hizo alguna historia más en este mismo estilo introspectivo, psicológico y lúgubre, aunque no tan logradas, como El Niño que llevas Dentro y La Muerte de Alimaña. Hay que decir que a pesar de hacer cómics muy por encima de la media había muchas quejas: no todo el mundo gustaba que un cómic de superhéroes empezara a ponerse tan introspectivo, tan cargado de traumas infantiles o de recuadros de pensamiento en cada viñeta. Es cierto que el paso del tiempo hizo a DeMatteis más pesado de leer, hasta el punto de convertir a todo lo que tocaba en gente traumatizada y en una legión de desquiciados por sus infancias terribles. Por momentos parecía que le financiaba UNICEF para conseguir más fondos para niños desfavorecidos. Seguramente debería haberse salido del carrusel superhéroico en esos momentos para airearse un poco (de hecho, hizo el guión de un capítulo de The Twilight Zone). Al fin y al cabo, él se definía como «un escritor que hacía cómics«.

En los 90 se metió de lleno en ese horror reptante que fue la Saga del Clon de Spiderman. Junto a otros muchos, contribuyó a alargar una saga que empezó interesante pero que pasó a crear múltiples líneas argumentales que nunca se cerraban (aquí un buen resumen). Hizo el mejor cómic de la saga, en el que muere la Tia May (AS 400, 1995), cómic totalmente sentimental, emocionante y brillantemente triste. La odiosa Tia May conseguía conmoverte por mucha manía que le tuvieses.

Intervino también en uno de los pocos cómics que he tirado a la basura: Matanza Máxima (1993), una serie de cómics en que Spiderman se enfrentaba a uno de sus supervillanos, Matanza. Todo lo malo que podais decir de un cómic estaba allí: insultante, aburrido, lleno de molonismo, caracterizaciones ridículas de los personajes, patadas al pasado de muchos de ellos, descoordinación de los autores, etc. Hay que decir que DeMatteis llegó a reconocer que Matanza Máxima fue una mala idea y creo recordar que medio pidió perdón por el cacao que montó junto a otros en la “Saga del Clon”. Hay que decir de él que es de los pocos del sector que sus metidas de pata las ha reconocido en público sin problemas. En un mundo de divas y de gente con el ego del tamaño de Australia yo creo que es de agradecer.

Aún con todo, DeMatteis ha demostrado ser grande haciendo chistes y montando bufas, también siendo introspectivo o épicamente triste. No es uno de los gigantes del medio, pero sí ha sido más que competente, brillante por momentos. Su gran versatilidad de registros es muy escasa y maravillosa. ¿Alguien se imagina a Frank Miller haciendo un cómic gracioso? ¿y a Ralf König cómics introspectivos?. Recuerden siempre, auténticos creyentes, a uno de los artífices del Bwa ha ha.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

4 comentarios

  1. Adrián De La Fuente Lucena el

    Buen post Raúl y buena elección de trabajos de DeMatties. En mi opinión le pasaba lo que a otros guionistas como Thomas, Mantlo, Stern, Gruenwald o Nicieza. Hacían tantos cómics que era imposible que todos estuvieran bien y te encontrabas de todo: cómics malos, pasables y/o aburridos y muy buenos.

    En el caso de DeMatties, aparte de los que mencionas, Liga de la Justicia Internacional, La Última Cacería de Kraven y The Amazing Spider-Man 400, recuerdo muy bien su serie Man-Thig de finales de los 90, la serie limitada de Namor de los 80 (para mi DeMatties es quien mejor entiende a Namor y su contexto aparte de su creador Bill Everett y de Steve Gerber con sus Relatos de Atlantis), dos series limitadas, de la Gárgola y del Detective Marciano, así como la magnífica Novela Gráfica «Dr.Extraño: Dentro de Shanballa».

    Posiblemente muchos estén pensando en su Capitán América. A mi particularmente no me gustó demasiado. No terminé de pillarle el sentido. A lo mejor si le hubieran dejado terminar lo que quería hacer…. Sus complementos dedicados al Halcón si me parecieron interesantes.

    • Raúl Sánchez el

      Gracias, Adrián.

      Sí, lo del Capitán América es una pena. Es mi superhéroe favorito, cuando supe que le había hecho guiones me hizo ilusión y todo…para quedar en aquello.

  2. Muy interesante el artículo sobre un autor del que desconozco mucho, más allá de su actual «Justice League 3000». Algo de este autor en DC ha sido editado por ECC a parte de la Justice League ??? Algo que valga la pena claro xD Se agradecería alguna recomendación antes de recurrir a algo en inglés 🙂

    Un saludo.

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