Iniciosci-fiLa tapa del obsesoJennifer Gobierno, de Max Barry: el sueño loco del fin del estado

Jennifer Gobierno, de Max Barry: el sueño loco del fin del estado

Bienvenidos como cada viernes a “La tapa del obseso”, la sección de Raúl Sánchez. Hoy hablaremos de un libro, “Jennifer Gobierno“, de Max Barry.
Las distopías han dado siempre mucho juego en la literatura. Futuros opresivos en los que el protagonista debe enfrentarse a estados totalitarios que no suelen dejar ningún espacio al individuo. Hay excepciones a esto, claro, entre ellas la más brillante de toda esta temática: Un mundo feliz de Aldous Huxley. Donde la mayoría temía a ese estado totalitario obsesivamente controlador que se basaba en el control de nuestros miedos (“1984” de Orwell sería su mas conocido representante) la obra de Aldous Huxley va en sentido contrario.
Aldous Huxley no temía tanto la censura de los libros y la quema de las fotos comprometidas como que la información peligrosa, para los poderes públicos, estuviera delante de todos, pero que todos la ignoráramos por tener mil cosas divertidas por hacer. No temía tanto la casi prohibición del sexo de “1984” como sí temía la desaparición de las relaciones sentimentales estables en “Un mundo feliz”. No temía tanto la ausencia de información, temía que más que la sobreabundancia de esta nos convirtiera en seres pasivos. Huxley acertó más que Orwell en que el estado totalitario evolucionado desde el estalinismo, tenía poco futuro por muchas razones, pero que otras distopías basadas en otros principios eran mucho más probables. Un mejor resumen de esto lo podéis encontrar aquí en forma de cómic: al final es mucho más probable que nos lleve a la perdición lo que amamos que lo que odiamos o tememos. El amor es la mayor fuente de mal que hay. El odio es más útil y necesario de lo que se pregona popularmente hoy en día.
Max Barry escribió en 2003 “Jennifer Gobierno” dentro la tradición de Huxley, de la minoritaria que teme más qué hace el hombre sin casi controles estatales a qué hace el hombre con todos los controles estatales posibles. En este libro tenemos un mundo en el que el estado prácticamente no existe, los impuestos están prohibidos y la policía sólo investiga un crimen si puedes personalmente pagar su investigación. Los empleados de una empresa tienen por apellido el nombre de la empresa en la que trabajan y todo trato entre dos partes es válido, sin sindicatos ni estatutos de los trabajadores ni nada de nada.
La novela comienza cuando un trabajador de Nike firma un nuevo contrato en principio mejor del que tiene… hasta que después de firmar se da cuenta que en el contrato pone que debe matar a un número determinado de personas para dar publicidad a unas nuevas zapatillas de la empresa. El trabajador, asustado, va a la policía a contárselo, y la policía entiende que el trabajador quiere subcontratar la tarea, ofreciéndole llevar a cabo la matanza por una cantidad. Estos a su vez quieren subsubcontratar a la Asociación Nacional del Rifle para que lleven a cabo la tarea.
Jennifer Gobierno, una de las pocas policías honradas que quedan, hará lo posible por impedir la masacre al principio del libro y por perseguir a los ejecutivos que han ofrecido ese contrato. Deambula por un mundo que es la ley de la selva sin ningún amparo de ningún poder público que no puedas pagar directamente.
El libro es evidentemente una crítica a la ausencia de los poderes públicos y la intervención nula del estado en la economía. Ausencia que parecía gloriosa en obras clásicas del anarcocapitalismo como “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand:

En esencia, de lo que va ‘Atlas Shrugged’ es sobre – again – un mundo distópico en el cual se han impuesto los ideales del colectivismo comunista en todos los países del orbe. ¿El resultado? ¡La quiebra mundial! La protagonista, Dagny Taggart, es una mujer que, oponiéndose al corrupto intervencionismo estatal, intenta hacer negocios de acero y ferrocarriles con las pocas mentes brillantes que quedan en el mundo. Un mundo en el que los “saqueadores” intentan hacerse con las ideas de los pocos genios creativos. Ante este estado de cosas comienzan, de pronto, a desaparecer todas esas personas. Bajo la apariencia de un secuestro, lo único que queda de ellas es la frase repetida por la multitud “¿Quién es John Galt?”. Avanzada la obra, lo descubriremos: John Galt es el gran héroe del Capitalismo que, oculto en un rincón recóndito, ha reunido a todas las grandes mentes del orbe para hacer “LA huelga”. Privando a la sociedad de sus geniales ideas, han logrado “detener el motor del mundo”. Con su credo I SWEAR BY MY LIFE AND MY LOVE OF IT THAT I WILL NEVER LIVE FOR THE SAKE OF ANOTHER MAN, NOR ASK ANOTHER MAN TO LIVE FOR MINE (traducirlo me produce repelús, compréndanme) contemplan cómo se derrumba la sociedad hasta que, al final, salen de su escondite para arreglarlo todo, una vez se ha ido al carallo. La frase final es para enmarcalla: “John Galt alzó su mano y sobre la tierra desolada trazó en el aire el signo del dólar”.

Como puede verse en el anterior enlace, las ideas de Ayn Rand serían muy importantes para entender a colosos del cómic de superhéroes como Steve Ditko (y sus primeros números de Spiderman) o cómo Alan Moore se inspiró en las obsesiones de Ditko con la filosofía de Ayn Rand para construir la psicología de Rorschach, el mítico personaje de Watchmen.
Max Barry no es nada sutil en el libro: despotrica abiertamente contra la idea del estado casi inexistente mezclado con el capitalismo. Es especialmente crudo al tratar con los ejecutivos de las empresas de la historia, las cuales ni siquiera tienen nombres ficticios. Si bien algunas partes son desoladoras y bien llevadas (la escena de la petición de dinero por parte de la protagonista para seguir investigando un asesinato, que lleva al familiar de la víctima a vender su casa para que pueda llevarse a cabo) otras no casan del todo bien. Es realmente complicado y difícil de comprender cómo la policía puede a la vez hacerse cargo de una subcontrata de asesinatos y luego combatir esa mismo encargo.. .no está bien explicado o desarrollado el papel de las agencias de protección como la policía o la Asociación Nacional del Rifle. También siendo cierto que son los ejecutivos los que tienen a más psicópatas en su gremio, es difícil creer que entre ellos hablen del modo en que se expresan en el libro. Hay gente que es así y se expresa así, pero desde luego el lenguaje en altas instancias no puede ser tan descaradamente caricaturesco y de villano de folletín, aunque sólo sea por temas legales y por posibles juicios en su contra.
En todo caso, el libro es más que entretenido, tiene momentos muy lúcidos en las pullas a la versión “sálvese quién pueda” del sistema actual y va en la línea minoritaria de las distopías antes comentada. La falta de desarrollo de algunos elementos y la simpleza psicológica e ideológica de algunas de sus partes, evitan que el libro pase a ser un clásico del género en vez de un libro casi desconocido, como ha pasado al final.
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos.
Privacidad