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La pequeña tienda de los horrores (1986): dejando de ser pusilánime en pareja

Iba a ser un remake un poco raro. La película original, La pequeña tienda de los horrores, había sido estrenada en los años 60, siendo una de las películas de serie B por excelencia. Hecha en poco tiempo, sin casi ensayar, con un presupuesto ridículo y con una de las primeras apariciones de Jack Nicholson. El guión era muy de serie B: un trabajador de una floristería descubre cómo una de sus plantas crece mucho al probar sangre, por lo que alimenta a su planta con gente que él asesina. Al final la planta carnívora se alza victoriosa en un final realmente tétrico.

Esta vez era distinto. El presupuesto iba a ser grande. Iban a contar para la animación de la planta carnívora con el mismísimo Frank Oz, el animador de Yoda o los Teleñecos. Aparecería Rick Moranis, Steve Martin o Bill Murray. Se inspiraría en el musical que a su vez fue inspirado por la película de serie B de los 60.

 

¿Y qué les salió? Algo rarísimo, original y extraño. Quien quiera verla sin saber nada que lo haga antes de leer todo lo que sigue. Aquí explicaremos el porqué hay que verla contando qué pasa en ella con más o menos detalle.
Desde el principio de la película se nos transmite la poco romántica vida en los suburbios, el patetismo nada disimulado de la pobreza y la agonía de la falta de horizontes vitales, potenciadores uno tras otro de la apatía y la depresión como camino vital.
En ese entorno, el protagonista es el pusilánime Seymour, empleado de una floristería. Alguien sin autoestima, sin futuro laboral, explotado y con miedo a todo. Está enamorado de Audrey, su tímida compañera de trabajo, pero es incapaz de demostrarle sus sentimientos. Claro que ella tiene por novio a un hombre que es todo lo contrario a Seymour, un dentista absurdamente malvado, sádico y con un altísimo concepto de sí mismo.
Seymour descubre por error que su sangre hace crecer a una planta, hasta el punto que la planta crece una auténtica barbaridad y la tienda se hace famosa. Seymour empieza a ser famoso y a fantasear con casarse con Audrey, la cual vuelve a salir con su sádico novio. En un momento realmente genial de la película, la planta empieza a hablar y a pedir a Seymour que necesita más sangre para seguir creciendo… y le pide que mate a alguien.
Las razones para no hacerlo son puramente morales, pero todo el trasfondo de privaciones, de rencor hacia sí mismo por su pusilanimidad e impotencia y la larga vivencia de escasez hacen el resto. El crecimiento de la planta es el éxito, la riqueza, que su amada Audrey esté más cerca. Es duro renunciar a todo eso por principios racionales morales. Y más cuando puede ver qué hace el odioso novio de su amada Audrey con ella.
La canción antes enlazada evoluciona con la conversación, frenando el ritmo cuando el protagonista trata de razonar, tensandose cuando la planta le tienta y acelerándose cuando va arrastrándole a sus objetivos. Qué decir de la estupendísima animación artesanal de la planta por parte de Frank Oz y de la voz de ésta, La parte final de la canción, con la planta saltando en su maceta, es apoteósica.
Así que sí, mata al dentista y se lo da de comer a la planta. Audrey no sabe qué ha pasado con su novio, y se siente culpable. Seymour la encuentra y trata de consolarla. Y en ese momento nos encontramos con el más emotivo y mejor número musical de la película. El momento que hace que sea algo más que una película rarita con muñecos animados junto a canciones de rock y soul. Es éste:
El pasivo y tímido protagonista se acerca a ella consolándola, diciendo que ella es buena persona, que la respeta. Que no necesita maquillaje ni fingir con él. Está a su lado para comprenderla. Ella se extraña. Nunca un hombre la había tratado amablemente, siempre había seguido sin chistar al hombre que tocara. Pero este perdedor, este fracasado, no la da órdenes: la trata como a una igual. Ambos cambian su tono vocal, de su inicial retraimiento y timidez a una mayor seguridad y contundencia, reflejando que ambos han escapado de su pasividad y de su destino como peleles de los demás para crecer y madurar a través del entendimiento mutuo, pasando a ser dueños y protagonistas activos de sus vidas. Lo que siempre fueron, pero ahora asumiéndolo y reivindicándolo. Y así, Seymour deja de ser su amigo para ser su hombre, como subraya el final de la canción. No ha matado al dragón y ganado a la princesa: la ha conquistado comprendiéndola y madurando emocionalmente junto a ella, complementándose los dos, viniendo ambos de los pozos de la baja autoestima y la falta de perspectivas. A mi me parece algo precioso. Sólo por esta parte habría que ver la película.
A partir de aquí hay un enfrentamiento épico-decadente con la planta que nos lleva al final, con una canción cuyo estribillo es tan grandilocuente como descacharrante: “I´m just a mean green mother form outer space…and I´m bad“.
En el final original la planta vencía, se comía a los protagonistas e iniciaba su conquista del planeta. Parece que las primeras veces que se enseñó al público no gustó mucho (es muy tremenda la escena de cómo acaba Audrey, por ejemplo) y tuvieron que dejar un final más estándar en el cual la planta moría y los protagonistas huían del suburbio y de la floristería para vivir juntos.
El final fue más cómodo para todos, y más tras la historia de superación de las propias frustraciones que es gran parte de la película. Si se hubiera mantenido el final original nos hubiéramos encontrado con una película tremendamente turbadora e incómoda.
En resumen, buenos números musicales, una bonita historia de superación y comprensión en pareja, una fantásticamente bien animada planta carnívora que es complicado que sea más carismática y momentos surrealistas y divertidos. Echadle un ojo si no la habéis visto.
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

2 COMENTARIOS

  1. La veré, me has convencido ! Siempre me han resultado muy entretenidos los musicales y desde Hair, o los Blues Brothers, quedé enganchado a este género, así que espero poder disfrutar también de esta peculiar película 😉

    Un saludo.

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