La vida te hará dudar

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Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Yo no quería, de verdad. Le odio. A ver, entendedme, no le odio de verdad. No como uno odia a alcalde de donde vives por no hacer nada por arreglar la calle donde vives. No como odias a tu jefe, que es un inútil que se cree la última coca-cola en el desierto. No como odias, en general, a todas las compañías que llaman a tu casa a horas rarísimas para venderte sus muy sospechosos productos. No, no. Pero yo a Brian Michael Bendis sí le odio. Un odio menor. Pero odio.

Y mira que le he leído cómics. Muchísimos. En muchos personajes y grupos diferentes. Su éxito progresivo en el siglo XXI en Marvel ha ido acompañado de ir pasando por más y más cómics. Su forma de contar las cosas, necesitando 6 números para contar cosas que pueden contarse perfectamente en uno solo, se me hace cansadísima. Cuando lleva un supergrupo es incapaz de crear relaciones entre los personajes más allá de frases lapidarias y molonas. Era fácil pasar páginas sin que pasara literalmente nada. Ni profundidad de relaciones ni nada. Era pura paja. Agotador.

Este señor es el gran culpable de que los comics de hoy en dia se puedan leer en menos tiempo de lo que se tarda en hacer de vientre

Sin saber todavía cómo me puse a leer una de las obras con las que siempre ha salido con buena prensa. Es decir, su versión de Spider-Man desde cero junto a Mark Bagley. Ultimate Spider-Man. Yo había leído algo en su momento, cuando salió, pero de aquella manera, como por encima y más bien poco. Y, años después de que saliera y de tener un odio firmemente construído, resulta que todo se me viene abajo. Estaba disfrutando con el cómic. No sólo pasando el rato, no. Disfrutando. Era el mismo autor, claro, pero las cosas irritantes no aparecían tanto ni tan intensamente. Estaba muy contenido. Aunque retomara ideas de siempre para gente que nunca había leído Spider-Man el giro que solía darles muchas veces le sentaba bien al bueno de Peter Parker. Mark Bagley nunca me había matado como dibujante, pero tampoco es de los dibujantes que odiara o me diera igual: siempre he creído que era un currante aceptable para cómics de superhéroes. Al final me estoy comprando los recopilatorios de Panini y alegrándome cada vez que sale uno.

Es un fastidio. Que va a ser de nuestro mundo si no podemos odiar siempre a la misma gente por las mismas razones. Que va a ser de nuestro mundo sin querer siempre a los mismos y por lo mismo. Yo lo llevo mal. Debe ser que se me da mal odiar mucho a los mismos todo el rato. Me pasa en tantas otras cosas. En política ni os cuento. Que, como todos, tengo mis manías y prejuicios ahí, claro. Pero la raíz de los problemas va variando por épocas. No tengo claro que sea algo que yo decida muy conscientemente. Creo que simplemente pasa. Luego viene el momento de buscar sentido a las cosas tras sentirlas, que suele ser lo normal. Nos pasan cosas y luego buscamos su sentido. A veces incluso escribimos sobre ello. Es mucho más tranquilizador, ya lo digo, no sentir rechinar algo mentalmente cuando alguien a quien odias hace algo que te encanta. O al revés, darte cuenta del inmenso mojón que ha hecho alguien al que amas.

Y aquí volvemos a otra guerra. Watchmen. Que Damon Lindelof estaba detrás de la serie de televisión de Watchmen. Ni más ni menos que él. Es decir, una de las mentes pensantes de Lost. La serie estafa por excelencia. El modo de hacer cosas en el que se van soltando subargumentos casi al azar sin pensar en cómo seguirlos o terminarlos esperando que sea el espectador el que lo haga, el que defienda la inconsistencia argumental o el que encuentre el sentido. A partir de ahí hemos tenido no sabemos cuantas series con la misma aspiración y formas de hacer, terminando con las ya clásicas polémicas de «qué mal el final de la serie«. Y no, no suele ser un mal final: suele ser una mala serie desde el inicio a la que, simplemente, se ha dado cuartelillo por habernos acostumbrado al modus operandi de Lost y Damon Lindelof. Ya ni comentaré lo que perpetró con Alien.

En fin, que Damon Lindelof es uno de mis personajes del artisteo menos favoritos. Pedro estaba haciendo unos post dignos de un santo varón sobre la serie en esta sacrosanta página y nos decía que no fuéramos burros. Que la viéramos. Que estaba bien. Que de verdad. Que no seamos pesados. A mi meterme a escribir en este página me cuesta los dineros y el tiempo: al final si me dicen que algo está bien me lo compro, lo juego o me lo veo. Así que, poco confiante para qué engañarnos, me puse a ver la serie. Temiendome lo peor. Y no. Estaba bien. Incluso muy bien. Joder, que estaba bien, tú. Muy bien.

Hay poco que decir más de lo que ha dicho Pedro en sus posts sobre la serie. Sólo decir que la serie no es un remake, no es un refrito nostálgico y no es una cosa absurda aprovechando el tirón mítico del cómic. La historia trata de cosas que pasan muchos años después de los hechos del cómic, y cambian las formas de pensar y de actuar de varios personajes clásicos. Parten de un punto más o menos ingenuo políticamente (parece que se ha llegado a una utopía progresista acabando con casi todos los conflictos) pero al acabar la serie queda claro que los autores de la serie han entendido una de las muchas claves del cómic: nada acaba nunca. No sólo se lo han leído o han sacado estética o temas, como hizo Zack Snyder intentando pasar casi viñeta a viñeta a la pantalla. Lindelof ha entendido qué transmitieron Alan Moore y Dave Gibbons desde los años ochenta. Y ha interpretado desde el siglo XXI algunos de esos temas, con el lenguaje de la televisión y los recursos de la televisión, que tienen poco que ver con las de las viñetas y los cómics. En el proceso ha conservado mucho de lo bueno del cómic. Incluso ha mantenido paralelismos estructurales con la historia original, transmitiendo bien varias de las ideas del cómic: nada acaba nunca, las historias son cíclicas, el tiempo no es lineal sino una dimensión que incluye todo lo que pasa a la vez.

Todos estos pensamientos sobre cosas del presente nos llevan de nuevo al pasado. Jack Kirby presentaba en su inolvidable El Cuarto Mundo a un propagandista del dictador superpoderoso Darkseid, el demagogo Glorious Godfrey. Con la fe del fanático intentaba convencer a las masas para que abandonasen voluntariamente su pensamiento propio, su individualidad, su dignidad como individuos. Todo para dejar de dudar, de sentir angustia e incertidumbre ante las muchas cosas que no cuadran con los propios sentimientos o pensamientos. Tal cual, muchos convencidos llevan las consignas clave en pancartas para convencer a la gente de apoyar la dictadura definitiva: «La Vida te hará dudar. ¡La Anti-vida de hará estar en lo cierto!”. La Anti-vida es la formula buscada por el poderosísimo dictador Darkseid que le llevaría a  conseguir controlar las mentes de todos los seres del universo, anular todo caos e incertidumbre derivados de que cada persona tenga pensamientos propios. La pendiente resbaladiza hacia la dictadura perfecta es, siempre, el miedo. El miedo a la incertidumbre, a la abrumadora variabilidad de formas de pensar, sentir y hacer. A la vida. La vida, y ahí el propagandista del tirano acierta, te hará dudar. Te hará dudar de que los autores que has odiado durante tantos años hagan todo bien. Te hará dudar de la maldad intrínseca de las personas que de joven considerabas malvadas. Te hará dudar de la pureza de tus ídolos de juventud y de lo que pensabas cuando tenías 20 años menos. Te hará dudar de que los cantantes que les gustan a los jovenes de hoy sean mucho más idiotas que los cantantes que te gustaban a ti siendo joven.

Es imposible entender toda la complejidad del mundo, da igual como seas de listo o lo que hayas leído. Hay que vivir con la incertidumbre. Con el desconocimiento del 99% de las cosas que suceden en el universo, muchas de ellas decisivas para la supervivencia y felicidad de tus seres más queridos y la tuya. Convivir con el miedo ante lo terrorífico que es entender lo que implica lo anterior. Con el mundo que se empeña en tirarte a la cara constantemente que no tenías ni idea, que tus odios tienden a ser ridículos y que tus adoraciones exaltadas también. Lo tentador es entregarte a la tranquilidad temporal del mundo inalterable exactamente en el sentido que te hace sentir más cómodo sin tener que replantearte nada nunca. Vives pero en el fondo estás muerto. La Anti-vida te hará estar en lo cierto. Y es que la vida…te hará dudar.

Sed felices.



el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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