“Las estrellas, mi destino”, de Alfred Bester: el Conde de Montecristo de la ciencia-ficción

5

Tras pasar por muchas horas de ciencia-ficción, uno puede ver ciertos patrones comunes. Hay uno de ellos que se da mucho: un elegido superdotado (y muchas veces marginado) destinado a acabar con el Imperio Malvado, sea este alienígena, humano o robótico. Cuando todo parece perdido y el héroe está a punto de fracasar, se saca de la manga una última técnica secreta/las últimas fuerzas que le quedaban y salva al universo, al mundo o demás.

Es la fantasía adolescente por excelencia, que se perpetúa muchas veces en la madurez: puede que seas un ser gris más de la masa, uno más entre millones de personas normales y corrientes, puede que estés jodido existencialmente (¿porqué nadie me comprende? ¿porqué los demás son tan tontos y yo tan listo y no hay una fila de gente queriendo ofrecerme noches de sexo salvaje y gratis?). Puede ser. Pero la fantasía apelará a toda esa frustración, a ese querer distinguirse de la masa. A ese “soy la hostia, pero nadie se da cuenta”. Muchas obras de ciencia-ficción están ahí, ni más ni menos.
Como en todo hay excepciones. De una de ellas vamos a hablar aquí. Vamos a hablar de “Las estrellas, mi destino” de Alfred Bester.
El protagonista, siendo marginal, no es simpático ni entrañable. Es un bruto y tosco ser gris abandonado a su suerte por una nave espacial. Ante esto el protagonista busca únicamente venganza sobre esa nave. Sobrevivirá, hará las barbaridades que toquen para sobrevivir y poder vengarse. No hay ningún afán libertario ni noble en las motivaciones del protagonista, no hay nada elevado en él. Quiere vengarse. Para ello usará todo medio que tenga, intentará acumular riqueza y posición o se meterá hasta el fango donde tenga que meterse o se llevará por delante lo que tenga que llevarse. Como se ha dicho mucho sobre el libro, es El Conde de Montecristo escrito en clave de ciencia-ficción, con naves espaciales y teletransportes (aquí llamados “jaunteos”) de fondo.
Alfred Bester empezó con un ser gris, miserable, feo, antipático y movido por el odio hacia una única nave espacial, alguien con todos los mimbres para odiar a la humanidad. Continuó con lucha, no siempre muy brillante ni inteligente, por vengarse. Y, en el transcurso de esa a veces torpe a veces inteligente lucha, llegamos al punto de encontrarnos una monstruosidad humana muy superior a la del protagonista, en el sitio menos esperado. Alfred Bester consigue, tras hacer llegar al lector la energía y motivación más allá de lo normal que puede dar el puro odio, llevarnos al punto de respetar a la comunidad de personas, a la sociedad como conjunto, a ofrecerle otra oportunidad por parte de los individuos asqueados con ella. Se separa así del sueño onanista de tantas obras de ciencia-ficción con su héroe marginado que termina salvando al mundo, derrotando al malo y llevándose a la chica.
Aquí no hay otro ejercicio de sueño adolescente, aquí hay un ejercicio de cómo volver a reconciliarse con el entorno de uno mismo, a pesar de ser uno parte de la enorme masa de gente gris que nunca destacará en nada. Porque al final de eso trata el patrón del que hablamos: de creer que los demás están de atrezzo y que nosotros no destacamos por envidias u odios inconfesables. Que los demás, en el fondo, son chusma ignorante mientras nosotros somos tigres. El hastío existencial en un ambiente de abundancia que se traduce en pura egolatría y clasismo:

Fue una edad de oro, una época de grandes aventuras, de vidas frenéticas y muertes violentas…, pero nadie lo creía. Fue un futuro de fortuna y latrocinio, de pillaje y saqueo, de vicio y cultura…, pero nadie lo reconocía. Fue una época de extremos, un fascinante siglo de rarezas…, pero a nadie le gustaba.

“Las estrellas, mi destino” es el abandono de una moral claramente clasista de tantas obras del género, en la que unos están destinados a la gloria y el resto no. También el abrazo a una mentalidad en la que es la gente llana, vulgar y corriente la que tiene que decidir sobre su propio destino, sin tutelas ni paternalismos por parte de ningún “destinado a mandar” ni ningún “tigre”. Aquí no hay gloria individual pública y mediática delante de las masas inferiores: el acto heróico, como debería ser, lleva el sacrificio dentro de sí y lleva a la implicación de todo el mundo, no sólo el de un individuo. Es un regalo a la gente, por sucia, estúpida o incompetente que sea. Es un acto de auténtico Amor al ser humano. 


el autor

Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

5 comentarios

  1. Muy buen artículo Raul. Las obras que surcan sus propios caminos sin pisar los ajenos, son las mejores. La edición de bolsillo por 7,12 euros descarta cualquier lectura en pantalla. Al menos en mi opinión, para le mejor novela de ciencia ficción que se ha escrito.

    • Ostras, ¿tan buena es?. NO LA HE LEIDO. Es que me lio con este título. Lo conocía como Tigre, tigre y pasé de leerlo. Tengo una versión digital del año de la polca con este título, tigre, tigre. Estoy acabando de leer La paz interminable. Cuando lo acabe me tocará leer este libro gracias a la recomendación de Raúl y Sergio

  2. Ya me leí el libro y me gustó mucho. El tio NO es ni antihéroe. Sólo quiere su venganza y punto. Me parece un buen libro aunque el final es anticlimático es recomendable.

    Espero más post tuyos sobre libros. Muy interesante.

    Un saludo

  3. Por fin puedo leer este artículo. Y me ha gustado mucho Raúl enhorabuena. Tiene muy buena punta. Como narración de la novela; cómo la considerarias?
    Un saludo

Deja tu comentario

Recomendado en Las Cosas felices
¡Bueno bueno bueno! ¡Hola a todos! Ha sido ver el cuarto trailer de la cuarta temporada de Juegos de tronos que me he vuelto loca.…